Un viaje en barca por el río subterráneo navegable más largo de Europa y entre pinturas rupestres Patrimonio de la UNESCO

Edu Molina

14 de septiembre de 2026 16:05 h

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En La Vall d’Uixó, en la provincia de Castelló, las Coves de Sant Josep permiten adentrarse en una parte de un amplio sistema de galerías atravesado por el agua. La cavidad se encuentra junto a la Sierra de Espadán y combina formaciones geológicas, un curso subterráneo navegable y restos que demuestran que este entorno ya fue utilizado por grupos humanos durante la Prehistoria.

La visita alterna tramos en barca con otros que se realizan a pie. Durante unos 40 minutos, el recorrido pasa por distintas salas y permite observar cómo la acción del agua ha ido modificando la roca caliza. Estalactitas y estalagmitas aparecen a lo largo de una cavidad cuyo desarrollo conocido la convierte en la más extensa de la provincia de Castelló y en la segunda de la Comunitat Valenciana.

Su interés, sin embargo, no se limita a la geología. En el interior se han encontrado pinturas y grabados prehistóricos, además de otros restos que permiten situar la presencia humana en este lugar hace más de 17.000 años, durante el Paleolítico Superior. Estas manifestaciones rupestres forman parte del patrimonio reconocido por la UNESCO y añaden una dimensión arqueológica a un recorrido en el que buena parte de la visita se realiza sobre el agua.

Un recorrido de 800 metros en barca y 250 a pie

De la zona abierta al público unos 800 metros se recorren en embarcación y los 250 metros restantes corresponden a una galería que se atraviesa caminando. El itinerario completo dura alrededor de 40 minutos y permite conocer diferentes sectores de las Coves de Sant Josep combinando navegación y recorrido a pie.

Las barcas son conducidas por los barqueros y barqueras que acompañan a cada grupo y se encargan de dirigirlas por los tramos navegables. Desde ellas se pueden observar las paredes y los techos de la cavidad, donde el paso del tiempo y la acción del agua han ido creando numerosas estructuras minerales.

Entre los puntos incluidos en la ruta se encuentran la Sala de los Murciélagos, el Lago Diana y la Galería de los Sifones. El trazado pasa por espacios de tamaños distintos y permite ver algunas de las formas desarrolladas sobre la roca caliza. En el interior aparecen estalactitas que cuelgan del techo, estalagmitas que crecen desde el suelo, columnas formadas por la unión de ambas y coladas minerales que cubren parte de las superficies.

La propia configuración de la cueva está relacionada con las características de este tipo de terreno. A lo largo de periodos muy prolongados, el agua ha ido actuando sobre la caliza, ampliando grietas y abriendo conductos hasta formar parte del sistema de galerías que se conoce actualmente. Ese mismo proceso está detrás de muchas de las formas que se observan durante la visita.

El curso que atraviesa Sant Josep está considerado uno de los ríos subterráneos navegables más largos de Europa. La cavidad es además la de mayor recorrido conocido en la provincia de Castelló y la segunda de la Comunitat Valenciana. La extensión total supera con claridad el tramo acondicionado para las visitas, por lo que el itinerario turístico permite conocer solo una parte del conjunto.

Más de 16.000 años de presencia humana

Las Coves de Sant Josep conservan también testimonios de una ocupación muy anterior a su actual uso. Los restos arqueológicos encontrados en este entorno permiten situar la presencia humana hace más de 17.000 años, durante el Paleolítico Superior, cuando la cavidad ya era utilizada por distintos grupos como espacio de refugio.

Entre las evidencias conservadas se encuentran pinturas y grabados realizados sobre la roca. Estas manifestaciones prehistóricas forman parte del conjunto reconocido por la UNESCO y muestran que el enclave ya tenía importancia para las comunidades que ocuparon esta zona miles de años antes de que comenzaran las visitas modernas.

La relación con ese pasado no se limita al interior de la cueva. El Paraje Natural de Sant Josep alberga también un yacimiento arqueológico, lo que permite vincular la cavidad con una ocupación más amplia del territorio. La presencia de restos en diferentes puntos ayuda a entender que este espacio fue utilizado durante distintos periodos y no únicamente de manera puntual.

Este componente arqueológico añade otra dimensión al recorrido. La visita no consiste solo en conocer una cavidad atravesada por un río subterráneo, sino también en acercarse a un lugar en el que todavía se conservan huellas de comunidades prehistóricas. Ambos elementos forman parte del mismo enclave, aunque responden a procesos y épocas muy diferentes.

La combinación de geología y arqueología explica buena parte de la singularidad actual de las Coves de Sant Josep. El visitante recorre una de las principales cavidades de Castelló a través de un curso subterráneo y, al mismo tiempo, entra en un espacio donde se conservan pinturas, grabados y otros restos asociados a una ocupación humana de hace miles de años. En poco más de un kilómetro acondicionado se puede conocer así una parte tanto del desarrollo natural de la cueva como de la historia de quienes utilizaron este lugar desde la Prehistoria.