El T-Rex no pisaba plano, corría sobre los dedos y esa forma de moverse disparaba su capacidad para alcanzar grandes velocidades

Héctor Farrés

8 de marzo de 2026 15:44 h

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Las patas enormes avanzaban primero con cuidado y luego con un ritmo cada vez más rápido mientras el terreno lleno de raíces obligaba a zigzaguear entre troncos caídos. El Tyrannosaurus rex comenzó así la persecución con un movimiento contenido que pronto se transformó en una carrera.

El animal aceleró en pocos segundos mientras la presa cambiaba de dirección y trataba de ganar terreno sobre raíces y suelo irregular. Ese contraste entre un inicio contenido y un avance cada vez más veloz explica por qué la forma real de caminar de este depredador se ha convertido en una pregunta esencial para los investigadores que estudian su locomoción.

Un análisis con huesos bien conservados permitió reconstruir cómo apoyaba el pie el animal

Un estudio publicado en la revista Royal Society Open Science examinó precisamente cómo apoyaba el pie Tyrannosaurus rex cuando se desplazaba. El trabajo analizó varios ejemplares bien conservados y concluyó que el dinosaurio cargaba el peso sobre los dedos en lugar de apoyar todo el pie.

Esa forma de pisada modifica el cálculo de velocidad y también la forma en que el cuerpo absorbe el impacto del movimiento. La investigación ofrece un marco nuevo para estimar cómo corría el mayor depredador terrestre de su tiempo.

El equipo dirigido por Adrian Tussel Boeye en el College of the Atlantic en Maine partió de un problema simple pero difícil de resolver con fósiles. Los investigadores midieron con precisión huesos de la pierna y del pie en cuatro ejemplares distintos. Esos valores se introdujeron en tres ecuaciones biomecánicas utilizadas para calcular la velocidad de animales bípedos.

A partir de esos datos se simularon tres formas posibles de pisada. Una opción suponía que el talón tocaba primero el suelo, otra situaba el apoyo en la parte media del pie y la última colocaba el primer contacto en los dedos.

Los resultados cambiaron la imagen clásica del dinosaurio. El modelo en el que el pie tocaba el suelo con los dedos permitió que el animal realizara más pasos en el mismo intervalo de tiempo. Ese patrón aumentó la velocidad estimada alrededor de un 20% frente a los cálculos basados en una pisada plana.

Según los cálculos del estudio, el Tyrannosaurus rex podía alcanzar entre 5 y 11 metros por segundo. Incluso ejemplares de gran tamaño podían desplazarse con rapidez. Un individuo de unas 6,5 toneladas podría recorrer 100 metros en poco más de diez segundos, prácticamente como Usain Bolt, según el modelo biomecánico utilizado.

Las marcas fosilizadas del suelo confirman que el peso recaía sobre los dedos

Las huellas fósiles aportaron otra pista decisiva. Los investigadores revisaron rastros atribuidos a tiranosáuridos y observaron un patrón repetido en la profundidad de las impresiones. Las marcas más profundas aparecen bajo los dedos y no bajo la parte posterior del pie. Esa distribución indica que el peso del cuerpo se concentraba hacia la parte delantera durante el paso. Algunos rastros conservados en Nuevo México muestran esta característica con claridad, con dedos hundidos en el sedimento mientras la parte trasera del pie apenas deja señal.

El estudio también compara este patrón con animales actuales que caminan sobre dos patas. Los humanos utilizan una pisada con el talón como primer punto de contacto. Las aves terrestres presentan el comportamiento contrario y apoyan la zona delantera del pie. El Tyrannosaurus rex parece encajar mejor en este segundo modelo.

Los autores escribieron en el artículo que “nuestro estudio representa el primer análisis biomecánico cuantitativo del efecto de los patrones de pisada en la marcha de Tyrannosaurus”. En el mismo trabajo añadieron que “el pie de T. rex funcionaba de forma similar al de un ave”.

Los científicos comparan este desplazamiento con el que utilizan hoy muchas aves

La postura del cuerpo también se adapta a ese estilo de movimiento. El dinosaurio habría avanzado con las patas flexionadas y con una sucesión de pasos rápidos que ayudaban a mantener la estabilidad. Ese sistema convertía las extremidades en amortiguadores capaces de gestionar el enorme peso del animal sobre terreno irregular. El resultado era un desplazamiento menos pesado de lo que suele mostrarse en reconstrucciones populares.

Steve Brusatte, paleontólogo de la University of Edinburgh que no participó en el estudio, resumió esa idea al explicar al periódico The New York Times que “este trabajo muestra que incluso el icónico T. rex caminaba de una forma muy parecida a las aves”. En la misma entrevista añadió una comparación gráfica al decir que el animal habría sido “algo así como una gallina de ocho toneladas caminando por el corral”.

Estas conclusiones obligan a revisar muchas representaciones del dinosaurio en museos, documentales y animaciones. La imagen tradicional mostraba pasos pesados con el pie plano golpeando el suelo. Los nuevos modelos describen un desplazamiento más rápido y con apoyo adelantado en los dedos. Ese cambio altera las estimaciones de velocidad, la forma de cazar y también la manera en que el cuerpo del depredador se mantenía estable mientras corría detrás de su presa entre árboles, raíces y terreno irregular.