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Los refugiados sí vinieron, pero sólo los que quisieron los gobiernos

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El acuerdo, vencido hace escasas horas, para que los países de la UE se repartiesen cantidades proporcionales de solicitantes de asilo -que ya estaban en Europa- de los conflictos sirio y afgano era ya en origen una vergüenza por tres razones principales: establecía cantidades de personas, como cabezas de ganado, pervirtiendo la institución jurídica del asilo; ofrecía contrapartidas a Turquía, que no cumple en Derechos Humanos; y silenciaba otras causas y procedencias de exiliadas y exiliados. 

Pero la vergüenza, si depende del Partido Popular, siempre puede ser mayor. No vale la excusa de que esta Europa, que olvida que fue emisora de refugiados hasta hace bien poco, no haya cumplido nadie. El gobierno de Rajoy ha situado a España en el 17º estado en menor porcentaje de acogida: un escasísimo 13% del montante comprometido. En honor a la verdad, nada podíamos esperar de un partido que en este tema, como en tantos otros, se acerca a la ultraderecha húngara o polaca. 

Ante esto, las fuerzas políticas del cambio diseñamos medidas imaginativas para sortear el bloqueo, desde las instituciones donde gobernamos, como la Red de Ciudades Refugio. En Gran Canaria, desde la Consejería de Educación y Juventud -ahora eliminada en el nuevo reparto- pusimos a disposición de las ONGs el Albergue Juvenil de San Antonio, por cierto, única instalación del Cabildo que se ofertó, puesto que el resto de Consejerías que tenían infraestructura no lo hicieron... los responsables de esas instalaciones -y de alguna cedida en su día a ayuntamientos- tendrán que explicar por qué. Por añadidura, éste es hoy el único espacio dependiente de una administración canaria que está en funcionamiento. Todo esto fue posible porque pude contar con la colaboración del concejal de Cohesión Social de Las Palmas de Gran Canaria, Jacinto Ortega, que entendió que era una obligación ética ineludible. Quienes fueron a inaugurarlo haciendo política espectáculo con el sufrimiento humano, deberían hoy preocuparse por ver llenas estas -y otras- instalaciones de personas que aún esperan un lugar seguro para poder continuar con su vida. 

Frente a todos aquellos responsables políticos que no tienen palabra, la presión de los movimientos sociales con campañas como VenidYa ha recordado con una cuenta atrás ya agotada, que lo mínimo era acoger al número de personas que se firmó. A partir de hoy el reto es que la competencia de acogida pase a las administraciones locales, muchas de ellas estarán a la altura. Está en juego una Europa que no repita los errores del siglo XX y una Canarias que no olvide su historia como pueblo emigrante -y también exiliado- y muestre solidaridad con quienes nos necesitan ahora, como ya hicimos casi solos con la crisis humanitaria de los cayucos.

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