Entre Albacete y Jaén: la villa renacentista para recorrer a pie y famosa por su gazpacho manchego
En el suroeste de la provincia de Albacete, el paisaje cambia a medida que se acerca la sierra y la frontera con Jaén. En esta parte de Castilla-La Mancha, los pueblos se reparten entre valles y zonas de montaña, con edificios de distintas épocas y un entorno que forma parte de la visita. El patrimonio urbano se combina así con espacios abiertos y rutas cercanas que permiten completar la escapada fuera del casco histórico.
Alcaraz es una de esas localidades. Situado en la sierra que lleva su mismo nombre, el municipio conserva un casco antiguo de calles empedradas y edificios construidos en parte con piedra de tonos rojizos. Está declarado Conjunto Histórico-Artístico y reúne muestras de arquitectura de diferentes periodos. Muchos de sus principales puntos de interés están cerca unos de otros, por lo que pueden recorrerse a pie sin necesidad de desplazamientos largos. Además, la cercanía entre varios de estos lugares hace que la visita resulte sencilla.
Pasear por la villa permite ver cómo se han superpuesto distintas etapas de su historia. Hay iglesias, edificios civiles y restos de antiguas construcciones defensivas, pero la visita no termina ahí. La gastronomía vinculada a la sierra, los espacios naturales próximos y un santuario situado fuera del núcleo completan una escapada que puede organizarse con planes diferentes.
La Plaza Mayor y el legado arquitectónico de Alcaraz
La Plaza Mayor concentra algunos de los edificios que mejor reflejan el pasado de Alcaraz. Buena parte de su aspecto actual está relacionado con las obras realizadas durante el siglo XVI, cuando el comercio tenía un peso importante en la actividad de la localidad. Las antiguas zonas destinadas a los intercambios todavía se reconocen en las lonjas y en las galerías porticadas que rodean parte de la plaza. En este mismo espacio se encuentra también el Ayuntamiento.
Dos torres levantadas una junto a la otra marcan buena parte de la imagen de la plaza, aunque pertenecen a edificios con funciones diferentes. Una forma parte de la iglesia de la Santísima Trinidad. La otra es la torre del Tardón, de carácter civil y encargada de albergar el reloj de la población. Su cercanía hace que ambas formen una de las estampas más reconocibles del casco histórico.
La iglesia de la Santísima Trinidad aporta otro estilo al conjunto. Mientras otros edificios de la plaza responden a formas renacentistas, su portada mantiene elementos góticos, entre ellos varias arquivoltas decoradas. Esa combinación permite ver en pocos metros construcciones levantadas o transformadas en momentos distintos de la historia de Alcaraz.
Desde la plaza se puede seguir por la calle Mayor hasta la Puerta de la Aduana. La obra fue realizada por Andrés de Vandelvira, arquitecto nacido en Alcaraz que también dejó su huella en otras localidades de la comarca. Este acceso forma parte del patrimonio renacentista de la villa y amplía el paseo más allá de la Plaza Mayor. En las calles próximas continúan apareciendo casas tradicionales y fachadas de piedra.
En la parte alta se conservan las ruinas del antiguo castillo. La fortaleza, levantada en época islámica, ocupaba una posición desde la que se controlaban las comunicaciones con Andalucía. Ese emplazamiento le dio importancia estratégica durante la Edad Media. Hoy quedan restos en la zona más elevada de Alcaraz, desde donde se pueden contemplar las casas del municipio y la sierra que lo rodea.
Un plato caliente que comparte nombre con el gazpacho andaluz
Entre las recetas tradicionales de Alcaraz está el gazpacho manchego. Su nombre puede generar confusión fuera de Castilla-La Mancha, porque no tiene nada que ver con la sopa fría andaluza. En este caso se trata de un plato caliente elaborado con caldo de carne y torta cenceña, un pan sin levadura que se incorpora en pequeños trozos durante la cocción. Esa torta es una de las claves para conseguir la textura característica del guiso.
La receta puede prepararse con carnes de caza, pollo o conejo. Una vez cocinadas, se desmenuzan y vuelven a incorporarse para terminar de hacerse junto a la torta. A medida que avanza la cocción, el pan absorbe parte del caldo y el plato gana consistencia. Es una elaboración ligada a la cocina tradicional de la sierra, sencilla en su base y pensada para servirse caliente.
Dos visitas para conocer el entorno de la villa
Una de las salidas lleva hasta la microrreserva de los Batanes y la Molata, situada a unos tres kilómetros por la carretera de La Mesta. En este punto, las aguas del Escorial y del Mesta se unen a las del río Alcaraz. El paisaje combina paredes de roca caliza, barrancos y zonas por las que discurre el agua, además de algunos saltos. Es una opción distinta al paseo por el casco histórico y permite conocer el entorno natural más próximo.
A unos cinco kilómetros del pueblo se encuentra también el Santuario de la Virgen de Cortes. Este enclave tiene una importancia especial dentro de las celebraciones religiosas de la provincia de Albacete y recibe peregrinos en varias fechas del año. El 1 de mayo se celebran los mayos dedicados a la Virgen, mientras que el 2 de agosto tiene lugar una romería. El 8 de septiembre se celebra otra, reconocida como Fiesta de Interés Turístico Regional. Las tres fechas siguen formando parte de las tradiciones religiosas vinculadas al santuario.