Todos los secretos de la peculiar ermita del interior de València que aspira a ser Bien de Interés Cultural

Ademuz, en el interior de València y dentro de la comarca del Rincón de Ademuz, conserva un patrimonio formado por restos medievales, arquitectura religiosa y vestigios de etapas anteriores. Entre todos estos elementos destaca la ermita de Nuestra Señora de la Huerta, considerada la construcción más antigua de la villa y uno de los edificios que mejor permiten conocer la evolución histórica del municipio. Su ubicación, junto al río Turia y en la parte baja del casco urbano, la sitúa además en uno de los puntos más reconocibles de la localidad.

El interés del templo no depende de un único elemento. Su aspecto actual responde a siglos de reformas, ampliaciones y añadidos que fueron dejando restos de distintas épocas. Sus orígenes se sitúan entre los siglos XII y XIII, aunque otras referencias llevan su configuración hasta el siglo XIV. Ese largo proceso explica que en el edificio convivan elementos románicos, góticos, renacentistas, barrocos y neoclásicos, algo poco habitual en una construcción de tamaño reducido.

A esta evolución se suman varios detalles que han convertido la ermita en una de las piezas más particulares del patrimonio local. La portada, el porche exterior, la distribución interior en tres naves y la decoración mural corresponden a diferentes momentos de su historia. Entre ellos destacan una inscripción en hebreo situada en la entrada y una pintura gótica dedicada a María Magdalena. Ambos elementos han contribuido a aumentar el interés por este pequeño templo más allá del ámbito comarcal y a reforzar su protección patrimonial durante los últimos años.

Los elementos más singulares de Nuestra Señora de la Huerta

La entrada reúne algunas de las características más particulares del edificio. La fachada cuenta con un porche sostenido por dos columnas toscanas que protege la portada de piedra. En el arco todavía pueden verse restos de policromía y, en esa misma zona, aparece una inscripción en lengua hebrea. Se trata de un detalle poco habitual en este tipo de templos y de uno de los elementos que más llaman la atención en el acceso.

En el interior, la planta rectangular se divide en tres naves separadas por dos series de arcos de tradición románica. Esta distribución forma parte de la estructura principal y permite reconocer una de las fases más antiguas de la construcción. Muros y bóvedas conservan además antiguos frescos y otros restos decorativos que muestran las distintas modificaciones realizadas con el paso de los siglos. El resultado es un espacio en el que pueden identificarse soluciones de épocas diferentes sin que todas respondan a un mismo estilo.

Entre las pinturas conservadas sobresale una representación de María Magdalena de estilo gótico, situada en uno de los arcos centrales. La obra está vinculada a las primeras etapas de la ermita y ha sido restaurada. Su conservación permite conocer parte de la decoración medieval que tuvo el edificio y añade interés al conjunto más allá de sus elementos arquitectónicos. Otros restos pictóricos ayudan también a seguir los cambios que experimentó el interior a medida que fue adaptándose a nuevas necesidades.

Las sucesivas intervenciones explican buena parte del aspecto que presenta hoy Nuestra Señora de la Huerta. Las fases románica y gótica conviven con modificaciones posteriores de carácter renacentista, barroco y neoclásico. En lugar de responder a una construcción realizada en un único momento, el templo conserva partes correspondientes a distintas épocas. Esta superposición permite seguir de forma bastante clara cómo fue cambiando la arquitectura religiosa de Ademuz durante varios siglos.

Otros lugares que completan el patrimonio de Ademuz

Nuestra Señora de la Huerta está protegida actualmente como Bien de Relevancia Local, aunque Ademuz ha impulsado su reconocimiento como Bien de Interés Cultural. En enero de 2026 se aprobó un informe favorable para aumentar su grado de protección. Ese pronunciamiento respalda la propuesta, pero no supone una declaración definitiva como BIC. La candidatura tiene en cuenta la antigüedad del inmueble, las diferentes etapas de su construcción y los elementos que todavía conserva tanto en el interior como en la portada.

El recorrido puede continuar en la parte alta del municipio, donde se encuentran los restos del castillo de Ademuz. Se trata de una fortaleza de origen musulmán de la que todavía permanecen algunos muros. Cerca de este punto aparecen también las ruinas de la ermita de Santa Bárbara. Ambos lugares forman parte de la historia de la localidad y permiten completar la visita con otros restos situados fuera del entorno inmediato de Nuestra Señora de la Huerta.

Otro de los principales edificios religiosos es la iglesia parroquial de San Pedro y San Pablo, construida entre los siglos XVI y XVII. Su cronología permite comparar una etapa posterior con la de la antigua ermita y observar cómo fueron cambiando las formas de construcción dentro del municipio. Los dos templos pertenecen a momentos diferentes y ofrecen una visión más amplia de la evolución de la arquitectura religiosa local sin necesidad de salir del casco urbano.

En los alrededores se encuentra además La Celadilla, un yacimiento arqueológico de época ibera que permite retroceder mucho más en la historia del territorio. Su presencia incorpora una etapa anterior al desarrollo medieval de Ademuz y añade una vertiente arqueológica al recorrido. Junto al castillo, las ruinas de Santa Bárbara, la iglesia parroquial y Nuestra Señora de la Huerta, este enclave permite conocer diferentes periodos del pasado del municipio concentrados en un espacio relativamente reducido.