Un comerciante convirtió un naufragio de 1629 en una pesadilla al ordenar matar a supervivientes para conservar las provisiones y ahora estudian su posible psicopatía empresarial
Un grupo de soldados quedó apartado del campamento principal mientras Jeronimus Cornelisz reorganizaba a los supervivientes bajo el pretexto de buscar agua. Los hombres recibieron instrucciones para trasladarse a otra isla, donde tendrían que encontrar por sus propios medios aquello que necesitaban para subsistir. Cornelisz permaneció con sus partidarios y comenzó a decidir qué personas conservarían acceso a las provisiones, mientras los demás esperaban órdenes sin saber cuánto tiempo podrían resistir.
Cuando uno de los náufragos intentó averiguar qué ocurriría con los ausentes, un hombre del nuevo grupo dirigente le indicó que regresara junto a los demás. La advertencia bastó para interrumpir la conversación, porque cualquiera que discutiera las decisiones podía terminar separado del campamento. Cornelisz había conseguido que una orden aparentemente relacionada con la supervivencia determinara quién permanecía protegido por sus hombres y quién quedaba abandonado a su suerte.
El comportamiento de Cornelisz, comerciante de la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales, ha sido examinado por Clive Boddy, investigador especializado en psicopatía empresarial de la Universidad Anglia Ruskin. En un estudio publicado en Asian Journal of Business Ethics, Boddy sostiene que el comerciante reunía los diez rasgos de una escala diseñada para evaluar conductas psicopáticas en puestos directivos. Su conclusión procede del análisis de testimonios históricos, no de una evaluación clínica del propio Cornelisz.
Cornelisz aprovechó el naufragio para eliminar cualquier oposición
La compañía había sido fundada en 1602 y está considerada la primera multinacional propiedad de accionistas. Disponía de un monopolio comercial concedido por el Estado neerlandés y de atribuciones extraordinarias, entre ellas mantener tropas, emprender guerras y establecer colonias. Cornelisz ocupaba un puesto comercial subordinado cuando el Batavia naufragó en 1629 frente a la costa occidental de Australia. Los oficiales superiores partieron en busca de ayuda y él quedó como el representante de mayor rango de la empresa entre unos 200 supervivientes.
Su primera medida para dominar el campamento fue modificar el órgano encargado de tomar decisiones. Sustituyó a los integrantes legítimos de un consejo de cuatro personas por hombres comprometidos con el motín. Después exigió juramentos personales de lealtad. Así consiguió que quienes debían supervisar sus órdenes fueran precisamente quienes dependían de su autoridad.
La siguiente operación consistió en dispersar a posibles adversarios. Cornelisz envió grupos a otras islas con la misión aparente de encontrar agua dulce, aunque, según la interpretación de Boddy, esperaba que murieran de sed o hambre. La separación impedía que los supervivientes organizaran una oposición conjunta y dejaba a los partidarios del comerciante al mando de los suministros.
En Beacon Island, donde permanecieron los amotinados, Cornelisz presentó la escasez de alimentos como motivo para reducir la población. El estudio cifra entre 96 y 115 las personas asesinadas bajo su dominio. Las víctimas murieron mediante distintos procedimientos violentos y algunas mujeres sufrieron agresiones sexuales. Cornelisz ordenaba habitualmente los asesinatos a sus subordinados, aunque el trabajo le atribuye personalmente el envenenamiento de un bebé. Boddy interpreta aquella violencia como una forma de ahorrar provisiones, eliminar adversarios, aterrorizar a los restantes e implicar a los ejecutores en los crímenes.
La búsqueda de agua separó dos destinos entre los supervivientes
El plan encontró resistencia en West Wallabi Island. Allí, los soldados dirigidos por Wiebbe Hayes localizaron dos pozos de agua dulce, consiguieron alimentos y construyeron defensas con restos del naufragio. También rechazaron cuatro ataques de los amotinados. Cuando apareció el barco de rescate Sardam, ambos grupos intentaron alcanzarlo: los hombres de Hayes querían advertir a la tripulación de lo que estaba ocurriendo, mientras los partidarios de Cornelisz pretendían apoderarse de la embarcación.
Boddy compara ambos liderazgos para defender que la conducta de quienes ejercen autoridad puede determinar el destino de sus subordinados. Sin embargo, las condiciones materiales de las islas eran diferentes: West Wallabi tenía pozos y Beacon Island dependía del agua de lluvia y de las reservas recuperadas.
Los documentos históricos permitieron estudiar la conducta de Cornelisz
El experto fundamenta su evaluación en conductas como la manipulación, la ausencia de remordimiento, la explotación de otras personas, la búsqueda de poder y la utilización de seguidores leales. Para examinarlas recurrió principalmente al libro Batavia’s Graveyard, publicado en 2003 por el historiador Mike Dash, además de testimonios judiciales, escritos de supervivientes, documentos de la expedición y análisis forenses. Según el método que utilizó, bastaba con identificar ocho para alcanzar el umbral establecido, pero Cornelisz cumplía las diez
El resultado constituye una interpretación retrospectiva de los hechos, no un diagnóstico médico qur acredite a Cornelisz como un líder psicópata. Lo que sí describen los testimonios es una organización en la que Cornelisz convirtió el acceso a los alimentos, la obediencia y la separación física de los náufragos en instrumentos para decidir sobre sus vidas.
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