El turismo volcánico está en auge. Desde las coladas de lava en La Palma hasta los campos de basalto en Islandia, los viajeros buscan cada vez más destinos donde la Tierra muestra su cara más salvaje. Visitar cráteres, caminar sobre magma solidificado o contemplar fumarolas activas se ha convertido en un reclamo para quienes desean emociones fuertes o aprender sobre geología en vivo. Esta forma de viajar no es nueva, pero ha cobrado protagonismo tras fenómenos como la erupción de Cumbre Vieja en 2021, con excursiones guiadas de empresas autorizadas y profesionales especializados.
Aunque esta fascinación por los volcanes (algunos aún activos) no está libre de polémica. Por una parte, supone una oportunidad económica y educativa para las comunidades que viven en torno a estas formaciones, pero también implica riesgos físicos y medioambientales. En algunos casos, puede convertir el trauma de una catástrofe reciente en un espectáculo.
A continuación, repasamos las principales ventajas e inconvenientes de esta forma de turismo que debería abordarse con responsabilidad.
Ventajas: ciencia, sostenibilidad y economía local
El turismo en entornos volcánicos ofrece una oportunidad única para educar en ciencia y medioambiente. Geólogos y guías especializados explican en las rutas cómo se forman los volcanes, cómo afectan al clima y a la biodiversidad, y qué papel desempeñan en la historia de la Tierra. Este tipo de experiencias aumenta la conciencia medioambiental de los visitantes y fomenta el respeto por el entorno.
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En lo económico, las zonas volcánicas suelen ser rurales o de difícil acceso, por lo que el turismo puede impulsar la economía local. La creación de rutas interpretativas, centros de visitantes y alojamientos sostenibles genera empleo y combate la despoblación. El ejemplo más reciente es La Palma, donde el Cabildo insular ha promovido rutas guiadas por la zona afectada por la erupción, siempre con acompañamiento técnico y un enfoque educativo.
También hay un componente emocional: en lugares donde el volcán ha destruido hogares, como en Cumbre Vieja, los recorridos guiados ayudan a preservar la memoria colectiva y a entender mejor el fenómeno desde un punto de vista humano, no solo turístico.
Inconvenientes: riesgos y desafíos para un turismo responsable
Sin embargo, el turismo volcánico también implica riesgos reales. Aunque las zonas abiertas al público suelen estar controladas, la actividad sísmica o los cambios en la emisión de gases pueden ser impredecibles. La exposición a gases tóxicos o a terrenos inestables puede afectar la salud de los visitantes si no se toman las precauciones adecuadas.
Además, la creciente afluencia de turistas en espacios volcánicos frágiles puede dañar formaciones geológicas únicas, provocar erosión y dejar residuos en entornos no preparados para soportar grandes flujos de visitantes. En zonas recientemente afectadas por erupciones, convertir el desastre en una atracción turística puede ser una experiencia dolorosa para las comunidades locales.
Por todo ello, los expertos recuerdan que es fundamental contar con protocolos de seguridad, señalización adecuada y guías formados que acompañen a los visitantes para garantizar una experiencia segura y respetuosa con el ecosistema.
Como todo turismo de naturaleza, el volcánico deberá plantearse con ética, información y respeto. Porque detrás de cada cráter hay una historia geológica… y también humana.