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ALBACETE

Nacimiento del río Mundo: historia breve de un monumento natural

Nacimiento del Río Mundo en Riópar (Albacete)

José Iván Suárez

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Con estos últimos calores, bien merecemos una visita virtual al Nacimiento del Río Mundo de Riópar. Al menos, un viaje a su pasado. Nos refrescamos con su historia y estas gotas que nos salpican desde el ayer.

Este lugar único se formó hace miles y miles de años gracias al tesón de la naturaleza. Nosotros, con la terquedad del olvido, crecimos sin memoria y sin poder recordar un origen tan remoto. Más acá en el tiempo aprendimos a poner palabras a nuestra admiración.

Una belleza ancestral que se conoce desde siempre. Sin embargo, su recóndita ubicación evitó la mirada de ojos sarcásticos como los del genial Sinesio Delgado. En 1897, en la revista Madrid Cómico, confesaba: “No lejos de las fábricas, en el nacimiento del Río Mundo, por cuyo cauce se conducen las maderas de toda la sierra, se disfruta, según dicen, de una perspectiva admirable. Pero para gozarla hay que viajar días enteros en mulo, y … no me siento con fuerzas para tanto”.

Una década antes, con más ganas que Sinesio, Ramón Arizcun llegó al enclave. Así lo contó para La Ilustración Española y Americana: “Nacimiento del Río Mundo, lugar que merece una visita y produce en el ánimo impresión profunda. Anchuroso circo de elevados montes que terminan en rocas cortadas a pico, de las que descienden, blanqueados por la espuma, numerosos arroyuelos. En el fondo, como el ábside grandioso de una derrumbada basílica, una altísima cortadura, cuya concavidad forma inmensa bóveda que parece próxima a desplomarse; y en medio de ella, a más de cien metros de altura, ancha boca abierta en la peña viva, por la que se lanza, majestuoso a los aires un caudaloso torrente de agua cristalina, que desde allí mismo forma el río Mundo”.

Añadía el viajero: “Los Chorros, que así se llama aquel lugar, constituyen un verdadero capricho de la Naturaleza, que se muestra en ellos pródiga de sus bellezas. La ancha cueva permite la entrada; pero nadie supo decirme hasta dónde se extiende, y acaso guarda secretos dignos de estudio. Cuando yo la vi bordeábala la nieve, y no fue posible que realizara mi deseo de recorrerla. Acaso lo haré algún día”.

Las referencias escritas vienen de lejos. Según Andrés Giménez García, en un interesante artículo publicado en la revista Al-Basit, en 1976, la primera descripción en letra impresa corresponde a un texto firmado por P. Morote, hacia 1741.

Plano municipal Riópar en 1753

Un fraile que debió visitar el sitio y lo describió: “Mundo, río clarísimo, cuyas aguas cristalinas, transparentes, manifiestan lo que a lo más profundo de sus cristales se retira, y son tan acomodadas al paladar, que hacen conocidas ventajas para el gusto y provecho a cuantos almíbares producen las muchas y dulces fuentes de aquellas famosas tierras. Tan hidalgo es el principio que en su alto nacimiento logra este famoso río que está reputado por una de las singulares maravillas que el Soberano Autor de la naturaleza franqueó a nuestra España”. Hemos adaptado la lengua para facilitar su comprensión.

Durante el siglo XIX, el monumento natural de Riópar fue citado en diversas ocasiones. Sin ir más lejos, en el año 1821. Leemos en El Látigo Liberal: “Y no se figure V. amigo, que donde vienen estas décimas, buenas ó malas (que V. dirá lo que le parezca) puede venir cosa de servilismo, puesto el Nacimiento del Río Mundo, que allí está, y las truchas especiales que en él se crían, son liberales; pero de juicio, sí señor, de pachorra, pues, de calma, como es regular, y como quiere la Nación. Vaya de formalidad”.

Con el siglo XX (la centuria del turismo de masas) se expandió el conocimiento público del paraje. “El sol cálido, la tierra fecunda, corrientes las aguas por naturales torrenteras y por acequias que trazaron las manos laboriosas de los moros, veis cómo en los breves llanos y en las escarpadas faldas rocosas arraigan el olivo, la morera, la vid y los árboles frutales. Por doquiera escucháis el acordado zumbido de las abejas que fabrican sus paneles y destilan su miel”, describía El Imparcial estas tierras albaceteñas.

Los reportajes de viajes, acompañados de crónicas y fotos, eran cada vez más habituales en las publicaciones escritas. De hecho, surgieron revistas especializadas en la materia. Una de ellas fue Oasis. En febrero de 1935 publicó una imagen a página completa del Nacimiento del Río Mundo. Posiblemente, uno de los retratos más antiguos que se conservan del monumento natural y que hoy compartimos con nuestros lectores.

Nacimiento del río Mundo en una imagen tomada hacia 1935

La foto se la debemos a J. Torre. Después llegarían toneladas y toneladas de fotografías. E incluso décadas después, filmaciones audiovisuales en aquellos tiempos del NODO. Pero antes de acabar esta visita, os traemos un fragmento de 1928. Escribió R. Alcázar: “Cayendo el agua en forma de menuda lluvia sobre la Fuente del Espino, cual si fuera uno de esos telones llamados de agua que en algunos teatros se instalaron para casos de incendio y que nadie ha visto funcionar. Los Chorros, ya conocidos, incluso en el extranjero, son cosa de ensueño; pero la falta de vías de comunicación y carencia de hospedajes restan importancia a esta Meca de la belleza natural y dificultan la expansión del turismo”.

Estas líneas son algunas de las que se han escrito sobre el Nacimiento del Río Mundo. Más allá de las páginas, asaltan las leyendas. Según la tradición, en este lugar se refugiaron los hijos de Pompeyo huyendo de las tropas de César. Dicen que al río se le bautizó con el nombre de Mundo, por su fecundidad y el verdor de sus recodos.

El verdadero origen queda para nuestra imaginación. Para nuestro disfrute, la caminata por un paisaje legendario que, tal vez, encierra el milagro de la tierra o el propio enigma de la vida.

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