El pequeño pueblo granadino conocido por el cultivo de la única chirimoya de origen protegido de toda Europa

Situado en el Valle del Río Verde, en la provincia de Granada, el pequeño municipio de Jete es conocido por su tesoro agrícola, prácticamente único en el continente europeo. Y es que la localidad, situada estratégicamente al sur de la Sierra de Almijara, destaca mundialmente por su producto estrella: la chirimoya con origen protegido. Se trata del único fruto de esta especie que goza de tal reconocimiento de calidad en toda Europa, convirtiendo a la región en todo un referente. Los campos pintan un paisaje verde intenso donde los árboles de Annona cherimola Mill encuentran su hábitat ideal para prosperar con gran fuerza.

La historia de Jete está ligada a este cultivo, que ha definido su economía y su identidad cultural. Se trata de un municipio que ha logrado conservar su estructura tradicional sin grandes impactos de construcciones modernas, ofreciendo tranquilidad y un silencio muy especial. El origen de este asentamiento se remonta a la época andalusí, siendo citado en el siglo XII por geógrafos árabes como una próspera alquería. Denominaciones como Set, Xet o Yeth, que significan orilla o ribera, daban pistas sobre su ubicación privilegiada junto al cauce del río que lo divide. Este pueblo morisco fue ocupado a partir del año 1573 por repobladores cristianos de diversas procedencias geográficas españolas. Curiosamente, parte del núcleo original permanece enterrado bajo una gruesa capa de limo depositada por las avenidas del Río Verde a través del tiempo.

De ese pasado milenario solo emergen hoy los muros de la iglesia vieja y el cementerio árabe, como testigos mudos de una historia milenaria. La estructura del municipio refleja cómo avanzan los tiempos, incorporando recursos actuales pero manteniendo siempre su fisonomía blanca de pueblo típico andaluz.

Aunque la chirimoya es originaria de los Andes en Perú y Ecuador, su presencia en las costas granadinas se remonta a hace cuatro siglos. Se dice que navegantes españoles la introdujeron tras descubrirla en el Nuevo Mundo, donde la denominaron originalmente como un manjar blanco exquisito. No obstante, el cultivo organizado en Jete comenzó hacia los años cuarenta del siglo XX, seleccionándose localmente la variedad denominada Fino de Jete. Este cultivar destaca por su autofertilidad, rusticidad y una alta productividad que lo convierte en la opción favorita de todos los agricultores regionales. Existen documentos antiguos que mencionan un paraje específico llamado El Chirimoyo, el cual albergaba la plantación más antigua de toda la zona.

La variedad actual representa casi el 100% de la superficie de cultivo en la Costa Tropical, siendo la más representativa mundialmente. El reconocimiento legal a esta excelencia agrícola llegó en 2002 con la creación de la Denominación de Origen Protegida. Posteriormente, en el año 2010, la Unión Europea inscribió este producto en su registro comunitario, otorgándole una protección jurídica única. Bajo el nombre oficial de Chirimoya de la Costa Tropical de Granada-Málaga, esta certificación garantiza la calidad y autenticidad de cada fruto. España se ha consolidado gracias a Jete como el mayor productor mundial, superando en volumen a los países andinos de donde procede. La zona amparada incluye municipios granadinos como Motril, Salobreña o Almuñécar, además de algunas localidades de la vecina provincia de Málaga actualmente.

Este hito sitúa al pueblo en el epicentro de una industria que produce entre cuarenta y cinco mil y cincuenta mil toneladas anuales. La chirimoya producida en Jete se distingue por su piel verde clara y lisa, con pequeñas depresiones en forma de escamas muy características. Al abrir el fruto, su pulpa blanca y cremosa desprende un aroma delicado que anticipa un sabor dulce con matices de piña o mango. Nutricionalmente es considerada una superfruta por su alto contenido en vitamina C, fibra y minerales, superando incluso al plátano en estos aportes. Posee una particularidad importante: sus azúcares son de absorción lenta, lo que permite que sea tolerada por personas diabéticas según diversos estudios.

Además, es la fruta con mayor porcentaje de proteína que existe, siendo ideal para reponer energía de manera rápida y muy saludable. Su nombre procede del idioma quechua y significa semilla fría, haciendo honor a la frescura que ofrece al paladar en cada bocado. El éxito del cultivo en Jete es el resultado de un microclima subtropical único en Europa, protegido por las barreras naturales de las montañas. La Sierra de Almijara actúa como defensa contra los vientos fríos, mientras el mar ejerce un efecto termostato que regula las temperaturas. Esto permite que las mínimas anuales no suelan bajar de los once grados, proporcionando el calor necesario para que los árboles crezcan sanos.

La región dispone de inviernos muy cálidos y veranos suaves, condiciones ideales para especies exóticas que no prosperarían en otras latitudes del continente. El suministro continuo de agua del Río Verde y la calidad de los suelos bien drenados completan el escenario perfecto para esta agricultura. Esta combinación de factores geográficos y meteorológicos es lo que otorga a la chirimoya local su sabor y textura sin competencia exterior.

Promoción y consumo

La cultura de Jete está impregnada por este fruto, celebrándose eventos que buscan potenciar tanto su consumo tradicional como su aplicación en cocina. Un ejemplo destacado es la Feria de la Chirimoya Fino de Jete, donde se celebran concursos de recetas con profesionales de la restauración. En estas jornadas se presentan delicias como el ajoblanco de chirimoya o mousses refinadas que resaltan el delicado sabor y aroma del fruto. El Consejo Regulador trabaja para que este manjar tenga visibilidad en la alta cocina nacional, emulando la pujante gastronomía que existe en Perú. Las fiestas patronales en honor a la Virgen de Bodíjar en enero también coinciden con la época de cosecha, uniendo la devoción con la tierra.

En definitiva, Jete sigue siendo ese rincón sereno donde el tiempo transcurre lento entre bancales de frutales, pero con una clara proyección hacia la modernidad. La protección de la Denominación de Origen asegura que el esfuerzo de los productores continúe siendo el principal motor económico de un pueblo en el que destacan el blanco de sus casitas y el verde de sus internacionalmente conocidas chirimoyas.