La noche del 5 de enero en Vila-seca no es una cabalgata convencional, sino una manifestación cultural que hunde sus raíces en la primera mitad del siglo XX. Aunque existen indicios de que la tradición podría datar del siglo XIX, fue tras la Guerra Civil cuando un grupo de vecinos decidió formalizarla para devolver la ilusión a los niños de este municipio de la provincia de Tarragona. Pero desde aquel entonces, la celebración ha evolucionado manteniendo sus dos curiosos pilares fundamentales: la entrega de regalos se hace a caballo y usando cuerdas desde los balcones de las diferentes casas de la localidad. El origen de este formato popular se sitúa específicamente en 1942, año en que los Reyes Magos comenzaron a repartir juguetes casa por casa.
Los primeros protagonistas de esta historia fueron Ramon Farriol como el Rey Baltasar, Esteve Graset como el Rey Melchor y Joan Morell como el Rey Gaspar. Aquellos pioneros llegaban a caballo por el Camino de Reus, vistiendo ropajes improvisados que en ocasiones procedían del vestuario utilizado para las representaciones locales de “Els Pastorets”. La presencia de los caballos es un elemento indispensable que desde aquellos orígenes dota de solemnidad y cercanía al acto. A lo largo de las décadas, se han utilizado equinos de particulares incluso de la Guardia Civil en años de escasez. Actualmente, tanto los reyes como sus pajes realizan prácticas de equitación previas para asegurar que durante el gran día de hoy todo transcurra con seguridad mientras recorren las calles del municipio a lomos de estos animales.
Junto a los caballos, la singularidad más apreciada por los ciudadanos de Vila-seca es el acto de recibir los regalos mediante una cuerda que se descuelga desde los balcones. Esta práctica, conocida localmente como “estirar la cuerda”, se originó debido al escaso alumbrado público de la época, lo que obligaba a los niños a señalizar sus hogares y facilitar el ascenso de los paquetes. Hoy en día, la expresión “estirar la cuerda” se ha convertido en un sinónimo absoluto de recibir los regalos de los Reyes Magos en la localidad. Por ello y para que los Magos de Oriente no se pierdan en su misión, los balcones se engalanan con luces y, más recientemente, se ha impulsado el uso de los tradicionales “fanalets” o farolillos.
Los mencionados puntos de luz sirven de guía para la comitiva real mientras avanza por el entramado urbano, creando una atmósfera mágica que envuelve tanto el casco antiguo como los barrios más nuevos de la población. Es una coreografía de luces y sombras que precede al momento mágico de la Navidad en el que los paquetes comienzan a subir hacia las viviendas. Detrás de este despliegue se encuentra el trabajo incansable de la Associació de Reis de Vila-seca y un nutrido grupo de voluntarios. Lo que comenzó como una iniciativa de jóvenes se ha transformado en una organización que coordina a más de sesenta colaboradores, incluyendo mensajeros, pajes, carboneros y responsables de logística. Estos voluntarios no solo participan en la noche mágica, sino que preparan los remolques y el vestuario con meses de antelación.
El evento comienza formalmente en la plaza de Joan Kies Hellmont, desde donde la comitiva inicia un itinerario que recorre avenidas principales como la de Ramon d'Olzina. El itinerario ha variado con los años para adaptarse al crecimiento del municipio, pero mantiene puntos neurálgicos como la calle Major y el hospital. Durante el trayecto, los niños pueden ver de cerca a Sus Majestades antes de que estos se dirijan al centro neurálgico de la ceremonia actual: El Castell de Vila-seca. Una vez en el castillo, los Reyes Magos realizan la adoración del Niño Jesús. Tras este momento solemne, la fachada del edificio histórico se convierte en una gran pantalla para un espectáculo de mapping con luz y sonido. Esta proyección suele estar protagonizada por Tonet y la Pineda, personajes tradicionales de la cultura local, y sirve de preludio al discurso oficial de los Reyes Magos desde el balcón del recinto.
1.700 paquetes
En este balcón, las autoridades municipales reciben formalmente a los ilustres visitantes. Es un momento clave en el que se les hace entrega de la llave de la ciudad, permitiéndoles simbólicamente entrar en todos los hogares para dejar sus presentes. Antiguamente, los discursos reales se hacían en idiomas inventados que el cura local traducía de forma improvisada, añadiendo una nota de curiosidad histórica a la recepción oficial. La logística del reparto, eso sí, ha crecido de forma exponencial, pasando de los 370 paquetes registrados en 1992 a los más de 1.700 que se entregan en la actualidad. Para gestionar tal volumen, en 2007 se organizaron tres itinerarios simultáneos que permiten cubrir eficazmente zonas como el barrio del Colomí, la Formiga, Miramar y las Illes.
Este esfuerzo coordinado asegura que la entrega personal casa por casa no se extienda mucho más allá de la medianoche. La identidad de la fiesta también se refleja en su vestuario, que ha sido renovado periódicamente gracias a manos expertas como las de la modista local Rosita Clavé. Desde 2015, se han confeccionado nuevos trajes para la comparsa de los caballos del carbón, los pajes y los propios reyes, manteniendo la elegancia que requiere la ocasión. Es un esfuerzo comunitario donde el ayuntamiento asume el presupuesto mientras los vecinos aportan su talento y su tiempo desinteresado. Hoy en día, además, la tradición de Vila-seca se abre al mundo a través de la tecnología, permitiendo que la llegada de los Reyes Magos se siga por televisión y en pantallas gigantes en zonas contiguas a Vila-seca.
Pero, tecnologías aparte, la esencia de esta manera de desfilar por las calles de Vila-seca y entregar los regalos a los más pequeños de cada casa permanece inalterada gracias al gesto sencillo de tirar con fuerza e ilusión de una cuerda desde un balcón iluminado. Un pequeño esfuerzo físico que queda más que recompensado, una tradición que además une generaciones y que sigue vigente desde hace más de ochenta años.