El hilo invisible de al-Ándalus en Castilla-La Mancha
Las manos del buen arqueólogo se afanan lo mismo con el paletín que con el teclado del ordenador. José María Moreno Narganes es uno de esos profesionales de la historia que disfrutan igual apartando tierra de un fragmento cerámico que escribiendo sobre el hallazgo; combinando el trabajo de campo con la reflexión pausada que exige la investigación.
Para su obra más reciente, no solo ha excavado, sino que ha conocido de cerca de un centenar de yacimientos de España y Portugal, tres de ellos en Castilla-La Mancha.
Dice Moreno Narganes sobre su empeño: “El deseo, probablemente desmedido, de abarcar la totalidad de al-Andalus, ha permitido entrar en contacto con numerosos museos o centros de investigación, locales y provinciales, repartidos por gran parte de la península”.
Una tesis doctoral no merecía menos esfuerzo. Ahora acaba de publicarse una versión divulgativa. Se trata del libro Trabajando en casa: la producción de hilo y tejido en el espacio doméstico de al-Ándalus (siglos IX-XIII). Un volumen de 400 páginas, repleto de imágenes y referencias que ha sido editado por la Universidad de Jaén, en la prestigiosa Colección Arqueologías, en su serie medieval.
“La arqueología de la producción textil constituye una disciplina fundamental para el conocimiento de las sociedades del pasado”, afirma José María Moreno. Sin embargo, para al-Ándalus, es un terreno apenas explorado. Al menos, así era hasta ahora.
El arqueólogo avisa en las páginas iniciales: “Esta monografía presenta muchas preguntas y, con pesar, pocas respuestas”. En verdad, lugares como Ciudad de Vascos (Toledo); La Graja (Higueruela, Albacete) o Haches (Bogarra, Albacete) confirman que un hilo invisible ha tejido la historia.
La actividad productiva en al-Ándalus
La certeza se extiende después de investigar en seis comunidades autónomas y 100 yacimientos. Confirma el joven profesional: “El volumen y riqueza de los instrumentos estudiados en hueso trabajado, cerámica o diferentes aleaciones de metal, y dispersos por alcazabas, medinas, arrabales o alquerías, pone en evidencia la extensión de importancia de la producción textil doméstica como uno de los sectores dedicado a suministrar la demanda de amplias capas sociales y, por tanto, como una de las actividades productivas más importante de la economía”.
El profuso estudio de las herramientas de hilado y tejido revela la centralidad del trabajo femenino y la inserción del textil en las dinámicas fiscales y productivas del mundo andalusí. Metodológicamente, Moreno Narganes ha cruzado todos los datos posibles derivados del análisis arqueológico, con el fin de tratar de dar respuesta a una serie de preguntas históricas. ¿Cómo y con qué herramientas se hilaba o se tejía en al-Ándalus? ¿Dónde y de qué forma se llevaban a cabo estas actividades productivas? ¿Quién las realizaba?
El historiador, muy vinculado a la región castellanomanchega por sus trabajos arqueológicos, tiene clara “la radical importancia del textil doméstico como la actividad económica principal después de la agropecuaria”. En el yacimiento de Vascos, situado en Navalmoralejo (Toledo), aparecieron tres fusayolas, seis torres de rueca, cuatro templenes, tres dedales, siete agujas en metal y hueso y dos tijeras de hierro. Utensilios de cotidianidad; signos de la vida discreta de los hogares de al-Ándalus.
Sobre el suelo de La Graja de Higueruela o la Torre de Haches, el propio José María ha sido protagonista del hallazgo de otros objetos que cuentan más de lo que parece. En el yacimiento de Bogarra, encontraron una fusayola en hueso y una torre de rueca.
Entre tanto, en la alquería de La Graja, el yacimiento donde se descubrió la primera mezquita rural de Castilla-La Mancha, Moreno Narganes forma parte del equipo que halló dos agujas y un dedal con una curiosa decoración.
Sobre esta última pieza se han podido realizar diferentes analíticas para profundizar en su fabricación mediante técnicas FRX. El dedal de latón estaba junto a una de las agujas de hierro en el patio-corral, cerca del salón de la casa y sobre el nivel de uso.
“Menudo disgusto se llevaría la familia que perdiera el dedal”, bromeaban los arqueólogos durante la excavación. La calidad de la pieza habla también del dominio artesanal y del valor de unas tareas que, a pesar de ser realizadas en casa, repercutían en la economía de un mundo en plena expansión.
Tras muchas horas de investigación, concluye José María Moreno Narganes: “El textil se une necesariamente a otros sectores esenciales como la agricultura y la ganadería, ambas desde el siglo IX sujetas a su vez a profundas transformaciones.
El aumento demográfico, y consecuentemente productivo de al-Ándalus o viceversa, no puede explicarse sin un incremento agrario, que a su vez genera mercados mayores de consumo y mayor demanda textil en un sistema sustentado por el trabajo de las mujeres“.
Durante siglos, se tejió en silencio. En estas tierras, abundantes de lana, se hiló al calor del fuego o bajo las sombras de los árboles. Punto a punto, estas comunidades supieron sobrevivir. Una hazaña que la historia había olvidado. Al menos, hasta hoy. Tan faltos como andamos de sabiduría antigua, de autosuficiencia, de honrar la sencillez de nuestras raíces.
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