La isla del Mediterráneo donde disfrutar de ciudades declaradas Patrimonio de la Humanidad y playas de aguas cristalinas

Malta es una pequeña isla perdida en el Mediterráneo más profundo, marcada por el paso de numerosas civilizaciones que la conquistaron, colonizaron o gobernaron en distintos tiempos. Cuenta con más de 7.000 años de historia, claramente palpable en sus ciudades declaradas Patrimonio de la Humanidad. Además, su lejana geografía la dota de un impresionante entorno escarpado: acantilados de piedra caliza brillante que contrastan con el azul turquesa cristalino de sus aguas y un relieve de colinas semiáridas.

Junto con sus hermanas menores –Comino y Gozo–, Malta conforma un país diminuto –también llamado Malta, estado miembro de la Unión Europea–, pero de una belleza enorme. Su geografía privilegiada, como punto de paso obligatorio en las rutas marítimas de distintas culturas, ha dejado una marca imborrable en su historia. Uno de los ejemplos más claros es su idioma: el maltés. Procede principalmente del árabe siciliano, pero tiene influencias del griego, del italiano, del catalán, del español y del inglés.

La isla está repleta de rincones históricos, existen tres ciudades que definen indiscutiblemente la identidad de Malta por su peso histórico. La primera de ellas es La Valeta, la capital más pequeña de Europa, con una población que ronda entre 5.000 y 7.000 habitantes. Se trata de un museo al aire libre, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1980. Su fundación se remonta al siglo XVI, cuando los Caballeros de la Orden de San Juan la levantaron como una ciudad-fortaleza. Al pasear entre las calles estrechísimas de su casco histórico, el viajero no puede dejar de visitar la Concatedral de San Juan —que cuenta con obras de Caravaggio—, el Palacio del Gran Maestre y los Jardines Upper Barrakka, que ofrecen las mejores vistas del Gran Puerto.

A la segunda ciudad se le conoce como la ‘Capital del Silencio’, por la quietud y la calma que guarda dentro de sus murallas. Hablamos de Mdina, la antigua capital de Malta, fundada por los fenicios hace cerca de 3.000 años. Fue el centro de la nobleza maltesa y cuenta con un trazado medieval con influencias árabes y barrocas. Como curiosidad, sus calles de estética caballeresca fueron escenario del rodaje de la aclamada serie 'Juego de Tronos'.

La tercera ciudad seleccionada para completar el recorrido histórico y urbano por Malta es Birgu, la más relevante de las denominadas “Tres Ciudades” –junto a Senglea y Cospicua–, situadas frente a La Valeta. Fue la primera sede en la que se instalaron los Caballeros de San Juan antes de construir La Valeta. Su principal atractivo es el imponente Fuerte de San Angelo –otro escenario de 'Juego de Tronos'–. También destacan el Palacio del Inquisidor y su pintoresco paseo marítimo lleno de barcos tradicionales y yates de lujo.

El litoral maltés: entre caliza y turquesa

Más allá de su riquísima historia humana, la oferta natural de esta isla mediterránea ya es motivo suficiente para pensar en hacer un viaje. Aquí, incluso en invierno, es verano. Malta goza de tres mil horas anuales de sol, colinas eternas, acantilados abruptos, playas de arena fina y un mar azul eléctrico que lo rodea todo, con temperaturas que permiten bañarse durante todo el año. Para quienes buscan esa fusión cromática entre la piedra caliza y el turquesa más puro, estas son las tres joyas imprescindibles de su litoral.

Si bien no está exactamente en la isla de Malta, sino en su vecina Comino, Blue Lagoon es la joya de la corona. Situada en la isla más pequeña del país más pequeño de toda Europa, esta laguna de aguas transparentes y fondo poco profundo hace parecer que los cuerpos que flotan en ella están suspendidos en el aire: una escena caribeña. En este sentido, este paraíso natural es el destino soñado para los amantes del snorkel. Las orillas de la laguna ofrecen, al mismo tiempo, playas de arena fina y formaciones rocosas ideales para unos buenos clavados.

Para quienes buscan un entorno más aislado y tranquilo, Għajn Tuffieħa es la opción ideal. Es una pequeña bahía de aguas calmadas, protegida por formaciones rocosas y colinas de matorrales. Para llegar a ella hay que bajar por una escalinata de 200 peldaños, que sumerge al viajero en un entorno sobrecogedor coronado por el horizonte azul del mar. Es el lugar predilecto para contemplar los atardeceres en la isla.

St. Peter’s Pool es un producto caprichoso de la geología y la erosión. Cerca del pintoresco pueblo de pescadores de Marsaxlokk se encuentra esta piscina natural, excavada en la roca por millones de años de olas y corrientes marinas incansables. No es una playa de arena fina, sino un imponente monumento natural que bien podría parecer una escultura de arte contemporáneo. Su forma de herradura y su altura considerable crean una plataforma ideal para saltar directamente a sus aguas de un verde esmeralda profundo.

El mejor paseo con vistas de Malta

Para quienes prefieren conquistar la isla a pie, la ruta que recorre los Dingli Cliffs es un paseo por el entorno natural isleño difícilmente igualable. El recorrido comienza en el pueblo de Dingli y se dirige hacia la modesta capilla de Santa María Magdalena, el punto más alto del archipiélago.

El camino no presenta grandes dificultades y las recompensas son enormes: permite admirar precipicios que alcanzan los 250 metros de altura sobre el nivel del mar. Durante el trayecto, los caminantes pueden apreciar la naturaleza indómita del Mediterráneo, con vistas hacia la pequeña isla deshabitada de Filfla, que corona el horizonte.