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Enfermos renales de Hellín: un calvario sobre ruedas

Una sesión de hemodiálisis

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Hay ocasiones en las que la vida, en un alarde de falta de imaginación decide plagiarse. Uno cree haber zanjado un asunto, haber puesto el sello de 'resuelto', y el destino persistente nos devuelve el problema corregido y aumentado.

Todo comenzó, con un familiar madrileño al que la salud, caprichosa y poco sutil, le obsequió primero con una tumoración y, acto seguido, con una enfermedad rara que le han obligado a requerir de hemodiálisis. El conflicto que me planteó entonces consistía en la imposibilidad de disfrutar de unas vacaciones tras dos años de hospitales, porque necesitaba localizar un hospital donde conectarse la máquina. Se buscó, se halló y dimos el asunto por liquidado.

Pero hace escasas fechas, y tras una entrevista que me realizaron en este mismo diario con motivo de la aparición de un libro, se puso en contacto conmigo, a través de esos canales modernos que llamamos redes sociales, un ciudadano de la comarca de Hellín. Un hombre amable en su mensaje, que me transmitió su gratitud por mis intervenciones en Radio Hellín sobre asuntos de salud, y que tras confesar que había adquirido y leído mi libro, a su “me ha gustado el libro”, le añadió un reproche: echaba de menos que no hubiese dedicado un capítulo a los pacientes que, en el medio rural, se ven obligados a viajar para realizarse hemodiálisis, haciendo referencia especial a la situación de los que residen en su área sanitaria. Ante esa omisión real, le di la razón tras disculparme, prometerle interesarme por el tema y redactar un artículo de opinión. Y a esa tarea voy.

La realidad que me he encontrado resulta grave y a alguno le parecerá que hiela la sangre: los pacientes del área sanitaria de Hellín se ven obligados a un peregrinaje forzoso hasta Albacete tres veces por semana, para recibir el tratamiento imprescindible para mantenerse en este mundo. Esa comarca, al igual que otras zonas con orografía pintoresca, pero incomoda por su geografía compleja. Es un territorio de baja densidad demográfica y una dispersión de la población que parece diseñada para poner a prueba la paciencia, con unas comunicaciones que invitan más al misticismo que al desplazamiento ágil. En las sierras del Segura y Alcaraz, esta peculiaridad se traduce en trayectos que consumen casi dos horas para la ida y dos para el regreso. El cómputo final es una cifra que marea a cualquiera: los más sufridos ciudadanos acumulan la friolera de 800 kilómetros semanales para acceder a una asistencia médica que les es, literalmente, vital. Bien podríamos calificar su vida cómo una hazaña de heroísmo cotidiano.

Son héroes involuntarios que, francamente, deberían sacarnos los colores a todos sus conciudadanos hace ya tiempo

Para no pecar de entrometido, algo que no deseo, he buscado datos que arrojen algo de luz sobre esta situación. Los resultados, siempre sujetos a que alguien disponga de otros y decida enmendarme la plana, indican que son aproximadamente treinta y cinco los ciudadanos del área de Hellín que se ven obligados a este trasiego incesante hacia la capital provincial. Es curioso comprobar, que la provincia de Albacete cuenta con un único centro de diálisis para atender a esa población dispersa. Este ascetismo sanitario contrasta con lo que ocurre en otras provincias de la región, como Ciudad Real o Toledo, donde, sin entrar en los motivo, han tenido a bien distribuir estas instalaciones en diversas localizaciones. Uno no puede evitar preguntarse qué pecado habrán cometido los riñones de los ciudadanos rurales albaceteños para merecer tal centralismo, mientras sus convecinos disfrutan de una geografía de tratamiento más cercana de sus casas.

Hurgando en la hemeroteca, para comprobar si uno llega tarde a un incendio ya sofocado, descubro que la cuestión no ha pasado desapercibida para la prensa nacional. Me consta un reportaje con un título tan gráfico como desalentador: 'El calvario de la diálisis en la España rural', publicado por el diario El Mundo en el año 2023 y, para mayor abundamiento de su veracidad, recibió el premio de la Sociedad Española de Nefrología en 2024. En ese trabajo, se da voz a pacientes, dos son del área de Hellín, y relatan, cómo se ven obligados a devorar cientos de kilómetros cada semana por el noble capricho de seguir con vida. Son héroes involuntarios que, francamente, deberían sacarnos los colores a todos sus conciudadanos hace ya tiempo.

No quisiera finalizar este alegato, sin mencionar que la Asociación Nacional para la Lucha contra las Enfermedades Renales, ALCER, lleva desde 2019 predicando en el desierto sobre esta desigualdad territorial de los pacientes en nuestro país. La asociación viene insistiendo sobre las dificultades de acceso a los tratamientos sustitutivos, defendiendo esa idea, tan lógica como aparentemente difícil de ejecutar, de acercar la diálisis a las zonas rurales y dispersas. Quien desee profundizar en esta realidad puede consultar el siguiente enlace. En él se documenta que, a pesar de los años transcurridos y de las advertencias lanzadas, la distancia entre el paciente y su tratamiento sigue estando ahí. Habrá que confiar en que, algún día, la eficiencia administrativa se ponga a la altura de sus necesidades, porque muchos no pueden permitirse esperar más.

No olvidemos que solucionar este entuerto es también una forma de luchar contra esa despoblación con la que tantos se llenan la boca, mientras, en la práctica, dejan que la vida en los pueblos se agote por puro cansancio y exceso de kilómetros

Para continuar componiendo este cuadro conviene recordar que, en noviembre de 2024, las Cortes de Castilla-La Mancha aprobaron por unanimidad estudiar la creación de un centro de diálisis en Hellín. Fue uno de esos momentos mágicos en los que los próceres de nuestra región se ponen de acuerdo, aunque parece que el acuerdo ha sido la antesala de la parálisis. Ha transcurrido ya más de un año desde aquel compromiso y, no se han producido avances que puedan considerarse concretos, ni se han establecido plazos que se hayan hecho públicos. Al parecer, entre el 'estudio' de la necesidad y la colocación de la primera piedra media un abismo que ni la más noble de las unanimidades ha logrado sortear hasta la fecha. Seguiremos, pues, a la espera de que se pase de la teoría a la práctica, antes de que los kilómetros acaben por agotar la paciencia de los pacientes (pacientes).

Los afectados, no han optado por el silencio y la resignación. De su justa indignación nació ADERHE (la Asociación de Enfermos Renales de la comarca Campos de Hellín y Sierras del Segura y Alcaraz), un nombre cuya extensión parece querer hacer justicia a las distancias que sus miembros se ven obligados a recorrer. Desde esta agrupación se han impulsado movilizaciones, recolectas de firmas y toda clase de actuaciones ante las más altas instancias, incluyendo al Defensor del Pueblo y la Alta Inspección Sanitaria, instituciones que, se supone, velan por nosotros. Todo este despliegue de energía y papeleo no tiene más fin que el de ver, por fin, implantado ese servicio de diálisis en Hellín.

Y para terminar de dibujar este paisaje, me topo con una Proposición no de Ley aprobada por el Congreso en abril de 2025. El objetivo, tan loable como de nombre farragoso, es impulsar la diálisis domiciliaria y garantizar eso que llaman equidad territorial. Se trata, en esencia, de admitir que el verdadero drama está en una falta de medios que condena a media España a un nomadismo sanitario demasiado cruel. Y mientras los diputados lo debaten, multitud de pacientes inician sus viajes de madrugada desde aldeas y pueblos lejanos, con el vaivén de las ambulancias, por carreteras interminables y someterse al rigor del tratamiento, para no regresar a sus hogares hasta la noche. Si a este trajín le añadimos que la mayoría de estos viajeros peinan canas, o presentan una fragilidad clínica, el cuadro resultante es de una injusticia que clama al cielo, o al menos, a la cordura de quienes gestionan nuestros impuestos.

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos

Eduardo Galeano

El propósito de este artículo no es otro que romper una lanza en favor de la equidad territorial. Se trata de garantizar, porque es justo, que el hecho de residir en una comarca rural y dispersa no se convierta en una condena añadida ni en una desventaja insuperable para acceder a un tratamiento que, sencillamente, permite seguir respirando. No pongo en duda que existirán razones de peso, sesudos motivos presupuestarios o logísticos (que pienso analizar), para explicar por qué esa promesa sigue suspendida en el aire. No olvidemos que solucionar este entuerto es también una forma de luchar contra esa despoblación con la que tantos se llenan la boca, mientras, en la práctica, dejan que la vida en los pueblos se agote por puro cansancio y exceso de kilómetros. Porque de poco sirve querer llenar los pueblos de gente si antes no somos capaces de asegurarles que sus riñones no les costarán la salud en la carretera.

No puedo creerme que, para nuestros representantes electos, los ciudadanos rurales seamos Los Nadies, a los que Eduardo Galeano refleja en su poema del mismo título, cuando afirma: “Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos”.

Estoy seguro de que nuestra región le pondrá solución a esta situación más pronto que tarde porque es de justicia.

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