El bosque zamorano que alberga más de 800 especies de setas y es perfecto para los amantes de la micología
En otoño, algunos paseos por el monte se hacen con la vista puesta en el suelo. Muchas personas aprovechan sus salidas al campo para buscar setas, aprender a reconocerlas o simplemente fotografiarlas. Esta afición permite fijarse en aspectos del entorno que pasan más desapercibidos durante una caminata habitual. No hace falta recoger hongos para disfrutar de la actividad, aunque quienes quieran llevárselos deben conocer qué pueden hacer y en qué lugares está permitido.
La variedad de paisajes forestales de Castilla y León permite encontrar entornos diferentes para practicar la micología. En algunas zonas, la recogida constituye además un aprovechamiento del monte ligado a los pueblos cercanos. Por eso, una escapada de este tipo no depende solo de elegir un camino, también importa saber qué territorio se va a recorrer y qué condiciones se aplican cuando la visita tiene como objetivo buscar ejemplares para su consumo o para otros usos.
Una de esas áreas se encuentra en el noroeste de Zamora, donde varias localidades comparten un extenso territorio dedicado al aprovechamiento regulado de setas. Se trata del Parque Micológico Montes del Noroeste Zamorano, que reúne diferentes ambientes vegetales y se puede visitar desde distintos puntos de la provincia. Es un lugar de interés tanto para quienes ya tienen experiencia buscando hongos como para aquellos que quieren empezar a conocerlos, con posibilidades de observación en diferentes épocas del año.
Un gran bosque que se extiende por el noroeste de Zamora
Una de las características de este parque es su tamaño. Su superficie supera las 21.000 hectáreas y comprende terrenos forestales de once municipios. No se trata de un recinto cerrado ni de un bosque que pueda recorrerse por completo siguiendo un mismo camino, sino de una extensión de monte con diferentes sectores y paisajes que cambian según la vegetación de cada zona.
Su territorio incluye San Pedro de Ceque, Santibáñez de Vidriales, Brime de Sog, Espadañedo, Asturianos, Peque, San Vitero, Riofrío de Aliste, Trabazos, Ferreruela de Tábara y Viñas de Aliste, junto con sus pedanías. Esta distribución permite acercarse al entorno desde distintas localidades, por lo que antes de organizar una excursión conviene identificar el área concreta que se quiere visitar.
La variedad de ambientes naturales es uno de los aspectos que explican el interés micológico del lugar. Las diferencias entre las formaciones vegetales favorecen la presencia de distintas clases de hongos, de manera que los ejemplares que pueden aparecer en un sector no tienen por qué ser los mismos que en otro. Esto permite organizar recorridos por zonas diferentes sin encontrar necesariamente las mismas características forestales.
El valor ambiental de estos montes también está reconocido mediante distintas figuras de protección. Parte del territorio está comprendida en la Reserva de la Biosfera Transfronteriza Meseta Ibérica y en espacios pertenecientes a la Red Natura 2000, dos designaciones relacionadas con la conservación de la biodiversidad y los hábitats naturales.
El área regulada, además, ha aumentado su extensión mediante la incorporación de otros terrenos. La ampliación comprende Camarzana de Tera, Rabanales de Aliste, San Vicente de la Cabeza, Manzanal del Barco, Losacino, Pedralba de la Pradería, Carbajales de Alba y Gallegos del Río, con sus correspondientes pedanías.
En conjunto, ambas zonas suman más de 27.000 hectáreas, aunque es importante distinguir esta cifra de la superficie que ocupa únicamente el parque. Los dos espacios pertenecen a la red Micocyl, con las identificaciones PMZA-50.001 para el recinto original y ZA-50.024 para los terrenos incorporados posteriormente.
Más de 800 especies de setas y las normas para recolectarlas
En los montes de esta parte de Zamora se han documentado más de 800 especies de setas, una cifra que refleja la diversidad de hongos presentes en el territorio. Entre las variedades citadas aparecen boletus, níscalos, chantarelas, cucurriles, roquiles y carrileiras, aunque no todas se desarrollan en los mismos lugares ni pueden encontrarse durante una misma salida.
La presencia de estos organismos está relacionada con las características de los diferentes hábitats, por lo que el lugar elegido influye en las especies que pueden observarse. Para los aficionados, recorrer distintas zonas permite conocer esa variedad sin que la experiencia tenga que centrarse necesariamente en recoger ejemplares para consumirlos.
De hecho, una de las principales precauciones al salir a buscar setas es saber reconocerlas. Algunas especies pueden generar dudas a quienes no tienen experiencia, por lo que nunca deben consumirse ejemplares que no hayan sido identificados con seguridad. Cuando no se conoce una variedad, lo más prudente es dejarla en el monte.
Quienes sí quieran recolectar deben disponer de una autorización. Existen diferentes modalidades según la procedencia de la persona, el tiempo durante el que vaya a utilizarse el permiso y si la recogida tiene una finalidad recreativa o comercial. Una misma autorización sirve para los dos espacios regulados, sin necesidad de tramitar documentos independientes.
Cada permiso es individual y no puede utilizarlo otra persona. Además, durante una inspección debe presentarse junto con el DNI o un documento identificativo equivalente. Los menores de 14 años no necesitan solicitar uno propio, pero deben ir acompañados de un adulto autorizado para poder participar en la recogida.
También conviene utilizar material apropiado. Las cestas de mimbre permiten transportar las setas con ventilación y pueden contribuir a dispersar algunas esporas durante el recorrido, aunque esto no garantiza que aparezcan nuevos ejemplares en la siguiente temporada. Una navaja micológica, por su parte, permite realizar cortes con cuidado, procurando no alterar innecesariamente el suelo donde se desarrolla el micelio.
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