El pueblo de Burgos conocido por albergar una piscina natural junto a una de las galerías inundadas más importantes del mundo

Pozo Azul.

Sofía Toraya

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Situado en el punto medio entre el embalse del Ebro, en Cantabria, y la ciudad de Burgos, se encuentra el pueblo de Covanera, dentro del municipio de Tubilla del Agua. En este pequeño núcleo burgalés se encuentra el Pozo Azul, una impresionante piscina natural y manantial kárstico cuyas aguas cristalinas, de tonos turquesas y verdosos, esconden una de las maravillas subterráneas más fascinantes de la geografía nacional y europea. El propio nombre de la localidad no es una simple coincidencia. Covanera proviene de la unión de dos términos: cova, cueva, y nera, negra, haciendo clara referencia a las oscuras cavidades y profundidades que horadan la rocosa geografía del valle del río Rudrón.

A simple vista, el Pozo Azul se presenta ante el visitante como un rincón natural de aguas que llaman la atención por su color, rodeadas por el paisaje de la comarca de Sedano y Las Loras. Sin embargo, este manantial no es un nacimiento fluvial convencional. Se trata de una surgencia kárstica del río Rudrón que no aparece directamente en la superficie, sino que brota desde lo más profundo del subsuelo. Esta particularidad geológica provoca que atravesar la poza suponga, en términos reales, penetrar directamente en el interior de la montaña que la rodea. Es un lugar tranquilo, aunque siempre hay que respetar las medidas de seguridad.

La limpieza y transparencia del agua es uno de los elementos que hacen llamativo al Pozo Azul. Además, la profundidad de la poza cambia de forma muy rápida y brusca. En la zona de entrada, el fondo cae de golpe hasta llegar a los 10 metros de profundidad. Cuando los rayos del sol chocan contra esta masa de agua tan limpia y profunda, se produce un efecto de luz que refleja ese tono azul turquesa tan característico.

Pozo Azul Covanera.

A pesar de la tranquilidad que transmite desde el exterior, bajo la superficie de este manantial se esconde un espacio de grandes dimensiones. Se trata de la cueva subacuática más larga de España y una de las más importantes de todo el planeta. Por este motivo, entre los buceadores se la conoce con el nombre del “Everest del espeleobuceo”, ya que adentrarse en sus túneles representa un reto de enorme dificultad, aunque para los amantes de este tipo de aventuras supone una experiencia única.

Las primeras exploraciones datan de los años 60. Desde entonces, buceadores y especialistas de varios países han ido descubriendo poco a poco el mapa de este lugar bajo la montaña. Se calcula que puede llegar a tener entre 20 y 30 kilómetros, pero hasta la fecha solo se han explorado 13 kilómetros de longitud. Un momento destacado tuvo lugar en el verano de 2013, cuando se logró un nuevo récord de distancia al descubrir más de un kilómetro de galerías secas por encima del nivel del agua.

Adentrarse en las galerías sumergidas es una actividad muy peligrosa. Por esta razón, entrar en la cueva está prohibido para el público general y solo se permite el paso a buceadores profesionales con mucha experiencia y certificaciones especiales.

Los tramos de la cueva

El recorrido por el interior de la cavidad no sigue una línea recta, sino que alterna zonas inundadas o sifones con salas secas con aire, lo que hace que se divida en varios tramos. La aventura comienza en el Primer Sifón —700 metros de largo y 20 de profundidad—, un paso muy estrecho que da acceso a la Galería 1, un río subterráneo de 300 metros donde se puede respirar. A continuación se abre el Segundo Sifón, la parte más arriesgada y peligrosa del trayecto, con más de cinco kilómetros sumergidos y 72 metros de profundidad, lo que obliga a los buceadores a avanzar amarrados a una cuerda para no perderse. Además de contar con experiencia previa, este tramo no es una opción para principiantes.

Cuando se sale del agua, se accede a la Galería 2, un espacio de 500 metros que destaca porque es la única cueva amplia y sin humedad de todo el conjunto. Se cree que esta sala se eleva hacia la montaña y podría estar conectada con la superficie, lo que concuerda con las historias de los ancianos sobre antiguos orificios que tapaban para proteger el ganado. Detectar ese acceso desde arriba facilitaría mucho el trabajo científico, al evitar tener que bucear durante horas para alcanzar este lugar tan interno en la roca.

El mapa subterráneo continúa más adelante con el Tercer Sifón —más de tres kilómetros de largo y 40 de profundidad— y la pequeña Galería 3. La zona más lejana alcanzada hasta hoy y menos estudiada está formada por el Cuarto Sifón, la Cuarta Galería, el Quinto Sifón, la Quinta Galería y el Sexto Sifón, un último tramo de 60 metros que marca el límite actual alcanzado por el ser humano. Hoy en día, el gran misterio sigue sin resolverse y nadie sabe todavía dónde ni cómo termina esta extensa red de galerías, por lo que se cree que se ha recorrido aproximadamente la mitad de todo lo que esconde la naturaleza bajo la superficie terrestre.

Las profundidades solo son aptas para personas con conocimientos previos, es decir, buceadores profesionales. Sin embargo, la piscina que se encuentra en la entrada está habilitada para todo el mundo. Eso sí, las temperaturas del agua son bajas, entre 9 y 11 grados. El pueblo de Covanera cuida el entorno y mantiene costumbres vinculadas al lugar. Una de ellas es la puesta del belén subacuático, una tradición que se lleva realizando durante los últimos 16 años. Los buzos del club Delfín Burgos son los encargados de colocar el nacimiento en el fondo justo antes de Navidad.

Más allá de sus llamativas profundidades, el Pozo Azul se ha consolidado como un punto de encuentro para amigos y familias, además de un lugar para disfrutar de la naturaleza y, para quienes toleran mejor el agua fría, darse un baño. La piscina permite bañarse en aguas transparentes rodeadas por el paisaje del valle del río Rudrón. Es también un espacio para hacer un descanso, refrescarse durante los meses de verano y contemplar desde la orilla un manantial marcado tanto por el azul de su superficie como por las galerías que se extienden bajo tierra.

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