El vidrio pierde su capacidad ecológica: los tapones metálicos disparan la contaminación por microplásticos
Las botellas de plástico suelen despertar recelo entre quienes buscan consumir con menor impacto ambiental. Esa desconfianza ha crecido en paralelo al interés por materiales que aparentan ser más seguros o sostenibles. Sin embargo, asociar automáticamente el plástico con una mayor presencia de microplásticos no siempre se corresponde con los resultados obtenidos en laboratorio.
La relación entre envase y contaminación por partículas plásticas no depende únicamente del tipo de material utilizado, sino también del proceso de fabricación, sellado y almacenamiento. Bajo ese enfoque, un estudio de la agencia francesa ANSES ha detectado que las bebidas envasadas en botellas de vidrio contenían una cantidad mucho más alta de microplásticos que las de plástico o las latas.
La pintura de los tapones metálicos fue una de las fuentes principales de contaminación
Las pruebas se realizaron en el Laboratorio de Seguridad Alimentaria de ANSES, en Boulogne-sur-Mer, con bebidas comercializadas en Francia. El análisis incluyó refrescos, té frío, cerveza y limonadas envasadas en vidrio, y arrojó una media de 100 partículas por litro.
Esa cifra multiplicaba por cinco —y en algunos casos por cincuenta— la concentración encontrada en otros tipos de envases. Aunque los resultados contradecían las expectativas iniciales del equipo, las coincidencias observadas entre las partículas extraídas y los componentes de los tapones ofrecieron una explicación probable.
Los responsables del estudio comprobaron que buena parte de las micropartículas detectadas en las botellas de vidrio coincidía con la pintura exterior de las tapas. Según explicó la investigadora Iseline Chaib a través de la nota publicada por ANSES, “las partículas detectadas en el vidrio coincidían en forma, color y composición con la pintura de los tapones metálicos usados para sellar las botellas”. En los tapones analizados se identificaron arañazos microscópicos que podrían haberse producido durante la fase de almacenamiento o manipulación previa al embotellado.
Con el objetivo de verificar si esos pequeños daños podían estar en el origen de la contaminación, el equipo replicó las condiciones con diferentes procedimientos de limpieza. En las botellas selladas con tapones sin tratar, la concentración fue de 287 partículas por litro. Al aplicar aire comprimido directamente sobre las tapas, el número se redujo a 106.
Cuando se combinó esa técnica con un lavado de agua filtrada y alcohol, el recuento bajó hasta las 87 partículas. Esa reducción llevó a ANSES a plantear que los fabricantes podrían incorporar procedimientos similares antes del sellado.
El tipo de bebida no explica por sí solo la presencia de contaminantes
Esa posibilidad cobra relevancia ante la falta de referencias claras sobre el impacto de los microplásticos en la salud humana. De momento, los estudios no permiten establecer umbrales seguros ni relacionar directamente esta contaminación con patologías específicas.
Lo que sí se ha confirmado es su presencia en el aire, los alimentos y el interior del cuerpo humano. En ese sentido, el objetivo de la investigación no fue solo comparar envases, sino también comprobar hasta qué punto las condiciones del proceso podían influir en la contaminación detectada.
En el caso de las aguas, tanto naturales como minerales, la diferencia fue notable: 4,5 partículas por litro en botellas de vidrio frente a 1,6 en las de plástico. El vino también mostró cifras bajas, incluso cuando se trataba de botellas con tapón. ANSES señaló que aún no está clara la causa de esas variaciones, pero sí quedó establecido que el tipo de bebida no explicaba por sí solo la presencia de microplásticos.
Al margen del impacto sanitario, el hallazgo cuestiona algunas creencias generalizadas sobre la seguridad del vidrio frente al plástico. Los datos recabados indican que esa ventaja no es automática y que los detalles del proceso, incluidos los materiales que componen las tapas o el modo de almacenamiento, pueden marcar una diferencia mayor que el envase en sí. Ese matiz pone en entredicho la idea de que elegir vidrio es siempre la opción más limpia.