Pasó más de diez años viviendo con lobos y su historia fue tan extraordinaria que inspiró esta película del cine español

Cuando Gerardo Olivares puso en marcha Entrelobos (2010), sabía que era imprescindible mostrar a estos animales de una manera auténtica. El cineasta contó con cinco lobos ibéricos criados en cautividad pero sin amaestrar por Pepe España, biólogo conservador del Centro de Naturaleza Cañada Real. Lo que ni España ni Olivares podían imaginar era que iban a poder ver la conexión entre humano y animal, fundamental en la trama de la película, de la forma en la que hicieron durante el rodaje.

“Marcos empezó a aullar y llegó una loba en actitud sumisa que empezó a gemir, a lamerle la cara... Todos los lobos se pusieron a aullar con él”, explicó el director en una entrevista para RTVE. Olivares hablaba de Marcos Rodríguez Pantoja, el hombre real cuya historia utilizó el cineasta cordobés como inspiración para poner en pie su largometraje. Todo lo que Marcos había contado a lo largo de su vida se terminó de confirmar después de aquella interacción con los animales.

¿Quién es Marcos Rodríguez?

Entrelobos es un largometraje de ficción basado en la historia de Marcos Rodríguez Pantoja, quien nació en Añora, provincia de Córdoba, en 1946, y cuya infancia estuvo marcada por el abandono. Con solo tres años, su madre falleció y, poco después, su padre contrajo un nuevo matrimonio. La que pasó a ser su madrastra lo maltrataba y, cuando cumplió siete años, su padre lo vendió a un pastor de cabras

El cabrero se lo llevó a Sierra Morena, un lugar agreste ubicado en el sur de España, para que lo ayudara a cuidar su rebaño. Sin embargo, al poco tiempo el pastor murió y Marcos se quedó solo en el monte. El niño logró sobrevivir doce años, tiempo en el que nunca pensó en regresar a la sociedad. En 1965, cuando ya tenía 19 años, la Guardia Civil lo encontró y se lo llevó por la fuerza a Fuencaliente, un pequeño pueblo de Ciudad Real.

¿Cómo logró sobrevivir?

El chico estuvo doce años viviendo solo en el monte, acompañado únicamente de animales. Estos jugaron un papel fundamental en su supervivencia ya que, como él mismo contó después, un grupo de lobos se convirtió en su familia adoptiva. Con el tiempo aprendió a comunicarse con ellos a través de aullidos, a cazar y a alimentarse como si fuera uno más de la manada.

“Un día me metí en una lobera a jugar con unos cachorritos que vivían allí y me quedé dormido. Cuando desperté, la loba estaba cortando carne de ciervo para los cachorros. (...) Cuando terminó de alimentarlos, me miró y me tiró un trozo de carne. (...) Pensé que me iba a morder, pero sacó la lengua y me empezó a lamer. Después de eso, ya era uno más de la familia. Íbamos a todos lados juntos”, explicó en 2010 en una entrevista para la BBC.

Cuando lo “cazaron”, Marcos fue devuelto a la civilización y tuvo que aprender a volver a vivir en sociedad. Le enseñaron a hablar, vestirse, comer con cubiertos y caminar erguido de nuevo. “Solo quería escaparme al monte”, confesó. Esta historia tan extraordinaria llegó a manos de Olivares en 2007, cuando empezó a barajar la idea de hacer una película al respecto. El director hizo realidad su sueño en Entrelobos y, en el momento en el que Marcos participó en el rodaje de una escena final, pudo comprobar que la conexión entre aquel hombre y los lobos era real.