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Una ruta por el legado indiano en Asturias: las casas coloridas que cuentan parte de su historia

Roberto Ruiz

7 de marzo de 2026 22:37 h

Si viajas por Asturias y te fijas en algunas de sus casas más llamativas, es posible que te encuentres con fachadas de colores vivos, palmeras en el jardín, galerías acristaladas y una arquitectura que no termina de encajar con la tradición rural asturiana. No es casualidad. Son las llamadas casas indianas, viviendas levantadas por emigrantes que hicieron fortuna en América, que regresaron a su tierra con la idea de empezar una nueva vida y, ya puestos, mostrar lo bien que les había ido.

Durante décadas, miles de asturianos cruzaron el Atlántico buscando oportunidades en lugares como Cuba, México o Argentina. Algunos volvieron. Y cuando lo hicieron, dejaron una huella muy visible en pueblos y villas de toda la región. No solo a nivel particular, sino municipal también. 

Hoy, recorrer Asturias siguiendo el rastro de estas construcciones es también una forma distinta de entender su historia. De Somao a Colombres, pasando por otras pequeñas localidades del norte, las casas indianas dibujan una ruta llena de anécdotas, arquitectura singular y memoria emigrante. Un viaje corto en kilómetros, pero largo en historias.

Los indianos y el viaje que cambió Asturias

Entre mediados del siglo XIX y las primeras décadas del XX, miles de asturianos emigraron a América. La falta de oportunidades, la presión demográfica en el campo o simplemente el deseo de prosperar empujaron a muchos jóvenes a cruzar el Atlántico. Cuba, México, Argentina o Puerto Rico fueron algunos de los destinos más habituales.

No todos tuvieron éxito. Pero algunos sí lo lograron. Comerciantes, empresarios, propietarios de negocios o profesionales que, tras años (o décadas) de trabajo, decidieron regresar a su tierra natal.

Cuando volvían, lo hacían con dinero, con nuevas ideas y con una forma distinta de ver el mundo. Y eso se notó en la arquitectura. Las casas que construyeron en sus pueblos no se parecían precisamente a las viviendas tradicionales asturianas. Eran más grandes, más luminosas y, en muchos casos, estaban rodeadas de jardines donde no faltaban palmeras, magnolios o especies traídas de América.

Las fachadas solían ser coloridas, con torres, galerías acristaladas, balcones ornamentados y una clara vocación de destacar. No se trataba solo de construir una vivienda cómoda. También era una forma de mostrar el éxito alcanzado tras años de trabajo en el extranjero.

Pero la huella de los indianos no se quedó solo en sus casas. Muchos financiaron escuelas, hospitales, casinos, lavaderos públicos o infraestructuras para sus pueblos. Una forma de devolver a su lugar de origen parte de lo que habían conseguido lejos de casa.

Hoy, más de un siglo después, muchas de estas construcciones siguen en pie y forman parte de algunos de los paisajes más llamativos de Asturias.

Una ruta por las casas indianas de Asturias

Las casas indianas aparecen repartidas por buena parte del territorio asturiano, aunque hay zonas donde la concentración es especialmente alta. El oriente de la región, muy vinculado históricamente con la emigración a América, es uno de los mejores lugares para empezar a buscarlas.

En Llanes, por ejemplo, todavía se pueden ver varios ejemplos de este tipo de arquitectura en sus alrededores. Lo mismo ocurre en Ribadesella o en localidades cercanas como Villaviciosa, donde algunas villas destacan entre las construcciones tradicionales.

Una mención aparte merece Somao. Un pequeño pueblo del concejo de Pravia que está considerado uno de los conjuntos indianos mejor conservados de Asturias.

Situado en lo alto de una colina con vistas al valle del río Nalón, Somao llegó a tener una importante comunidad de emigrantes que hicieron fortuna en Cuba y otros países de América. A su regreso levantaron aquí llamativas casas en las que destacaban torres, galerías acristaladas, miradores, jardines y fachadas de colores suaves.

Entre los edificios más conocidos están El Marciel y la Casa de La Torre o Casa Amarilla. Muchas de estas viviendas siguen siendo privadas, pero el conjunto del pueblo permite hacerse una buena idea de cómo era ese mundo de ida y vuelta entre Asturias y América. Pero si hay un lugar donde esta historia se entiende especialmente bien, ese es Colombres.

Colombres, capital de la arquitectura indiana

En el extremo oriental de Asturias, muy cerca de la frontera con Cantabria, se encuentra Colombres. Esta pequeña localidad es considerada uno de los grandes referentes de la arquitectura indiana en España.

La razón es sencilla. Aquí se concentra un número muy elevado de casas construidas por emigrantes que regresaron de América con fortuna. Y muchas de ellas se conservan en muy buen estado.

Una de las más conocidas es la Quinta Guadalupe, un espectacular edificio rodeado de jardines que hoy alberga el Museo de la Emigración en Asturias. Un espacio que explica de forma clara y cercana cómo fue el fenómeno migratorio asturiano hacia América, qué llevó a tantas personas a marcharse y cómo influyó ese movimiento en la sociedad asturiana.

Pero la ruta por Colombres no termina ahí. Basta con pasear por sus calles para ir encontrando algunas de las villas indianas más llamativas del norte de España. El actual Ayuntamiento de Ribadedeva ocupa también un edificio de origen indiano. Muy cerca se encuentran construcciones como la Mansión del Abuelo, la Casa Roja o la Casa de Piedra, hoy Casa de Cultura, formando tres ejemplos muy diferentes entre sí pero igualmente representativos de esta arquitectura.

A ellas se suman otras villas destacadas como la Casona de Íñigo Noriega, La Solana, la Casa de los Leones o Las Palmeras. También aparecen edificios como Quinta Buenavista, las Casas Gemelas o la finca Las Raucas, cada una con su propia historia ligada a diferentes familias. Incluso hay pequeñas sorpresas como El Cantu, que hoy hace de albergue para jóvenes y escolares. 

Más allá de su arquitectura, Colombres mantiene muy viva esta herencia. Cada verano, en el mes de julio, la localidad celebra la Feria de Indianos, una fiesta que rinde homenaje a la cultura vinculada a la emigración hacia América.

Durante un fin de semana, el pueblo se transforma. Vecinos y visitantes se visten de época, aparecen mercados, música, gastronomía y todo tipo de actividades relacionadas con el mundo indiano. Es una forma festiva de recordar un fenómeno histórico que marcó profundamente a esta parte de Asturias. De hecho, no es casualidad que Colombres fuera reconocido como Pueblo Ejemplar de Asturias en 2015, un honor que también recibió Somao en 2020. Su arquitectura, su historia y la forma en que ha sabido conservar ese legado lo convierten en uno de los lugares más interesantes para entender el vínculo entre Asturias y (la no tan lejana) América.