El robo del siglo podría convertirse en un musical de la mano del autor de 'El fantasma de la ópera' y 'Cats'
“Soy un alcohólico en recuperación. Hace dieciséis meses decidí que necesitaba ayuda y es lo mejor que me ha pasado en la vida”. Son las últimas declaraciones de Andrew Lloyd Webber que han dado la vuelta al mundo. El compositor, creador de algunos de los musicales más emblemáticos de todos los tiempos, ha confesado recientemente a The Times sus problemas con el alcohol.
El autor de las adaptaciones musicales de El fantasma de la ópera, Cats, Evita y Jesucristo Superstar ha compartido con el periódico del Reino Unido que está en proceso de recuperación, asistiendo a reuniones diarias con Alcohólicos Anónimos en las que, según explicó, ha hecho “amigos que nunca hubiera creído posibles”.
Este proceso de rehabilitación ha coincidido con uno de los momentos más productivos de toda su carrera. Su nuevo espectáculo, Cats: The Jellicle Ball, un homenaje a la escena drag de los años 80, se estrenó el pasado 7 de abril en Broadway, y ha recibido grandes elogios por parte de la crítica. Además, el británico está escribiendo dos nuevos espectáculos musicales.
Uno de ellos se titulará El Ilusionista y estará basado en la película homónima de 2006, un drama de misterio y romance ambientado en la Viena de principios del siglo XX dirigido por Neil Burger. El otro, cuya idea le llegó estando en rehabilitación, desarrollará la historia real de uno de los grandes robos de la historia: el de la Mona Lisa en el Museo del Louvre de París en 1911.
“Creo que será diferente a todo lo que he hecho en mucho tiempo, más como Joseph and the Amazing Technicolor Dreamcoat, 70 u 80 minutos, bastante divertida”, compartió el compositor con The Times. En otra entrevista reciente, Webber explicó que no podía dar muchos más datos sobre la obra “por la sencilla razón de que me voy la semana que viene a escribirla”.
La desaparición de la Mona Lisa
Todo ocurrió el 21 de agosto de 1911, cuando Vincenzo Peruggia, un antiguo empleado del museo parisino, se llevó el cuadro la Mona Lisa de Leonardo da Vinci. El ladrón guardó la pintura bajo su abrigo y abandonó el edificio como si nada. Nadie se dio cuenta de que Peruggia había salido del Louvre con aquella obra del pintor italiano que, en aquel momento, es cierto que no tenía el reconocimiento que tiene ahora.
De hecho, fue esta desaparición la que convirtió el retrato en el cuadro más famoso del planeta y marcó un antes y un después en la percepción pública del museo. Las autoridades llegaron a interrogar al ladrón porque este había trabajado en el Louvre, pero al principio no despertó ninguna sospecha. Dos años después del robo, Vincenzo fue finalmente detenido en Florencia cuando intentaba vender la obra.