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Un vestigio de tiempos de esplendor en Hermigua

MÁS DE UN SIGLO DE HISTORIA DEL PESCANTE

Cuatro imponentes estructuras de piedra y cemento recuerdan la época de máximo esplendor económico de la zona septentrional gomera.

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Los pescantes se erigieron en las costas de algunas islas del Archipiélago a principios del siglo pasado con el fin de paliar la falta de infraestructuras viarias y portuarias. En La Gomera fueron tres los pescantes más importantes que se construyeron en los tres municipios del norte Hermigua, Agulo y Vallehermoso, facilitando la entrada y la salida a la Isla tanto de personas como de mercancías. En una época en la que no podía encontrarse en toda la Isla ningún puerto con muelle, ni un solo kilómetro de carretera y, por supuesto, ningún vehículo a motor.

Pescante de Hermigua.

Pescante de Hermigua.

Estas infraestructuras se construyeron gracias a la iniciativa privada, en una época en la que una economía insular centrada en productos que podían almacenarse sin problemas como la barrilla y la cochinilla pasó a sostenerse con plátanos y tomates, que debían llegar a los mercados cuanto antes y en las mejores condiciones de calidad para evitar pérdidas. Entonces la Isla se traducía en un territorio agreste, que sólo disponía de complicados caminos por los que a duras penas, transitaban personas y animales, y pequeños e incómodos embarcaderos.

La historia de Hermigua y su pescante, comienza a fraguarse a finales del siglo XIX. Tal y como recoge la historiadora gomera Gloria Díaz en su obra de 2008 Pescantes de La Gomera. Testimonios de la arqueología industrial en Canarias, en Hermigua se estableció la empresa británica Fyffes para dedicarse al cultivo y exportación del tomate y el plátano cuyos medios técnicos para su transporte y explotación conocían a la perfección. Los mayores terratenientes de la localidad y los adinerados inmigrantes retornados de Cuba, encontraron en la agricultura un buen campo para invertir. Fueron ellos quienes se constituyeron en la Sociedad Anónima La Unión para construir un pescante, tal vez sin saber que este hecho marcaría un antes y un después en la historia de su localidad.

Y así, el pescante de Hermigua, situado en el lugar conocido como El Peñón, fue construido en 1907 con una inversión inicial de 60.000 pesetas. Tras numerosas vicisitudes (finalmente tuvieron que añadir 50.000 pesetas más a la inversión inicial), se dio luz verde a una infraestructura moderna y funcional, que lograría dar salida a la producción agrícola del Valle de Hermigua venciendo los perjuicios de la ya citada precariedad en los medios y modos de transporte. Los primeros tomates que se exportaron desde Hermigua hasta San Sebastián, tuvieron que ser llevados a hombros en un trayecto de 20 kilómetros, en cajas de un quintal, según recoge Domingo Pérez Minik en su artículo Notas de Hermigua publicado en la Revista Espérides de 1927.

En los primeros meses de 1908 el pescante fue inaugurado ante la expectante mirada de numerosos accionistas, vecinos y curiosos. El presidente de la Sociedad Anónima La Unión de Hermigua, Francisco Trujillo, fue el primero en ascender al artilugio que les llevaría al la cima del éxito económico por lo menos durante los 50 años siguientes.

Arquitectura industrial

Lo que en la actualidad se presenta como un monumento imponente y majestuoso que ha soportado los embates del mar durante un siglo, antaño fue una moderna obra de ingeniería portuaria que constituyó el principal motor económico y social de Hermigua. Como bien describe Diaz Padilla, el enclave estaba formado por los bloques de hormigón y una gran estructura de hierro, con un motor de vapor que movía el remolque. Junto a éste, había un almacén para acopiar y mantener los productos, un local con las oficinas donde se registraban las entradas y salidas, y una cinta transportadora que facilitaba las labores de carga y descarga.

A la par que aumentaba el movimiento económico, consecuencia de la propia actividad mercantil y de transportes, comenzó a originarse un gran movimiento social protagonizado tanto por los trabajadores del mismo pescante, los empleados de las empresas vinculadas al transporte y la exportación; como por los viajeros, y vecinos. Esto produjo que se levantaran a su alrededor un considerable número de construcciones, entre naves de empaquetado, viviendas, pequeños comercios y bares.

Mercancías, personas...y animales

El embarque o desembarque de viajeros era una operación compleja, laboriosa y hasta cierto punto arriesgada, debido a la bravura que caracteriza al mar del litoral del norte gomero, entre otros factores. Para poder embarcarse, los pasajeros eran transportados en una especie de canasto o cesta desde el pescante, hasta una barcaza desde la que tendrían que ser izados al barco nuevamente.

No eran pocas las ocasiones en las que las condiciones de la mar dificultaban estas operaciones, al igual que tampoco son pocas las anécdotas recogidas, referentes a la ardua maniobra que siempre estaba supeditada al estado de la mar y de sus corrientes. En ocasiones animales, carga y personas, se unían en el mismo trayecto, originando situaciones como la de y en la obra la autora una señora a la que una cabra se le comió el vestido sin darse a penas cuenta, durante un descenso en el cajón del pescante.

El ocaso

Ya a mediados del siglo XX, los pescantes fueron dejando de ser utilizados, pero a diferencia de los de Vallehermoso y el de Agulo, el pescante de Hermigua no fue derruido por las fuerzas naturales sino que su actividad fue cesando a medida que se fueron introduciendo cambios en la realidad socioeconómica no sólo de la Isla, sino también a nivel mundial.

Nuevos medios de transporte fueron llegando a la Isla de manera paulatina y cambiaron sobremanera el modus vivendi de años atrás. Teniendo en cuenta el peculiar contexto del nacimiento de los pescantes -una isla sin puertos ni carreteras que facilitaran el transporte y la exportación de la mercancía resultante de los nuevos cultivos- sin duda, en la segunda mitad de la pasada centuria, los cambios fueron revolucionarios.

Fue en el año 1949 cuando terminó de construirse la primera carretera en la Isla, la que une San Sebastián con los tres municipios del norte; años más tarde llegaría a La Gomera el primer vehículo a motor, y en 1955 comenzó a ser operativo el muelle de San Sebastián con lo que la actividad de los pescantes fue dejando de tener importancia a la vez que siendo sustituida por modernos y cómodos medios de transporte como el barco y el coche.

Fin de la época dorada

A estos factores hay que sumarle la caída de los cultivos, el cierre de los mercados receptores debido a diferentes motivos como el crack del 29, conflictos bélicos como la Guerra Civil española y la Guerra Mundial que contribuyeron al ocaso del comercio en el norte de la pequeña Isla de La Gomera, y al relego de los pescantes como herramienta básica para el desarrollo de actividades económicas.

Irremediablemente con ello el fin de la época dorada del norte de La Gomera. La actividad económica de las localidades mermó hasta tal punto que los habitantes encontraron en la emigración la única vía de subsistencia-La despoblación del norte se ha extendido hasta nuestros días. Sin ir más lejos en la actualidad residen en el municipio menos de la mitad de habitantes que en su época dorada, cuando el pescante.

Hace dos años el municipio celebró el centenario de la creación del pescante organizando numerosos actos conmemorativos como concursos y certámenes con el pescante como protagonista. Una manera de rendir homenaje a este emblemático vestigio, ya inherente a su historia.

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