Cuando el régimen de Franco intentó censurar a los Beatles: así fue su histórica visita a España

Con la producción de las nuevas películas sobre los Beatles acaparando noticias, el interés por la mítica banda de rock inglesa sigue subiendo como la espuma. Los largometrajes, dirigidos por Sam Mendes y que contarán con la participación de Paul Mescal en el papel de Paul McCartney, no llegarán a cines hasta 2028, pero siempre es buen momento para escuchar sus canciones y recordar algunas de sus historias. Como cuando los cuatro de Liverpool desembarcaron en la España franquista para dar dos conciertos.

Fue en julio de 1965 cuando se dio esta visita, la primera y última de John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr juntos en Madrid y Barcelona. No fue una visita cualquiera si tenemos en cuenta el contexto histórico, político y social del país entonces, cuyos ciudadanos todavía vivían bajo la dictadura del régimen franquista

Desde mediados de los años 60, Franco y los suyos se preocuparon de proyectar una imagen de modernidad más allá de las fronteras. Se dice que Camilo Alonso Vega, entonces ministro de la Gobernación, no quería que los Beatles aterrizaran en territorio patrio y, mucho menos, que aquellos “melunudos”, como los llamaban los más conservadores, cantaran en directo sus canciones. 

Este, monárquico de corazón, cedió cuando uno de los militares del ejército le comentó que Isabel II les iba a otorgar el título de Miembros de la Orden del Imperio Británico. Así lo hizo la reina en octubre del 65, apenas unos meses después de que Lennon y compañía trajeran su rock inglés hasta las dos grandes ciudades españolas. 

Los conciertos

Los dos espectáculos en directo se realizaron en Plazas de Toros: el 2 de julio en Las Ventas de Madrid y el 3 en la Monumental de Barcelona. El repertorio fue el mismo que en toda la gira europea, un total de 12 canciones entre las que se incluían temas como Twist and Shout, She's a Woman, I'm a Loser, Can't Buy Me Love, I Wanna Be Your Man y A Hard Day's Night.

La experiencia en ambos shows fue muy diferente. En Madrid, el recinto estaba a mitad de aforo. Entre los precios de las entradas (entre 75 y 450 pesetas) y las cargas policiales para evitar que cualquier persona con “malas pintas” pudiera acceder a la plaza, mucho público fan de la banda se quedó fuera. En Barcelona, la situación cambió un poco y hubo muchos más asistentes, aunque no todos fueron seguidores.

Así lo recordaba el propio McCartney: “Todo nuestro público estaba fuera, no podían permitirse entrar, mientras que el alcalde, los concejales y todos los toreros de la ciudad, la alta sociedad, estaban todos dentro. Solo pudimos encontrarnos con nuestro público en el túnel por donde pasó el autobús para llegar al recinto”. 

Los Beatles se convirtieron así en una forma más de intentar mostrar una imagen moderna de España al extranjero, aunque el NO-DO se preocupó de vender aquellos conciertos como un auténtico fracaso. “Junto al bullidor elemento joven, hay señores con barba y muchachas nerviosas, de las llamadas fans (...). Los Beatles pasaron por Madrid sin demasiada pena ni demasiada gloria”, llegó a decir el noticiero.