La fortaleza medieval valenciana del siglo IX ubicada en una elevación estratégica sobre el Mediterráneo

En lo alto de una montaña que domina la costa valenciana, justo donde el río Júcar desemboca en el Mediterráneo, se levanta una de las fortalezas más emblemáticas del litoral de la Comunitat Valenciana. El Castillo de Cullera, visible desde kilómetros de distancia, vigila la ciudad desde una altura privilegiada y ofrece uno de los miradores más espectaculares del litoral de València.

Este conjunto fortificado, con más de mil años de historia, se ha convertido en uno de los grandes atractivos turísticos de Cullera. No solo por su valor patrimonial, sino también por su ubicación: desde sus murallas se puede contemplar el contraste entre el mar, las playas de arena, el cauce del Júcar y las llanuras de la Ribera. La visita combina historia, paisaje y arquitectura en un mismo recorrido.

El origen del castillo se remonta al siglo IX, cuando fue construido en la etapa de Al-Ándalus, bajo el Califato de Córdoba, para controlar el territorio y las vías de comunicación de la costa valenciana. Su función era estratégica: vigilar los recursos naturales, las rutas comerciales y las posibles incursiones desde el mar o desde el interior.

La elección del emplazamiento no fue casual. El castillo se levantó sobre el Monte de les Raboses, una elevación que alcanza más de 200 metros de altura y desde la que se domina todo el entorno. Desde este punto se observa la desembocadura del Júcar, la llanura de la Ribera Baja y gran parte del litoral mediterráneo.

El complejo defensivo estaba formado por una alcazaba central y dos recintos amurallados o albacaras, que servían para proteger tropas, caballerías, ganado e incluso a la población en caso de asedio. Un sistema de torres conectadas por murallas completaba el conjunto, creando una estructura defensiva preparada para resistir ataques prolongados.

Entre esas torres destacan la de la Reina Mora o Santa Ana, la Torre Miranda, la Torre del Racó de Sant Antoni, la Torre Desmochada y la Torre Octogonal, que marcaban los distintos tramos del perímetro defensivo.

De fortaleza islámica a castillo cristiano

A lo largo de los siglos, el castillo fue testigo de las distintas etapas históricas del Mediterráneo medieval. Tras su construcción durante el dominio islámico, la fortaleza formó parte del sistema defensivo de la taifa de València y posteriormente de los imperios almorávide y almohade.

El cambio definitivo llegó en el siglo XIII, cuando el rey Jaime I conquistó la ciudad en torno a 1239 durante la expansión cristiana por el territorio valenciano. A partir de ese momento el castillo pasó a manos cristianas y fue reformado y ampliado para adaptarse a las nuevas necesidades defensivas.

Durante los siglos posteriores, la fortaleza perteneció a distintas órdenes y señoríos, además de formar parte del patrimonio de la Corona. A lo largo de ese tiempo se realizaron numerosas remodelaciones que modificaron su aspecto original, dando lugar al complejo arquitectónico que se puede visitar hoy.

El castillo también desempeñó un papel importante en la defensa del litoral valenciano frente a los ataques de piratas berberiscos durante la Edad Moderna, lo que explica que se reforzaran algunas de sus estructuras defensivas.

Un conjunto arquitectónico heterogéneo

La larga historia del castillo ha dejado huella en su arquitectura. A lo largo de los siglos, el recinto fue ampliado, reforzado y adaptado a distintos usos militares y civiles. Durante el siglo XIX volvió a tener relevancia estratégica durante la Guerra de la Independencia y las guerras carlistas, cuando se realizaron nuevas obras de fortificación en el complejo.

Con el paso del tiempo, sin embargo, el castillo fue perdiendo su función militar y comenzó a transformarse en un espacio más vinculado a la vida religiosa y cultural. En el siglo XIX se construyó junto a él el Santuario de la Virgen del Castillo, que hoy forma parte inseparable del paisaje del monte.

El resultado es un conjunto arquitectónico heterogéneo, en el que conviven elementos de distintas épocas: murallas medievales, torres defensivas, capillas y espacios reformados en siglos posteriores.

Un paseo entre torres, murallas y miradores

Recorrer el castillo es hacerlo también por la historia de Cullera. El acceso actual permite atravesar parte del antiguo recinto amurallado y descubrir diferentes espacios que formaban parte de la vida militar de la fortaleza.

Uno de los puntos más destacados es el patio de armas, que en su día fue el centro de la actividad dentro del castillo. También se puede visitar la capilla gótica, construida entre los siglos XV y XVI, así como distintas salas vinculadas a la defensa del recinto.

Dentro del complejo se encuentra además el Museo Municipal de Historia y Arqueología de Cullera, instalado en el interior de la antigua capilla del castillo. Allí se exhiben piezas arqueológicas que recorren la historia del territorio desde la Prehistoria hasta la época contemporánea. Entre los objetos expuestos hay herramientas de piedra, cerámicas antiguas, puntas de flecha y materiales procedentes de antiguos poblados de la zona, que ayudan a comprender cómo se ha habitado este territorio a lo largo de miles de años.

Una forma sencilla de organizar tu visita es a través de la Red de Patrimonio Histórico de España, que reúne este y otros castillos y palacios más destacados del país tanto desde el punto de vista histórico como arquitectónico.

El camino histórico hasta la cima

Una de las formas más interesantes de llegar al castillo es siguiendo el antiguo Camino del Calvario, una ruta que asciende por la montaña a través de catorce estaciones del Vía Crucis. Este recorrido peatonal, muy popular entre visitantes y habitantes de la localidad, permite subir lentamente mientras se abren las vistas sobre la ciudad.

A medida que se gana altura aparecen panorámicas cada vez más amplias: las playas de Cullera, los arrozales de la Ribera y el perfil del Mediterráneo en el horizonte.

Una vez arriba, el castillo se convierte en un auténtico balcón natural. Desde sus murallas se observa la ciudad extendida entre el mar y el río, mientras el paisaje cambia según la hora del día y la estación.

Símbolo del patrimonio valenciano

Declarado Bien de Interés Cultural, el Castillo de Cullera es hoy uno de los monumentos más visitados de la comarca. Su restauración y puesta en valor han permitido recuperar gran parte de su estructura y convertirlo en un espacio cultural abierto al público.

En los últimos años, se han impulsado proyectos de rehabilitación para consolidar torres y murallas, con el objetivo de preservar un patrimonio que forma parte de la identidad histórica de la ciudad.

Pero más allá de su importancia histórica, lo que hace especial al castillo es su relación con el paisaje. No es solo una fortaleza medieval: es también un mirador sobre el Mediterráneo, una puerta al pasado y uno de los lugares donde mejor se entiende la relación entre la historia, el territorio y el mar.