¿Pueden los niños recordar una vida anterior? Una investigación de 1.678 casos descubre coincidencias llamativas en sus relatos

Los archivos históricos permitieron ampliar una hipótesis anterior

Héctor Farrés

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Las familias que no creen en la reencarnación han dado una sorpresa a los investigadores de la Universidad de Virginia, precisamente por sus creencias religiosas. Entre los niños que afirman recordar otra vida, la relación entre una muerte imprevista y un intervalo más corto hasta el supuesto renacimiento resultó más intensa en hogares cuyas religiones rechazan esa posibilidad.

El resultado desconcertó al equipo, que había considerado la influencia de las creencias familiares como una posible explicación de los testimonios. Philip Cozzolino, investigador de la universidad, señaló que esa diferencia persistía después de examinar diversos factores culturales y psicológicos.

El estudio examinó 1.678 relatos infantiles sobre vidas anteriores

Esa comparación forma parte de una investigación de la Universidad de Virginia que examinó 1.678 expedientes de menores que afirmaban recordar experiencias anteriores a su nacimiento. El estudio, publicado en Psychology of Consciousness: Theory, Research, and Practice, encontró una asociación entre las circunstancias de la muerte de una persona identificada en los relatos y el tiempo transcurrido hasta el nacimiento del niño. Los autores subrayan que el análisis describe relaciones estadísticas dentro de una colección de testimonios y no constituye una demostración de la reencarnación.

Los científicos pidieron nuevas comprobaciones independientes

La investigación actual retoma una hipótesis formulada décadas atrás, cuando otros especialistas observaron diferencias temporales relacionadas con las muertes violentas. En 1988, el psicólogo N. K. Chadha y el psiquiatra Ian Stevenson estudiaron 326 expedientes y encontraron una tendencia semejante, aunque sus resultados presentaban limitaciones estadísticas. Saeedeh Sadeghi, investigadora posdoctoral y autora principal del nuevo trabajo, explicó que el equipo quería comprobar aquella relación con una muestra mayor y examinar si las circunstancias sociales podían explicarla.

Para reunir esa muestra, los científicos recurrieron a una colección que la División de Estudios Perceptuales de Virginia desarrolla desde los años 70. Stevenson impulsó las primeras investigaciones sobre niños que relataban experiencias atribuidas a personas fallecidas. Según recoge Deutsche Welle, entre los testimonios conocidos figura el de James, un niño de Luisiana que habló de un piloto de la Segunda Guerra Mundial, y el de Ryan, de Oklahoma, cuyo relato se relacionó con un antiguo agente de Hollywood. Son ejemplos de las correspondencias investigadas, no pruebas de que los menores hubieran vivido anteriormente.

Los expedientes seleccionados permitían relacionar las declaraciones infantiles con una persona fallecida identificada, condición necesaria para comparar las fechas de muerte y nacimiento. El equipo clasificó los fallecimientos según fueran naturales o provocados por accidentes, violencia o suicidio. También examinó la edad de la persona fallecida y hasta qué punto su muerte podía preverse. Para valorar posibles explicaciones alternativas, consideró las creencias religiosas y la circulación previa de información entre familias, incluida la posibilidad de que los niños hubieran escuchado historias ajenas y las incorporasen a sus relatos.

Los intervalos variaron según la muerte, pero persisten dudas

Al comparar los intervalos, los investigadores encontraron una mediana de 16 meses entre el fallecimiento identificado y el nacimiento del menor. En los casos de muertes más previsibles, esa cifra rondaba los 21 meses, frente a unos 12 meses cuando el fallecimiento había sido completamente imprevisto. El comunicado de la Universidad de Virginia describe una reducción media cercana al 40% en los casos más extremos. Estas cifras indican una asociación dentro de los expedientes estudiados, pero no permiten establecer que las circunstancias de una muerte determinen el nacimiento posterior de otra persona.

Las muertes imprevistas se asociaron con intervalos de 12 meses

La principal cautela aparece al valorar cuánto explica realmente esa asociación, porque su capacidad estadística para anticipar la duración del intervalo es reducida. Según la información publicada por DW, el carácter imprevisto del fallecimiento explica aproximadamente entre el 2% y el 3% de las diferencias observadas. Los expedientes proceden, además, de una colección de casos seleccionados, y resulta difícil descartar por completo la transmisión de información o las identificaciones retrospectivas.

Marieta Pehlivanova, investigadora de la Universidad de Virginia, considera necesario continuar examinando estas pautas. Para determinar su alcance harán falta nuevas comprobaciones independientes y métodos capaces de distinguir mejor entre las distintas explicaciones posibles.

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