Cristóbal Colón: un zaragozano ejemplar
Este jueves pasado, en Olot, moría un zaragozano ejemplar.
Con ese nombre, una ocurrencia de su padre, nacía en Zuera hace setenta y siete años. Pronto se desplazó a Zaragoza, donde vivió casi una tercera parte de su vida.
En Cataluña y en otras partes de España se ha recogido su biografía, que ha aportado una de las empresas más solidarias y benefactoras, La Fageda, hecha para ayudar a resolver enfermedades mentales, no solo en Cataluña sino en toda Europa. En Aragón, apenas nos hemos hecho eco de esta perdida.
Vecino del barrio de la Magdalena, desde joven apuntó una gran sensibilidad por los problemas sociales. Esto le llevó a militar en las Juventudes Comunistas y a la vuelta de un congreso que tuvo lugar en la Europa del Este, fue interceptado en la frontera española y encarcelado durante unos meses. También, como castigo, pasó por un batallón disciplinario cumpliendo mili en Candanchú. Aquí no consiguieron su propósito, porque la montaña y la naturaleza eran una de sus grandes pasiones.
A través de amigos comunes, desarrollamos una amistad profunda y duradera mientras vivió en Zaragoza. De aquel tiempo recordamos charradas sin límite, en donde hablábamos del sentido de la vida, donde nos iniciamos en la vida afectiva rompiendo con las formas que la autoridad de la Iglesia nos imponía por aquel entonces. En las excursiones del Canfranero, con sus vagones de madera llenos de vapor, cantábamos de manera irreverente a la vida, por entonces llena de limitaciones y represión.
Su padre murió siendo joven e inicio su vida laboral a los 14 años como aprendiz de sastre con su tío. Entre sus preocupaciones sociales, una de las que le fue impactando fue el tratamiento que se les daba a los enfermos mentales, vulgarmente llamados locos, en los psiquiátricos o manicomios como se les denominaba en ese tiempo. Ello le llevo a trabajar como celador a los 22 años en el Psiquiátrico de Delicias, cuando la entrada se hacía aún por el portalón de la calle de Terminillo. Enseguida detectó que los tratamientos en la mayoría de los casos no servían para recuperar a estos enfermos. Que el abuso de las medicinas, cuando no de ciertas violencias físicas, no era la solución para la reinserción de estas personas a la sociedad.
Por nuestra parte, algunos íbamos trabajando en los temas sociales de manera paralela y creemos que complementaria, sin llegar a la gran empresa que Cristóbal fue capaz de levantar. El Psiquiátrico de Delicias ofrecía un entorno de pabellones y espacios de naturaleza: cuando se trasladó su ubicación, las Asociaciones Vecinales de Delicias iniciamos una larga lucha para que esos espacios sirvieran para la construcción de un parque y un conjunto de servicios sociales que hoy podemos disfrutar.
Por su parte la imposibilidad de desarrollar esos estudios de psicología en Zaragoza le llevó a desplazarse a Cataluña, donde estudió Psicología Clínica en la Universidad Autónoma de Barcelona. Al mismo tiempo trabajó en otros hospitales psiquiátricos, experiencias que le marcan enormemente. En 1982, tras ver el trato que recibían los enfermos en el centro en el que trabajaba, convencido que “no hay personas con discapacidades, sino personas con capacidades diferentes”, se desplazó a Olot, donde consiguió que le cedieran un espacio en el Ayuntamiento con un objetivo: “Generar contextos de trabajo que permitan a las personas autorrealizarse mientras aportan al desarrollo de un proyecto colectivo” . Sostenía “que el ser humano conserva una dignidad inviolable incluso en la fragilidad de la enfermedad mental”. Con 14 internos empezó un proyecto para darles empleo, esa empresa inicialmente se focalizó en tareas de jardinería, de espacios públicos y privados de la comarca. Y poco a poco fue evolucionando y creciendo. De estos inicios surgiría en 1982 la Fageda, impulsada por Cristóbal Colón y su compañera, Carmen Jordá, como una cooperativa sin ánimo de lucro enfocada en la integración laboral y social de personas con discapacidad intelectual o trastornos mentales. Empresa de 14 personas, pasando con los años a 850 en la actualidad dedicadas a la fabricación de yogures, pero, como decía Cristobal: “No nos dedicamos a hacer yogures, sino a mejorar vidas” Queremos que la gente recupere su dignidad y su autoestima“.
Es tan importante la tarea que desarrolló, junto al equipo que le apoyó, que es un ejemplo a estudiar en los diferentes ámbitos de cooperativas sociales a nivel europeo e iberoamericano.
Ayudó a sacar del infierno a cientos de personas que vivían un horizonte de dolor y tristeza, a vivir una vida más digna y mucho más llevadera.
Fue un zaragozano ejemplar y queremos que la sociedad aragonesa reconozca el importante trabajo que fue capaz de impulsar.
Y como decía Labordeta le recordaremos con esta frase: “Recuérdame, como un árbol batido, como un pájaro herido, como un hombre sin más”.
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