El Tornillo del Torcal, la roca de Málaga modelada a partir de sedimentos marinos de hace 150 millones de años

En el corazón del Paraje Natural Torcal de Antequera, en Málaga, una formación de roca caliza parece desafiar el equilibrio con varias capas superpuestas que recuerdan a un enorme tornillo. Su origen está ligado a sedimentos marinos de hace unos 150 millones de años que, con el paso del tiempo, quedaron expuestos a la acción constante de la lluvia, el viento y el hielo. El desgaste diferencial de los estratos terminó dando lugar a una figura tan singular que hoy constituye uno de los elementos más representativos de este espacio protegido.

El Tornillo se encuentra al sur de Antequera y forma parte de un paisaje kárstico caracterizado por pasadizos, cavidades y formaciones de perfiles aparentemente imposibles. Su aspecto se explica por la propia estructura de la roca: los antiguos sedimentos marinos se depositaron en estratos horizontales que, al quedar a la intemperie, fueron modelados por la erosión. En este caso, el proceso dibujó una sucesión de seis grandes lascas que visualmente parecen colocadas unas sobre otras. En realidad, forman parte de un mismo conjunto erosionado del que los agentes atmosféricos han ido haciendo desaparecer progresivamente parte del material.

Una escultura creada por la erosión

El origen geológico del Torcal se remonta al Jurásico, cuando las calizas que lo componen comenzaron a formarse a partir de sedimentos acumulados en el fondo marino. Posteriormente, las fuerzas asociadas al plegamiento alpino elevaron aquellos materiales hasta hacerlos emerger. El agua penetró en las grietas y contribuyó a fracturar la roca al congelarse durante los episodios de frío, mientras la presencia de dióxido de carbono en el agua de lluvia favoreció la disolución diferencial de las calizas. La combinación de estos procesos terminó creando los característicos corredores del Torcal y un amplio repertorio de figuras pétreas.

El Tornillo es precisamente una de las formas más representativas de ese modelado. La Diputación de Málaga lo describe como un ejemplo de la disolución y desagregación diferencial de los estratos calizos combinada con los procesos erosivos, dentro de un entorno especialmente relevante para el estudio del relieve kárstico. Su silueta permite observar cómo las distintas capas han respondido de manera desigual a esos procesos hasta generar una geometría que parece artificial pese a ser enteramente natural.

Un símbolo protegido desde 2001

La singularidad de esta formación llevó a su declaración como Monumento Natural en 2001. La superficie protegida asociada al Tornillo alcanza unas 0,2 hectáreas y se integra dentro del Paraje Natural Torcal de Antequera, que cuenta también con otras figuras de protección ambiental. La legislación andaluza reserva la categoría de Monumento Natural para espacios o elementos de especial singularidad, rareza o belleza, incluidos aquellos con interés geológico, científico, cultural o paisajístico.

El Tornillo comparte el entorno con otras formas bautizadas a partir de las imágenes que evocan, como el Sombrerillo, el Ataúd, los Prismáticos, el Cáliz o el Dado. Todas ellas son fruto de los procesos que han ido modelando las calizas, aunque la particular disposición de los estratos del Tornillo ha hecho de esta formación una de las estampas más características del lugar.

Un paisaje que parece una ciudad de piedra

El interés de la visita no termina en esta formación. El entorno está compuesto por una sucesión de corredores naturales, cavidades y relieves caprichosos que las propias fuentes oficiales describen como una sorprendente ciudad de piedra. Esa configuración convierte al Torcal en uno de los espacios más singulares del interior malagueño y permite observar cómo materiales originados en un antiguo medio marino terminaron transformados, millones de años después, en un paisaje de montaña dominado por la caliza.

El Monumento Natural se localiza dentro del municipio de Antequera y puede conocerse en el contexto general del Torcal. Más allá de las infraestructuras destinadas a facilitar la visita, el principal atractivo continúa siendo el propio relieve: un escenario de formas pétreas surgidas de la interacción entre la composición de las calizas y millones de años de procesos geológicos. Entre todas ellas, el Tornillo permite contemplar de manera especialmente clara cómo la erosión diferencial puede transformar antiguos estratos horizontales en una de las figuras naturales más reconocibles del paisaje malagueño.