España es un país de pueblos bonitos. Basta con desviarse unos kilómetros de las grandes carreteras para encontrar plazas tranquilas, cascos históricos bien conservados o calles que relajan hasta al urbanita más estresado. Pero entre todos ellos hay algunos que destacan no solo por su estética, sino también por el cuidado con el que han sabido mantener su patrimonio, su entorno y su forma de vida.
Con ese espíritu nació la asociación de Los Pueblos Más Bonitos de España, una red que reconoce a aquellas localidades que cumplen con más de 40 requisitos relacionados con la conservación arquitectónica, la integración en el paisaje, la calidad urbana o la oferta cultural. No basta con tener un bonito casco histórico, sino que los pueblos deben demostrar un compromiso real y sostenido con su identidad y su entorno, además de superar auditorías periódicas una vez forman parte de la red.
En 2026, cuatro nuevas localidades se suman a esta asociación: Alpuente, en el interior de Valencia; Oseira y Vilanova dos Infantes, en Ourense; y Santa Gadea del Cid, en la provincia de Burgos. Se incorporan así a una lista en la que en los últimos años han entrado pueblos como Comillas, Trujillo, Castrojeriz, Berlanga de Duero o Puentedey, reforzando una red que prioriza la calidad antes que la cantidad.
Alpuente (Valencia)
Alpuente se encuentra en el interior de la provincia de Valencia, en la comarca de Los Serranos, y es uno de esos pueblos que sorprenden desde lejos. Asentado sobre una gran mole de roca y rodeado de paisaje de montaña, conserva un trazado medieval que se recorre sin rumbo fijo. No es casualidad que sea el primer municipio de la provincia de Valencia en incorporarse a la asociación, pues aquí la historia se percibe en las calles, en las fachadas y en cómo la arquitectura se adaptó a la orografía del terreno.
El gran referente patrimonial de Alpuente es su castillo, de origen andalusí, cuyos restos dominan el casco urbano desde lo alto. A su alrededor se extiende un antiguo recinto amurallado y un entramado de calles estrechas que forman parte de un conjunto declarado Histórico-Artístico. A nuestro paso van apareciendo elementos como la Torre de la Aljama, antiguas casas señoriales, hornos medievales o la iglesia de Nuestra Señora de la Piedad, reflejo de las distintas etapas históricas que ha vivido la localidad.
Pero Alpuente no es solo piedra y pasado medieval. Su término municipal guarda uno de los conjuntos de huellas de dinosaurio más importantes de la Comunitat Valenciana, además de un museo paleontológico que ayuda a entender ese legado. A todo ello se suma un entorno natural ideal para el senderismo, antiguos huertos escalonados y un acueducto medieval que sigue marcando el paisaje. Un equilibrio poco común entre patrimonio, naturaleza y vida rural que explica su entrada en la red de Los Pueblos Más Bonitos de España.
Oseira (Ourense)
Oseira es una pequeña aldea del interior de Ourense donde el paisaje y la historia van de la mano. Rodeada de montes, bosques y silencio, su nombre está ligado de forma inseparable al Monasterio de Santa María la Real de Oseira, uno de los grandes conjuntos monásticos de Galicia. El pueblo creció a su alrededor y aún hoy mantiene ese aire pausado y recogido que invita a recorrerlo sin prisas.
Fundado en el siglo XII, el monasterio cisterciense es conocido como “El Escorial gallego” por sus dimensiones y su monumentalidad. Su arquitectura, sobria y sólida, combina elementos románicos, góticos y barrocos, con espacios tan destacados como la iglesia abacial, los claustros o la sala capitular. Más allá de los detalles artísticos, el conjunto impresiona por la sensación de equilibrio entre el edificio y el entorno natural que lo rodea.
La vida en Oseira sigue marcada por ese legado monástico. El ritmo tranquilo, los caminos que parten del monasterio y el paisaje verde que lo envuelve hacen de este lugar un destino ideal para quienes buscan calma y autenticidad. Senderos, antiguos molinos y el discurrir del río completan una experiencia muy ligada a la Galicia interior.
Santa Gadea del Cid (Burgos)
Santa Gadea del Cid es una de esas villas castellanas que conservan intacto su carácter medieval. Se encuentra en el norte de la provincia de Burgos, muy cerca del límite con Araba, en un entorno marcado por el valle del Ebro y los Montes Obarenes. Su tamaño es pequeño, pero su patrimonio es importante, y basta cruzar una de sus antiguas puertas para darse cuenta de que aquí la historia sigue muy presente.
El casco histórico, declarado Bien de Interés Cultural, mantiene parte de su antiguo sistema defensivo, con restos de muralla y dos puertas medievales que aún marcan el acceso a la villa. En el centro destaca la iglesia fortificada de San Pedro, un edificio imponente para las dimensiones del pueblo, que preside una plaza porticada donde tradicionalmente se celebraban los mercados. A pocos pasos, las calles empedradas y las casas de piedra con escudos nobiliarios refuerzan esa sensación de viaje al pasado.
En lo alto del pueblo, las ruinas del castillo recuerdan el papel estratégico que tuvo Santa Gadea del Cid como enclave fronterizo durante la Edad Media. En los alrededores, ermitas, antiguos monasterios y campos abiertos completan un paisaje sereno y muy ligado a la vida rural. Un conjunto bien conservado y respetado que explica su incorporación a la red de Los Pueblos Más Bonitos de España en 2026.
Vilanova dos Infantes (Ourense)
Vilanova dos Infantes es un pequeño núcleo medieval situado en el municipio de Celanova, en el interior de la provincia de Ourense. Antiguamente fue una villa independiente, y ese pasado se percibe todavía en la forma del pueblo y en el cuidado de su conjunto histórico. Desde la distancia ya se reconoce su silueta, con las casas de piedra agrupadas en torno a su Torre da Homenaxe.
La torre es el elemento más destacado del antiguo castillo, único vestigio de la fortaleza que protegía el burgo medieval. Reconstruida y bien conservada, hoy alberga un espacio expositivo dedicado a la historia y la vida de la comarca. A su alrededor se extiende un entramado de calles empedradas, plazas pequeñas y viviendas tradicionales en las que predominan la piedra, la madera y los hórreos, en un ejemplo muy cuidado de conservación patrimonial.
La vida cultural y las tradiciones siguen teniendo un peso importante en Vilanova dos Infantes. Fiestas como la romería etnográfica Raigame o la devoción a la Virxe do Cristal mantienen vivo el vínculo entre pasado y presente. Todo ello, junto a su entorno rural y su coherencia urbana, han hecho merecer su reconocimiento como uno de los pueblos más bonitos del país.