El sendero por un bosque mágico de Aragón conocido por su riqueza micológica y perfecto para recorrer en otoño

El otoño cambia poco a poco el aspecto de los bosques. Mientras algunas especies empiezan a perder las hojas, otras mantienen el follaje y, si se dan las condiciones adecuadas de humedad y temperatura, comienzan a aparecer las esperadas setas. Para quienes disfrutan de la micología, salir al monte no consiste solo en buscarlas: también implica fijarse en el tipo de suelo, la vegetación y el entorno en el que crecen.

En Aragón, el Moncayo reúne paisajes muy diferentes en torno a un mismo macizo. Su situación entre el valle del Ebro y las tierras castellanas, unida a los cambios de altitud, hace que la vegetación varíe bastante de una ladera a otra. Esa diversidad se aprecia especialmente en sus bosques y ayuda a explicar por qué la zona se ha convertido en un lugar de referencia para los aficionados a las setas y para los municipios próximos.

Uno de esos pueblos es San Martín de la Virgen de Moncayo, en la provincia de Zaragoza. Allí, la micología también sirve como punto de partida para una propuesta diferente, pensada para recorrer el bosque sin que recoger setas sea el objetivo principal. Se trata del Bosque Encantado, un itinerario al aire libre que invita a conocer la sierra a través del paisaje, los elementos del camino y las historias vinculadas a este entorno.

Una ruta para conocer la naturaleza con los cinco sentidos

El Bosque Encantado parte de una idea sencilla: dedicar tiempo a observar lo que ocurre en el medio natural. Su recorrido toma los cinco sentidos como punto de partida para que quienes lo visitan atiendan a algo más que las vistas. La propuesta invita a escuchar, mirar y percibir las particularidades del espacio forestal, en lugar de centrarse únicamente en llegar al final de una ruta. De esta manera, caminar sirve también para reconocer elementos que podrían pasar inadvertidos en una salida habitual.

Esa atención a los detalles se relaciona con la forma en que se presenta la naturaleza del Moncayo. El itinerario aborda los distintos componentes de sus ecosistemas y ayuda a entender que el paisaje no está formado solo por árboles. Bajo la vegetación y en el suelo se desarrollan organismos que participan en el funcionamiento de estos ambientes. Los hongos son uno de ellos y ocupan una parte del contenido de la experiencia, aunque el recorrido no se plantea como una actividad dedicada a recoger setas.

Otra parte de la propuesta se apoya en las historias de la montaña. El paseo incorpora referencias vinculadas al territorio para que los visitantes puedan conocerlo desde una perspectiva que complementa la observación de la vegetación. De este modo, el entorno se presenta como un lugar con características naturales propias y con relatos asociados a él. No se trata simplemente de atravesar un bosque, sino de comprender por qué este espacio tiene significado para la localidad y sus alrededores.

El Moncayo, una montaña con una gran diversidad natural

La explicación empieza por su relieve. Con 2.315 metros, el pico de San Miguel constituye la máxima altura del Sistema Ibérico. El macizo se alza entre el valle del Ebro y la meseta castellana, una situación que lo convierte en un punto de transición entre dos grandes ámbitos ambientales. Por un lado están las condiciones propias de las zonas eurosiberianas, más frías y húmedas; por otro, las del mundo mediterráneo, caracterizado por temperaturas más cálidas y una mayor sequedad.

La montaña también intercepta los frentes procedentes del Atlántico. Esa aportación de humedad, sumada a la altitud y a la orientación de sus laderas, explica parte del contraste con los territorios cercanos. A ello se añade una geología variada, que ha originado suelos de características distintas. La combinación de todos estos factores condiciona qué plantas pueden crecer en cada área y contribuye a la diversidad de ambientes que conserva el Parque Natural del Moncayo.

La vertiente septentrional concentra algunas de las formaciones más asociadas a las condiciones frescas: robledales, hayedos, pinares y abedulares. En el lado sur, el paisaje cambia y aparecen muelas calcáreas, barrancos, cuevas y peñas. Las diferencias no se limitan a las formas del terreno. En los sectores más cálidos se desarrollan coscojas, aliagas y tomillos, especies adaptadas a ambientes distintos de aquellos en los que prosperan las masas arboladas de la cara norte.

Esta variedad de hábitats también tiene reflejo en la fauna. En el espacio protegido se han observado y catalogado más de cien especies de aves, un dato que permite hacerse una idea de su diversidad biológica. Los hongos forman parte de esa riqueza y, además de su función en los ecosistemas, tienen presencia en la cocina de las poblaciones próximas. Su aprovechamiento gastronómico es una de las razones por las que la micología está ligada a la identidad de San Martín de la Virgen de Moncayo.

El parque se extiende por nueve términos municipales de Zaragoza, distribuidos entre las comarcas de Tarazona y el Moncayo, Campo de Borja y Aranda. San Martín de la Virgen de Moncayo es uno de ellos y cuenta con esta propuesta para conocer el medio forestal a pie.