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Semana Santa sin procesiones: siete refugios nacionales para desconectar entre naturaleza

Roberto Ruiz

21 de marzo de 2026 21:47 h

Para muchos, Semana Santa es el primer hito vacacional del año. Ese momento en el que hay días festivos y se puede aprovechar para cambiar de aires y salir un poco de la rutina. Pero claro, mientras que unos buscan ciudades llenas de procesiones y ambiente cofrade, con sus correspondientes aglomeraciones, otros prefieren justo lo contrario: bajar el ritmo, evitar bullicios y aprovechar para desconectar de verdad.

Si eres de los que huyen de la Semana Santa en Semana Santa, aquí es donde entran en juego los destinos rurales y de naturaleza. Lugares donde el plan pasa por caminar al aire libre, enlazar pequeños pueblos, asomarse a miradores, seguir el curso de un río o simplemente dejar que el tiempo vaya más despacio a nuestro alrededor. Son escapadas fáciles de encajar en pocos días, sin necesidad de grandes desplazamientos ni planes complicados, y que permiten volver con la sensación de haber aprovechado los días libres.

En España hay muchos rincones que encajan perfectamente con esa idea. Y si quieres evitar los destinos más típicos y frecuentados, echa un ojo a destinos como el Valle de Ricote y Cieza, en Murcia, o la isla de El Hierro, en Canarias, sin olvidar comarcas como el Matarraña, las sierras de Segura y Alcaraz, la Siberia extremeña, la sierra de las Villuercas o los Valles Pasiegos. Siete propuestas distintas que te mantendrán bien lejos de las procesiones. 

Valle de Ricote y Cieza (Murcia)

En el interior de la Región de Murcia, el Valle de Ricote aparece como un oasis inesperado. El río Segura marca un paisaje en el que la huerta y las palmeras contrastan con un entorno seco en cuanto te alejas del agua. Es una zona con una clara herencia andalusí que todavía se percibe en sus pueblos, pequeños y tranquilos. Cieza, en la parte alta del valle, suele ser la puerta de entrada, sobre todo en primavera, cuando el entorno se llena de color.

El plan aquí es sencillo y muy agradecido. Puedes recorrer pueblos como Blanca, Ojós o Ricote, siempre cerca del río, o acercarte a Abarán para ver su conjunto de norias, encargadas de elevar el agua del río para el regadío. También merece la pena explorar el Cañón de Almadenes, con rutas a pie junto al agua, y acercarse a enclaves como el yacimiento de Medina Siyasa o algunas cuevas con pinturas rupestres. Todo con distancias cortas y sin necesidad de grandes esfuerzos, lo que lo convierte en una escapada muy fácil de organizar en pocos días.

El Matarraña (Teruel)

En el este de la provincia de Teruel, el Matarraña es una de esas comarcas que sorprenden por lo poco conocidas que siguen siendo. Aquí el paisaje combina ríos, pinares y cultivos con una colección de pueblos de piedra que mantienen una estética muy cuidada. Hay cierta mezcla de influencias entre Aragón, Catalunya y la Comunitat Valenciana que se nota en la arquitectura y en el ambiente, pero sobre todo se percibe esa sensación de estar en un lugar tranquilo.

Una buena forma de recorrer la zona es ir enlazando algunos de sus pueblos más representativos, como Valderrobres, Beceite, Calaceite o La Fresneda, todos con cascos históricos bien conservados. Desde Beceite, además, se puede acceder al Parrizal, una de las rutas más conocidas, que sigue el curso del río entre pasarelas y desfiladeros. También hay pozas y cascadas como las de la Pesquera o el Salt de la Portellada, y opciones para moverse en bici por la Vía Verde de la Val de Zafán. Todo bastante accesible y perfecto para pasar unos días.

Sierras de Segura y Alcaraz (Albacete)

En el sur de la provincia de Albacete, las sierras de Segura y Alcaraz rompen por completo con la imagen más habitual de la región. Aquí el paisaje es de montaña, con bosques, agua y carreteras que se abren paso entre valles y cañones. Es un territorio amplio y poco masificado, ideal si buscas naturaleza sin demasiada gente y con margen para moverte a tu aire.

Uno de los puntos más conocidos es el nacimiento del río Mundo, dentro del Parque Natural de los Calares del Mundo y de la Sima, donde el agua surge con fuerza desde la roca. A partir de ahí, hay muchas rutas de senderismo y miradores, además de pueblos con bastante encanto como Aýna, Riópar, Letur o Alcaraz. También es una zona con presencia de cuevas y abrigos rocosos con arte rupestre, lo que suma un componente cultural a la escapada. Todo bastante concentrado, lo que facilita organizar el viaje sin grandes desplazamientos.

La Siberia extremeña (Badajoz)

Al noreste de la provincia de Badajoz, la Siberia extremeña es una de las grandes desconocidas del país. Declarada Reserva de la Biosfera, es un territorio amplio, con mucha presencia de agua gracias a sus embalses, y con una sensación de aislamiento que juega a su favor. Aquí el paisaje se abre en grandes horizontes, con dehesas, sierras suaves y ese contraste constante entre cielo, tierra y agua.

El plan pasa por moverse poco a poco entre algunos de sus embalses más conocidos, como los de Orellana, Cíjara o La Serena, y aprovechar para hacer rutas a pie o en bici. Es una zona muy interesante para la observación de aves y también para quienes buscan cielos limpios, ideales para la astronomía. A esto se suman miradores naturales (imprescindible la estampa del icónico Cerro Masatrigo rodeado de agua) y algunos restos históricos, como castros o pinturas rupestres, que aparecen casi sin esperarlo. Un destino fácil de encajar en una escapada corta.

Sierra de las Villuercas (Cáceres)

En el interior de la provincia de Cáceres, la sierra de las Villuercas es uno de esos paisajes que uno no esperaría encontrar aquí. Forma parte de un geoparque reconocido por la UNESCO, con un relieve muy particular de sierras paralelas y valles profundos que le da un carácter muy marcado. Es un territorio amplio, poco transitado y perfecto para quienes buscan naturaleza sin ruido.

La mejor forma de conocerlo es a través de sus rutas de senderismo, que permiten entender bien la forma del paisaje y enlazar distintos miradores. Guadalupe es el principal punto de referencia, tanto por su valor histórico como por su ubicación dentro del geoparque, y puede servir como base para moverse por la zona. A partir de ahí, hay muchas opciones para recorrer caminos, observar fauna o simplemente disfrutar del entorno ajenos a las procesiones de Semana Santa.

Valles Pasiegos (Cantabria)

En el interior de Cantabria, los Valles Pasiegos ofrecen una imagen muy reconocible del norte: prados verdes, colinas suaves y cabañas dispersas en el paisaje. Es un territorio moldeado por la actividad ganadera, donde el paisaje parece estar posando para un cuadro. Aquí no hay grandes sitios que visitar sí o sí, sino una suma de pequeños lugares que invitan a parar, a respirar aire puro y a probar cosas tan ricas como los sobaos y las quesadas pasiegas. 

La zona se organiza en torno a los valles de los ríos Pas, Pisueña y Miera, que se pueden recorrer enlazando carreteras locales y caminos estrechos. Hay rutas de senderismo para todos los niveles, miradores naturales y muchos rincones donde simplemente detenerse a observar la belleza que nos rodea. También es fácil combinar varios pueblos en un mismo día, siempre con distancias cortas. Un destino muy agradecido para desconectar sin necesidad de planificar demasiado.

El Hierro (Islas Canarias)

El Hierro es una de las islas más tranquilas y menos transitadas de Canarias, con el permiso de La Gomera y La Graciosa, claro. Aquí no hay grandes complejos hoteleros ni un ritmo acelerado, sino un paisaje volcánico que cambia constantemente y una sensación bastante clara de estar lejos de todo. Es un destino que invita a bajar el ritmo desde el primer momento, porque la isla es así, amable y pausada. 

Se recorre con facilidad en coche, enlazando miradores como el de La Peña con zonas de costa donde aparecen piscinas naturales y tramos de lava que se adentran en el mar. En el interior, destacan espacios como el Sabinar o la Dehesa, donde el viento ha moldeado la vegetación de forma muy característica. También hay muchas opciones de senderismo, con rutas bien señalizadas y paisajes muy variados en distancias cortas. Y si por casualidad te gusta bucear, el Mar de las Calmas es un pequeño tesoro sumergido.