Naturaleza encantada y un paseo entre viñedos en esta localidad aragonesa con más de 2.000 años de historia
Bureta, un pueblo a 62 kilómetros de Zaragoza, invita a recorrer sus calles lentamente y poner atención en los pequeños detalles. En pleno campo de Borja, esta pequeña localidad combina siglos de historia con un entorno lleno de viñedos y una propuesta turística que ha convertido los árboles, fachadas y puertas en escenarios de fantasía. El resultado es un destino que, a pesar de su pequeño tamaño ofrece un patrimonio histórico y una oportunidad para disfrutar en familia.
Merece la pena dedicarle varias horas para descubrir todos sus rincones. Desde una casa palacio levantada sobre una antigua fortaleza hasta un paseo por un bosque mágico repleto de duendes y hadas, pasando por antiguas bodegas, una estación ferroviaria en desuso y un antiguo sistema de conducción de agua.
La Casa Palacio de los Condes de Bureta
Este edificio es el principal patrimonio que tiene Bureta y resume cómo ha evolucionado el municipio a lo largo de la historia. El palacio fue levantado en el siglo XVII sobre el torreón principal de una antigua fortaleza durante la época andalusí, que fue construida entre los siglos IX y X. Aún se conservan restos de la antigua muralla, que son la prueba viviente de la importancia estratégica que tuvo este lugar durante la Edad Media.
En la actualidad, el conjunto está formado por la casa rural, conocida como del Guardián, una cafetería-restaurante donde se ofrece comida tradicional de la comarca, y la Casa Palacio, se convirtió en un museo dedicado a María Consolación Domitila Azlor y Villavicencio, conocida como la Condesa de Bureta. Marcó un papel muy importante durante los Sitios de Zaragoza, donde cedió el palacio para convertirlo en hospital y ayudó en la atención a los heridos durante la Guerra de la Independencia.
Durante la visita está permitido recorrer 25 estancias del palacio y descubrir la larga historia que persigue al edificio, de las figuras que habitaron el lugar y de una de las mujeres más destacadas de todo Aragón. Sin embargo, el más destacado es el Salón de los Caballeros, en 1363 se celebraron las Cortes para negociar la paz entre Castilla y Aragón, un episodio de relevancia histórica.
La visita dura en torno a una hora y quince minutos, y se puede realizar de lunes a domingo, entre las 10:00 y las 20:00, el precio de la entrada general es de 7 euros.
El 'Burosque' Encantado
A escasos minutos del casco urbano se encuentra un bosque, uno lleno de mitología, para todos aquellos que quieren viajar con niños o con mascotas. Lo que en otros lugares serían unos simples árboles, aquí se han convertido en un lugar mágico residido por duendes, hadas, animales fantásticos y otros personajes escondidos entre ellos. Las pequeñas figuras aparecen repartidas por todo el recorrido, haciendo el camino ameno y entretenido.
Las asociaciones y vecinos son los responsables de haber conseguido transformar un espacio natural en algo único sin alterar la naturaleza. El acceso es gratuito y permanece abierto durante las 24 horas del día, permitiendo así que se pueda visitar en cualquier momento.
Bureta Encantada
La fantasía en el pueblo continúa, ya que, además del bosque, el proyecto se ha extendido por todo el municipio. Las puertas de diversas viviendas aparecen decoradas, las fachadas de edificios aparecen pintadas con murales inspirados en cuentos y en algunas aceras aparecen huellas en el suelo, estas indican el camino que han seguido todos los seres mitológicos.
El recorrido también permite descubrir otros elementos como, farolas decoradas, rincones decorados únicamente con materiales reutilizables e incluso las papeleras están tematizadas. Ejemplo de ello es el llamado “Oasis sostenible”, el cual crearon con materiales reciclados como botellas, ruedas, puertas o ventanas.
Milenaria estación de tren
Fuera del núcleo urbano, Bureta alberga un tesoro histórico, un testimonio firme de su pasado: la antigua estación de tren. Esta línea fue inaugurada en 1889 y conectaba la localidad de Cortes con Borja, operando hasta 1955. Era una estación de tercera categoría que contaba con dos vías principales. Actualmente, el edificio se mantiene en pie y es visible durante un paseo por la ribera del río Huecha en dirección a Albeta.
Este recorrido ferroviario se ha convertido en un sendero utilizado por ciclistas y caminantes, lo que permite a los más nostálgicos recordar el famoso Escachamatas, el tren que protagonizó la película 'Nobleza baturra'.
Bodegas de El Barranco
La tradición de la viticultura se mantiene vigente en toda la región aragonesa, gracias a sus antiguas bodegas excavadas en el cerro, ubicadas en la parte este del municipio. La más famosa se encuentra en la zona oriental del pueblo.
Las bodegas de El Barranco están repartidas a ambos lados de la hondonada natural. En la parte superior, aún se conservan varias estructuras, incluyendo una caseta que utilizaban para pisar la uva, así como otras casetas que están dispersas en la zona con materiales y herramientas. Si bien algunas presentan un estado bastante deteriorado, otras han sido renovadas, reemplazando ciertos materiales por otros más actuales y duraderos. No obstante, muchas bodegas aún mantienen elementos originales, como las lumbreras de ventilación o el espacio destinado a la elaboración del vino.
Este conjunto es un claro ejemplo de la arquitectura popular relacionada con la cultura del vino en el Campo de Borja y ofrece la oportunidad de aprender sobre un aspecto fundamental del pasado agrícola de la región.
Abarquete de Bureta
Otro lugar de interés que se recomienda visitar es Abarquete de Bureta, ya que a menos de tres kilómetros del núcleo urbano alberga un 'qanat'. Se trata de un sistema de transporte de agua de origen persa, cuya construcción podría datar de la época romana o islámica. Su propósito era recoger el agua de un acuífero y llevarla hasta un estanque. A pesar de sus muchos siglos de historia, se mantuvo prácticamente sin modificaciones hasta 1995.
Esa mezcla de patrimonio, entorno y autenticidad de la vida local convierten Bureta en una parada que merece la pena para quienes buscan conocer el territorio desde otra perspectiva. Un lugar para descubrir con calma y con los cinco sentidos.