Recorrido por algunas de las mejores pozas de toda nuestra geografía si quieres refrescarte y la playa te queda muy lejos
Las piscinas naturales, lejos del mar, se han convertido en la tendencia perfecta para quienes buscan aprovechar estos espacios dispuestos por la naturaleza para darse un chapuzón. Se trata de rincones donde brota un manantial o fluye un río cristalino con total libertad. Es difícil sustraerse al encanto de estas zonas rurales donde la mano del hombre apenas interviene para acondicionar pasarelas o escaleras mínimas. Representan una alternativa ideal para refrescarse cuando la costa queda lejos, ofreciendo una experiencia auténtica sin necesidad de gorros ni bonos. Sumergirse en estas pozas permite una conexión directa con la madre tierra, rodeado de rocas, vegetación verde y curiosos animales.
Nuestra geografía cuenta con numerosos rincones que ofrecen estas maravillas de la biodiversidad, siendo destinos ideales para amantes de la tranquilidad y del aire libre. La magia de estos lugares va más allá del baño, pues emanan una energía que invita al relax más absoluto. Descubrir estas joyas es adentrarse en un paraíso escondido que se merece una escapada única en cualquier época del año. Iniciamos el recorrido en el norte, donde Asturias sorprende con Gulpiyuri, declarada Monumento Natural por ser una playa sin mar. Situada tras un acantilado, el agua se filtra por una cueva creando un paraíso de apenas cincuenta metros de costa única.
Bajando hacia Galicia, en Ourense, encontramos las termas de A Chavasqueira, famosas por sus aguas medicinales beneficiosas para la salud. En Pontevedra, los ríos de la Serra da Groba forman las impresionantes pozas de Mougás, cerca de la localidad de Oia. Estas aguas corren nerviosas a través de valles y saltos hasta llegar finalmente a su desembocadura en el océano. Cerca de las piscinas naturales de Rego das Pías se ha dispuesto un área recreativa para facilitar el disfrute de visitantes. La pureza de estos entornos gallegos invita a contemplar una naturaleza virgen que parece sacada de contexto para el viajero.
En Catalunya, la comarca de La Garrotxa esconde el Gorg Blau de Sant Aniol d'Aguja, una poza de aguas frías y claras. Este rincón remoto exige una caminata previa, pero la paz y serenidad al llegar son recompensas inigualables para el aventurero. Por su parte, en Tarragona, el balneario de la Fontcalda se ajusta entre montañas junto al cauce del río Canaletes. Aragón ofrece joyas como las pozas de Bujaruelo en Huesca, accesibles desde el icónico puente de San Nicolás en el Pirineo. Sus aguas de azul profundo fluyen entre pinares, siendo un lugar perfecto para desconectar del bullicio del mundo. No podemos olvidar el Salto de Bierge en la Sierra de Guara, un oasis donde el río Alcanadre forma pozas. En Teruel destaca Beceite con la ruta del Parrisal, donde el río Matarraña ha horadado cañones espectaculares para el baño. El Pozo Pígalo en Luesia es otro enclave aragonés muy concurrido que recibe anualmente a miles de bañistas entusiastas.
Para quienes residen en Madrid, las piscinas de Las Presillas en Rascafría ofrecen un respiro gracias al río Lozoya. Rodeado de montañas en la Sierra de Guadarrama, este enclave se presenta como un auténtico oasis para los madrileños. Otra opción es la Hoya Encavera en la Sierra Norte, que brinda aguas cristalinas a solo una hora de la capital. En Castilla-La Mancha, el Parque de las Lagunas de Ruidera cuenta con quince lagunas protegidas que se conectan por cascadas. Las Chorreras del Cabriel en Cuenca son un espectáculo de rápidos y pozas turquesas formadas por el río. Este paraje se define como un caos de saltos con aguas de color esmeralda que invitan al baño. En Guadalajara, el Puente de San Pedro en Zaorejas ofrece un baño de altura en las aguas del Alto Tajo. Por último, en Albacete, la piscina de Letur permite disfrutar del murmullo del río tras un salto de agua espectacular.
Extremadura es una región rica en estos recursos, destacando la Garganta de los Infiernos en el hermoso Valle del Jerte. Su zona de Los Pilones ofrece pozas cristalinas moldeadas por la erosión del agua durante siglos de historia natural. En la Sierra de Gata, municipios como Acebo cuentan con las populares piscinas naturales de Jevero y Carreciá. Estas pozas se encuentran a resguardo en las faldas del monte Jálama, ofreciendo aguas puras alimentadas por arroyos. Las Charcas Verdes en Hervás son otro tesoro con pozas esculpidas en roca que parecen bañeras naturales. En Badajoz, la pureza del río Gévora en La Codosera invita incluso a truchas que comparten el espacio del baño. La Garganta de las Nogaledas completa la oferta extremeña en una zona montañosa donde abundan arroyos y piscinas naturales.
En la Comunidad Valenciana, la Fuente de los Baños en Montanejos destaca por su temperatura constante de veinticinco grados. Sus aguas mineromedicinales brotan entre paredes rocosas, ofreciendo un baño relajante similar a un antiguo balneario árabe. El Charco Azul de Chulilla cautiva por sus aguas turquesas rodeadas de impresionantes cañones y barrancos verticales. Este embalse exige seguir un sendero por el cañón del Turia que añade aventura a la jornada veraniega. Por otro lado, el Pou Clar d'Ontinyent presenta pozas de agua transparente horadadas directamente en la roca por el río Clariano. Cada pozo tiene un nombre propio, como el dels esclaus o el gelat, reflejando la identidad local del paraje. En Alicante, las Fuentes del Algar son un paraje espectacular de cascadas y saltos de agua cristalina.
Una lista interminable
Andalucía ofrece rincones sorprendentes como la playa de Ardales en Málaga, a orillas del embalse de Guadalhorce. Conocida como la playa del Caminito del Rey, es el premio perfecto tras realizar la ruta de senderismo más conocida. En Granada, el Río Verde es descrito como un parque acuático natural ideal para los amantes del barranquismo. Sus aguas de color esmeralda fluyen entre barrancos que desembocan finalmente en el Mediterráneo tras un recorrido espectacular. En Jaén, los Cañones del Puente de la Sierra están siendo recuperados para volver a brillar ante los bañistas.
Castilla y León cuenta con el Lago de Sanabria en Zamora, el lago natural más grande de toda España. Este paisaje glaciar se convierte cada verano en la zona de baño más concurrida del interior de la provincia. En Ávila, Arenas de San Pedro ofrece piscinas espectaculares en el río Arenal con aguas muy limpias. Aquí es posible nadar mientras las truchas pasan entre las piernas del visitante. La lista es interminable, pero en cualquier caso no hay excusa para no disfrutar de estas experiencias, pozas que son tesoros que debemos preservar para seguir disfrutando de su magia cada verano como una maravillosa alternativa si queremos refrescarnos lejos de las costas.