El singular monumento de Cantabria que alberga el mayor bosque de secuoyas rojas de Europa

Bosque de Secuoyas.

Sofía Toraya

8 de septiembre de 2026 16:06 h

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En Cabezón de la Sal, un municipio situado en el corazón de Cantabria, se encuentra una maravilla natural: un majestuoso bosque de secuoyas gigantes que, en los ejemplares más llamativos, alcanzan los 40 metros de altura. Entrar en este bosque cántabro impresiona tanto por el tamaño de los árboles como por el verde que lo rodea, hasta el punto de recordar a los bosques de California, en Estados Unidos, pero sin salir de España.

Conocido formalmente como el Monumento Natural de las Secuoyas del Monte Cabezón, este espacio no solo constituye una rareza botánica en todo el continente, sino también un testimonio de la historia forestal de la zona, la planificación económica del siglo XX y la capacidad de la naturaleza para evolucionar con el paso del tiempo. La declaración de este enclave como espacio protegido ha permitido salvaguardar un patrimonio verde singular, aunque hay que mencionar que las plantas no son autóctonas, convirtiendo una antigua área de ensayos madereros en un espacio natural para quienes buscan desconectar de la rutina urbana.

El arbolado abarca una superficie aproximada de 2,5 hectáreas dentro del monte de Corona. Al cruzar la separación entre la flora y la vegetación características de la zona cantábrica y el territorio ocupado por las secuoyas, la percepción cambia notablemente. Las copas tupidas de estos árboles bloquean gran parte de la luz solar directa, que se filtra en haces sobre un suelo acolchado por acículas secas —hojas de los árboles que, con el paso del tiempo, se han ido desprendiendo de las ramas— y helechos autóctonos.

Secuoyas

La secuoya roja o secuoya de California se distingue por su rápido crecimiento en sentido vertical, con fustes rectilíneos y esbeltos y una corteza fibrosa de tonos rojizos y pardos, suave al tacto y extremadamente resistente a las plagas y al fuego. Su pariente cercano recibe el nombre de Sequoiadendron giganteum, secuoya gigante cuya copa tiene forma piramidal y un tronco extremadamente ancho en su base. Estas características botánicas convierten a la secuoya roja en un árbol robusto, capaz de adaptarse a suelos profundos y húmedos como los que predominan en buena parte del norte de España, aunque hay que mencionar que cada vez llueve menos.

En este rincón de Cantabria crecen exactamente 848 secuoyas, junto a un pequeño grupo de pinos. Cuando fueron plantadas, se colocaron muy juntas entre sí para aprovechar al máximo el terreno. Esto hizo que, desde pequeñas, compitieran por conseguir la luz del sol. Para no quedar a la sombra, crecieron rápidamente hacia arriba y, al no recibir luz en las zonas inferiores, fueron perdiendo las ramas más bajas.

Por eso, hoy en día sus troncos parecen columnas lisas que se elevan rectas hacia el cielo. Tienen un ancho de entre 1 y 2 metros y alcanzan alturas de entre 35 y 40 metros. La escasa distancia entre cada ejemplar fue la causante directa de que el sotobosque —capa de vegetación que crece cerca del suelo— quedara libre de ramas bajas, dando lugar a esa estética despejada que recuerda a las naves y columnas de una gran catedral de madera.

Para comprender el origen de este paraje es clave remontarse a la década de 1940, en plena posguerra y durante el periodo de autarquía, aunque existe un antecedente en 1926, durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera, cuando ya se recomendaba la plantación de especies de rápido crecimiento. En aquella época, las autoridades buscaban conseguir independencia en la producción industrial de madera.

Tras la imposición de normativas y planes de repoblación, en la segunda mitad de los años cuarenta se decidió probar con la plantación de secuoyas en el Monte Cabezón. Sin embargo, los árboles nunca llegaron a talarse para su uso maderero, lo que permitió que la masa forestal prosperara con el paso del tiempo hasta transformarse en un espacio protegido. El cambio en las necesidades de producción y la introducción de otras especies madereras hicieron que la tala de este lote quedara pospuesta de forma indefinida, favoreciendo el desarrollo natural de estos ejemplares.

Monumento Natural

En el año 2003, el Gobierno de Cantabria declaró el lugar Monumento Natural y, de esta manera, lo integró en la Red de Espacios Naturales Protegidos de la región. El nombre científico de la especie hace honor a Sequoyah, un indígena nativo de la tribu cherokee que creó un alfabeto para su pueblo. A pesar de que son árboles imponentes que alcanzan los 40 metros, se los considera ejemplares muy jóvenes, ya que se trata de una especie que puede vivir más de mil años y superar los cien metros de altura en su hábitat de origen. Algunos han llegado a alcanzar 115,55 metros en el Parque Nacional Redwood, situado al norte de San Francisco.

El parque se encuentra en la carretera que une Cabezón de la Sal con Comillas y cuenta con instalaciones para los visitantes, entre ellas un aparcamiento, un merendero y un mirador. Todo está unido por una red de caminos y por un recorrido entre los grandes troncos, además de contar con algunos tramos adaptados para personas con movilidad reducida. Monte Corona conecta, a través de sus pistas, este espacio con otras sendas naturales y miradores del Parque Natural de Oyambre, consolidando a las secuoyas como uno de los principales atractivos naturales y turísticos del norte peninsular.

La riqueza de la fauna del entorno complementa el atractivo de la ruta, siendo habitual el avistamiento de corzos, zorros y múltiples variedades de aves forestales que encuentran refugio entre las frondosas copas de la zona. Para asegurar la conservación de este ecosistema y evitar la compactación de la tierra cercana a las raíces, se han habilitado pasarelas de madera que guían el trayecto de los caminantes sin deteriorar el terreno.

La combinación de accesibilidad, valor ecológico e interés pedagógico sitúa a este rincón de Cabezón de la Sal como un destino vinculado al turismo sostenible en la cornisa cantábrica. Además, para completar la jornada, se puede acudir al pueblo de Cabezón de la Sal y recorrer sus calles, uno de los lugares conocidos de Cantabria.

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