La mujer que acabó en la horca en Terrassa en 1619 tras confesar que podía provocar tormentas con brujería

El ayuntamiento recurrió a Joan Font, un delator que decía reconocer señales demoníacas en la espalda de las sospechosas

Héctor Farrés

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El caldero humeante aparece en muchas representaciones actuales de brujas, que preparan en él pócimas y hechizos de todo tipo. Ese recipiente forma parte del retrato popular de la bruja, una figura que suele llevar sombrero puntiagudo, ropa oscura y escoba voladora.

En cuentos, películas y disfraces puede ser una anciana de nariz ganchuda, acompañada por un gato negro, aunque también aparece como una joven que aprende magia o ayuda a otros porque sus intenciones son buenas.

Sus poderes incluyen lanzar maldiciones, transformar seres vivos y alterar fenómenos naturales, una facultad que durante siglos dejó de ser entretenimiento para convertirse en motivo de persecución.

Un tribunal de Terrassa envió seis mujeres a la horca

La supuesta capacidad de provocar tormentas figuró entre las acusaciones contra Margarita Montllor, conocida como Margarita Tafanera, ahorcada en Terrassa en octubre de 1619. El tribunal civil local la condenó por brujería junto a otras cinco mujeres, identificadas como Joana de Toy, Joana Savina, Micaela Casanovas, Eulàlia Totxa y Guillermina Font. La sentencia se fechó el 26 de octubre y la ejecución se sitúa al día siguiente, en Pedra Blanca, a las afueras de la localidad.

Una estimación cifra en más de 400 las mujeres ejecutadas en Catalunya entre 1616 y 1622

Las tormentas atribuidas a aquellas mujeres no eran fenómenos que hubieran causado, sino daños agrícolas explicados entonces mediante acusaciones sobrenaturales. Una tradición relacionada con Terrassa situaba sus reuniones en el Pla del Bonaire, donde supuestamente orinaban juntas dentro de un agujero excavado en el suelo.

Después golpeaban el líquido con ramas o varas, y el relato aseguraba que de allí surgía una nube capaz de descargar granizo sobre los cultivos. La descripción pertenece al imaginario de la brujería y no constituye prueba de que se celebrara semejante ceremonia.

La familia Tafaner afrontó dificultades económicas y peleas violentas

Mucho antes de aquella condena, Margarita había llegado a Terrassa hacia 1591, cuando tenía unos 16 años y probablemente iba a casarse con Bernat Tafaner. Su marido pertenecía a una familia de tejedores de lana que vivía en la calle de Calabruixa, posteriormente denominada calle de Baix.

La documentación describe dificultades económicas y conflictos frecuentes en el entorno familiar, donde también vivían sus tres hijos, Juan, Narcís y Jaume. Un hermano de Margarita, Jaume Montllor, residía cerca y protagonizó enfrentamientos violentos con sus sobrinos, incluidos insultos, agresiones y disparos.

Las malas cosechas alimentaron acusaciones contra mujeres marginadas

La vulnerabilidad social de las acusadas coincidió con una época en que las pérdidas agrícolas podían desencadenar miedo y búsqueda de culpables. Catalunya sufrió inundaciones devastadoras en noviembre de 1617, recordadas popularmente como las del año del diluvio, en medio de otras penurias económicas.

Las granizadas y las cosechas destruidas se interpretaban a veces como resultado de actos de brujería, especialmente cuando las sospechas recaían sobre mujeres marginadas. Ese clima ayuda a comprender la persecución, pero no convierte los desastres naturales en consecuencia de ninguna conducta humana sobrenatural.

El ayuntamiento recurrió a un buscador de marcas demoníacas

La sospecha contra Margarita, sin embargo, era anterior a aquellas inundaciones, pues ya había sido acusada de brujería en 1615. Fue detenida cuando intentaba huir y permaneció varios meses en las cárceles secretas de la Inquisición de Barcelona. Joana Farrés declaró contra ella y la acusó de obedecer órdenes de Satanás durante el proceso abierto por las autoridades de la época. La causa terminó desestimada y Margarita quedó libre, aunque el regreso a Terrassa no puso fin a las acusaciones.

En mayo de 1619 volvió a ser detenida, después de nuevos conflictos vecinales y de que circularan acusaciones sobre su comportamiento. El ayuntamiento había recurrido a Joan Font, un delator de Sallent que afirmaba reconocer una marca demoníaca en la espalda de las sospechosas. Encerrada en el castillo de Terrassa, Margarita sufrió violencia pública hasta acabar aceptando las imputaciones formuladas contra ella.

La persecución por brujería dejó más de 400 ahorcadas

Su confesión incluía la preparación de venenos, la asistencia a reuniones con el demonio y la capacidad de desencadenar pedregadas. La alcaldía impulsó el proceso civil que terminó con las condenas, pese a la intervención inquisitorial anterior que había permitido su liberación.

El caso formó parte de una persecución mucho más extensa, desarrollada en Catalunya especialmente durante las primeras décadas del siglo XVII. Una estimación sobre aquella persecución cifra en más de 400 las mujeres ahorcadas por brujería entre 1616 y 1622.

Las confesiones obtenidas mediante tortura reflejaban las creencias y exigencias de los interrogadores, no poderes meteorológicos demostrados. Para Margarita y las demás condenadas de Terrassa, aquellas acusaciones sacadas por la fuerza terminaron en la horca de Pedra Blanca.

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