Las obras imprescindibles del arquitecto Aníbal González que merece la pena ver en Sevilla

El nombre de Aníbal González Álvarez-Ossorio no puede entenderse sin la ciudad de Sevilla, en la que no solo nació y creció, sino que también acabó transformando. Considerado el máximo representante de la arquitectura regionalista sevillana, la obra de González cambió por completo la imagen urbana de la capital hispalense.

La máxima representación de esta transformación llegó hace casi un siglo con la proyección de diversos edificios, como la emblemática Plaza de España o el Pabellón Real, concebidos con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929. Sin embargo, la capital de Andalucía está llena de construcciones que llevan su sello en los que merece la pena detenerse.

Museo de Artes y Costumbres Populares

Localizado en la plaza de América del parque de María Luisa, uno de los pulmones verdes dentro de la localidad, encontramos este edificio que fue creado originalmente como el pabellón de Arte Antiguo de la Exposición Iberoamericana. Proyectado en 1913 y construido solo un año después, el actual museo de estilo neomudéjar destaca por su ladrillo visto y sus cerámicas decorativas. En esta plaza, también destaca el antiguo pabellón de Bellas Artes (actual Museo Arqueológico) y el pabellón Real.

Edificio para Manuel Nogueira

Ubicado en el Casco Antiguo de la ciudad, en la esquina del cruce entre las calles Santa María de Gracia y Martín Villa, encontramos este peculiar edificio al que muchos llaman “Edificio Bankinter” por la sucursal del banco que aloja desde los años 80. Diseñado entre 1907 y 1908, es una de las obras más icónicas del arquitecto sevillano, ya que fue la primera que hizo de estilo neomudéjar.

La Casa de las Conchas

También en el centro histórico, concretamente en la calle Mateos Gago, encontramos este edificio que hace un guiño a la famosa Casa de las Conchas ubicada en Salamanca, aunque en este caso lo que se puede observar a lo largo de su fachada son cientos de relieves con formas de caras, motivos vegetales y figuras geométricas. La casa suele pasar desapercibida para muchos, ya que se encuentra en una de las vías principales de la ciudad que desembocan en la Catedral.

Casa Laureano Montoto

La cosa va de casas. En esta ocasión, tenemos que trasladarnos hasta la calle Alfonso XII para encontrarnos con este edificio, un ejemplo perfecto de las tendencias modernistas de comienzos del siglo XX. Sus balcones de piedra con formas curvadas y cierres de hierro, así como las figuras mitológicas de los dragones y las flores que pueden verse en la fachada, son lo que más llama la atención.

Casa Álvaro Dávila, marqués de Villamarta

Esta casa, construida entre 1915 y 1917 por encargo del propio marqués, se encuentra en plena Avenida de la Constitución, en la esquina con la calle García de Vinuesa, también junto a la Catedral. Destaca principalmente por la utilización del ladrillo en su fachada, un elemento muy característico del estilo regionalista, y su escalera exterior, que presenta una planta poligonal.

Capilla del Carmen

Triana también tiene el sello de González. En uno de los extremos del icónico Puente de Isabel II, junto a la Plaza del Altozano, nos encontramos con la capilla más pequeña y singular de la ciudad. Construida con ladrillo y cerámica trianera, muchos se refieren a ella como el “mechero” por la forma tan particular que tiene, la cual recuerda a los encendedores antiguos.