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Gaudí 2026: una ruta por su legado fuera de Catalunya en el centenario de su muerte

Roberto Ruiz

25 de abril de 2026 22:30 h

En junio de 2026 se cumplen 100 años de la muerte de Antoni Gaudí, una de las figuras clave de la arquitectura moderna y el gran nombre del modernismo en España. Su legado está inevitablemente ligado a Barcelona, donde se concentran algunas de sus obras más conocidas, pero su huella va mucho más allá de la capital catalana.

De hecho, el centenario es una buena excusa para mirar hacia otros lugares menos evidentes y plantear una escapada diferente, con una ruta por el norte de España que conecta tres de sus proyectos más singulares fuera de Catalunya. A este itinerario se podría sumar, aunque en otro plano, su intervención en la Catedral de Mallorca, donde trabajó en tareas de restauración entre 1903 y 1914. A pesar de que el templo, como tal, remonta sus orígenes al siglo XIII. 

Aunque la principal fama se la llevan las obras que Gaudí llevó a cabo en Barcelona y su entorno, hay tres edificios fuera de Catalunya que se pueden visitar hoy en un recorrido bastante compacto. Hablamos de la Casa Botines, en León, un edificio concebido como vivienda y espacio comercial que hoy funciona como museo; del Palacio Episcopal de Astorga (León), una imponente construcción neogótica con aire de castillo que alberga el Museo de los Caminos; y de El Capricho, en Comillas (Cantabria), una de sus primeras obras, donde ya aparecen muchas de las ideas que marcarían su arquitectura.

¿Quién fue Gaudí y por qué sigue marcando la arquitectura?

Hablar de Antoni Gaudí es hablar de una manera muy particular de entender la arquitectura. Nacido en el Campo de Tarragona (Reus o Riudoms) en 1852 y fallecido en Barcelona en 1926, desarrolló un lenguaje propio que lo convirtió en el máximo exponente del modernismo en España. Hijo de un calderero, desde joven estuvo en contacto con el trabajo artesanal del metal, algo que marcaría su capacidad para entender el volumen, la geometría y las estructuras de una forma muy intuitiva.

Su arquitectura no se limita a lo estético. Gaudí concebía cada edificio como un conjunto en el que estructura, función y decoración formaban un todo de forma coherente. La naturaleza fue una de sus grandes fuentes de inspiración, tanto en lo formal como en lo constructivo, y eso se traduce en soluciones innovadoras y en un uso muy particular de los materiales, como el trencadís (su característico mosaico con piezas cerámicas) que se ha convertido en una de sus señas de identidad.

Aunque su obra más famosa está en Barcelona, con ejemplos como la Sagrada Familia, el Park Güell o la Casa Batlló, estos proyectos fuera de Catalunya permiten entender mejor su evolución. En ellos se ve a un Gaudí en transición, todavía influido por el neogótico o por corrientes orientalizantes, pero ya experimentando con muchas de las ideas que después desarrollaría en sus obras más conocidas.

Casa Botines (León): un edificio pensado para vivir y trabajar

En pleno centro de León, la Casa Botines es probablemente la obra de Gaudí que mejor se integra en un entorno urbano convencional, aunque solo a primera vista. Construida a finales del siglo XIX por encargo de unos comerciantes textiles vinculados al entorno de Eusebi Güell, el edificio responde a una idea muy práctica: combinar espacio comercial y viviendas en un mismo inmueble.

El resultado es un edificio de apariencia casi medieval, con torres en las esquinas y una fachada sobria que mezcla referencias góticas y soluciones modernas. Gaudí diseñó una estructura funcional y avanzada para su tiempo: planta baja para el negocio, sótano como almacén, una planta principal para los propietarios y pisos superiores destinados al alquiler. Fue, de hecho, su primera casa de vecinos.

Hoy, la Casa Botines es el Museo Casa Botines Gaudí, y la visita permite entender tanto el edificio como la figura del arquitecto. El recorrido incluye estancias originales, detalles constructivos como el uso del hierro o la madera, y el acceso al torreón histórico de 1893. Además, alberga una colección de arte con obras de Francisco de Goya, Joaquín Sorolla o Salvador Dalí, lo que añade interés más allá de la arquitectura. Y si quieres un dato de interés para completar tu visita, es curioso saber que en 1953, durante una restauración de la estatua de San Jorge y el dragón que preside la fachada, se encontró un tubo de plomo con los planos originales firmados por Gaudí. 

De cara a la visita, hay varias opciones, tanto de forma libre como guiada. También conviene echar un vistazo a la programación cultural, porque el museo organiza exposiciones temporales, talleres y actividades durante todo el año.

Y ya que estás en León, merece la pena completar la jornada. La catedral de León está a pocos minutos, igual que el barrio Húmedo, donde se concentra buena parte del ambiente gastronómico de la ciudad.

Palacio Episcopal de Astorga: el Gaudí más monumental

A unos 40 kilómetros de León, en Astorga, el Palacio Episcopal de Gaudí es una de sus obras más llamativas fuera de Catalunya. El encargo llega tras el incendio del antiguo palacio en 1886, y el arquitecto proyecta un edificio completamente nuevo que conecta con el pasado medieval de la ciudad.

El resultado es un conjunto de estilo neogótico construido en granito del Bierzo, que combina rasgos de castillo, templo y residencia señorial. Las torres, los ventanales apuntados y, sobre todo, el foso que rodea el edificio, refuerzan esa estética. Gaudí dirigió las obras hasta 1893, pero tras la muerte del obispo Grau abandonó el proyecto, que sería terminado años después por el arquitecto Ricardo García Guereta.

En el interior, el recorrido incluye espacios como la capilla, el salón del trono o distintas salas con vidrieras y elementos decorativos modernistas. Hoy el edificio alberga el Museo de los Caminos, vinculado al Camino de Santiago, lo que añade un extra a la visita.

Aquí hay un punto especialmente interesante: además de la visita general (libre o guiada), existe la experiencia del “Palacio Escondido”, que permite acceder a zonas que hasta hace poco no estaban abiertas al público. Incluye, entre otras cosas, la subida a la parte superior del edificio gracias a un ascensor panorámico instalado recientemente, algo que mejora y amplía la vivencia.

El entorno también hay que tenerlo en cuenta. Justo al lado está la Catedral de Santa María de Astorga, y el casco histórico conserva restos de murallas romanas. Si tienes tiempo, el Museo del Chocolate de Astorga es una parada curiosa, y siguiendo con la gastronomía, el cocido maragato o las mantecadas son apuestas seguras.

El Capricho (Comillas): la obra más libre y experimental

La última parada nos lleva a Comillas, donde se encuentra una de las obras más singulares de Gaudí. Construido entre 1883 y 1885 por encargo de Máximo Díaz de Quijano, El Capricho de Gaudí es una de sus primeras casas y un buen ejemplo de su etapa más experimental.

Aquí ya aparecen muchos de los temas que marcarán su arquitectura: la naturaleza como referencia constante, el uso simbólico de la decoración o la atención a la funcionalidad de los espacios. El edificio combina influencias orientalizantes, neomudéjares y neogóticas, con una estructura compleja en la que cada estancia está pensada en función de la luz solar.

Uno de los elementos más reconocibles es la torre cilíndrica decorada con cerámica de girasoles, pero merece la pena fijarse también en detalles como las vidrieras con motivos musicales y naturales, las barandillas que funcionan como pentagramas o las soluciones técnicas pensadas para mejorar la acústica y el confort térmico.

La visita recorre distintas estancias, como el salón, el dormitorio o el estudio, y permite entender cómo Gaudí planteaba una vivienda desde dentro. El jardín también forma parte de la experiencia, con espacios diseñados para integrarse en el entorno.

Hoy funciona como museo y está abierto todo el año, con visitas libres y guiadas. Además, organiza actividades como talleres, conciertos o eventos temáticos, especialmente en fechas señaladas, lo que hace que la visita pueda ser bastante dinámica.

Más allá de El Capricho, Comillas tiene suficiente interés como para dedicarle más tiempo, pues el Palacio de Sobrellano o la Universidad Pontificia de Comillas forman parte de ese conjunto modernista poco habitual en la costa cantábrica.