Las huellas de leones de la Edad de Hielo revelan cómo eran estos depredadores gracias a dos formas distintas de estudiar su pasado
Las pisadas de un león pueden durar mucho más que el propio animal, y las encontradas en la reserva sudafricana de Goukamma llevan unos 70.000 años esperando a que alguien las interprete. La arena acabó convertida en roca y conservó marcas que permiten reconstruir una escena de la vida salvaje del Pleistoceno.
Dos impresiones de gran tamaño, de 15 y 17 centímetros, corresponden a un animal pesado. Otras señales, menos profundas y parcialmente cubiertas por arena, apuntan a un segundo león, probablemente una hembra que avanzaba en la misma dirección.
Los rastreadores indígenas ayudaron a interpretar tres yacimientos
Esa interpretación forma parte de una investigación publicada en la revista South African Journal of Science, dedicada a tres yacimientos de pisadas fósiles de grandes felinos en la costa meridional de Sudáfrica. El estudio, desarrollado por investigadores del Cape South Coast Ichnology Project junto con rastreadores indígenas ju/’hoansi, identifica rastros de leones y propone explicaciones sobre sus movimientos. La colaboración ha permitido reconocer comportamientos que las primeras inspecciones científicas no habían conseguido determinar.
El trabajo conjunto comenzó a tomar forma en 2023, cuando expertos en rastreo de la comunidad ju/’hoansi viajaron desde la región namibia de Nyae Nyae para examinar superficies rocosas de la costa sudafricana. #oma Daqm y /uce Nǂamce, reconocidos por su experiencia siguiendo animales en el desierto del Kalahari, aportaron criterios aprendidos mediante la observación de rastros recientes. Los científicos realizaron sus propias evaluaciones antes de intercambiar interpretaciones con ellos, para reducir posibles influencias entre ambos grupos. Después contrastaron las conclusiones con modelos tridimensionales obtenidos mediante fotogrametría.
Ese procedimiento resultó decisivo en la reserva natural de De Hoop, donde los investigadores habían encontrado dos pisadas próximas y orientadas hacia el mismo lado. Su atribución inicial a un gran felino era provisional, porque las marcas conservaban pocos detalles. Tras examinarlas y debatir entre ellos en su lengua, los rastreadores las identificaron como señales de un león agazapado, preparado para abalanzarse sobre una presa. La posición de las patas explicaba que ambas impresiones aparecieran prácticamente juntas. Una pequeña marca lateral también podía corresponder al desplazamiento de una pata sobre la arena.
Las garras indicaron un ascenso por la pendiente
Para comprender por qué esas señales han sobrevivido, hay que remontarse a un litoral muy diferente del actual, sometido a grandes variaciones del nivel del mar. En algunos periodos, la costa se encontraba hasta 100 kilómetros más al sur y dejaba al descubierto la extensa llanura de Paleo-Agulhas, habitada por grandes mamíferos.
Las dunas arenosas conservaron pisadas que posteriormente quedaron cementadas. Desde 2008, el proyecto de icnología de la Universidad Nelson Mandela ha localizado más de 400 yacimientos de rastros de vertebrados en esta región, donde las superficies erosionadas permiten examinar antiguos desplazamientos animales.
Entre esos hallazgos figura un tercer emplazamiento situado al este de Witsand, al pie de unos acantilados donde la roca presenta una inclinación aproximada de 30 grados. Allí, los investigadores habían reconocido marcas de animales grandes sin conseguir determinar su origen.
Los rastreadores atribuyeron las impresiones a un macho y una hembra de león cuyos recorridos se cruzaron sobre la pendiente. También interpretaron las señales de garras como consecuencia del esfuerzo necesario para ascender por aquella superficie inclinada. Esa lectura dio una explicación conjunta a la dirección de los rastros y a la forma de las marcas.
Las huellas no permiten identificar al león del Cabo
Las identificaciones amplían un registro fósil extraordinariamente escaso, ya que estos tres lugares son los únicos yacimientos de pisadas de león descritos hasta ahora en África austral. Sin embargo, solo Goukamma cuenta con una datación obtenida directamente, mientras que las edades de De Hoop y Witsand siguen siendo estimaciones geológicas. Tampoco es posible establecer a partir de las pisadas si pertenecían al denominado león del Cabo, cuya consideración como subespecie diferenciada está discutida.
Los investigadores reconocen, además, que la conservación desigual de las marcas limita algunas comparaciones y que parte de los matices de las deliberaciones en ju/’hoan puede perderse al traducirlas. La investigación deja así identificaciones respaldadas por observaciones compartidas, junto con incertidumbres que las propias rocas todavía no permiten resolver.
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