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Aylan

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Todas y todos lo conocemos. El niño sirio de 3 años durmiente sobre una playa de Turquía representa, según la UNICEF, a las 19.000 niñas y niños que mueren cada día por causas evitables y a los 6 millones anuales por desnutrición, hambre y pobreza. También a los millones de viajeras forzosas que produce este injusto modelo social llamado capitalismo, aunque sus promotores y defensores no le llamen así. Este sistema ya no resiste. No valdrán muros, ni alambradas, ejércitos o deportaciones. Vienen buscando lo que nos llevamos hace siglos. Saramago lo predijo claramente, pero... ¿estamos a la altura de las circunstancias?

Desde la candidatura ciudadana Aranzadi nos preguntamos si el tratamiento mediático dado es el más indicado para abrir conciencias o para abrir bolsillos. El espectáculo se afana en presentar el problema de un modo individual, familiar o particular. Pero elude las causas del conflicto. No es radical (en el sentido de ir a la raíz del problema) sino que revolotea por sus amargas formas. No alude a los responsables políticos de las guerras de Medio Oriente o el Magreb, ni se acuerda de la complicidad de los gobiernos occidentales con la OTAN. Nada dicen del saqueo actualísimo de materias primas como el petróleo, coltán, gas, uranio, diamantes, etc.

Hablan de la Europa victoriosa, la que recibió tan sólo hace tres años el premio Nobel de la Paz, la gloriosa creadora del euro, y la supremacía de la Troika sobre los derechos sociales. La misma que ahora se autoimpone unas cuotas de solidaridad para salvaguardar su conciencia. ¿Debemos acoger a unos cuantos miles de refugiados? Por supuesto, pero sin olvidar decir el por qué han venido algunos, dejando a otras por el camino. Las acciones humanitarias producen alivio, al tiempo que pueden perpetuar ideologías muy peligrosas: os damos nuestra generosidad porque somos superiores económica y culturalmente.

Ningún recuerdo al expolio desde la época colonial ni al comercio con la esclavitud. “Si no trabajo me matan, y si trabajo me matan”, decía Nicolás Guillén. ¿Tan difícil es reconocer que hemos desangrado África hasta la saciedad? Ninguna reflexión sobre los bombardeos o las invasiones provocadas o alentadas por los gobiernos de EEUU y la UE, al amparo de ese fantasma que ya no se cita, llamado OTAN, para cuya entrada fuimos engañadas en un referéndum donde no se han cumplido ninguna de las condiciones. Y cuyo mantenimiento nos cuesta un dineral, en gasto armamentístico que nos provoca una deuda insoportable. Camino allanado para la entrada de multinacionales y entidades financieras. Recordemos que los mismos promotores de las guerras en Medio Oriente son los financiadores de grupos terroristas como el ISIS.  

¿Cuál es el momento que define a una sociedad en decadencia? Si la emigración siria es capaz de llegar hasta la frontera húngara tras haber recorrido cientos de kilómetros; o si un subsahariano es capaz de montarse en una patera sin saber nadar, habiendo invertido todos sus ahorros, y la respuesta legal es tan sólo la política de acogida, es que estamos cerca de la barbarie institucional.

La misma playa que recogió a Aylan servirá mañana para que el turismo pase unos días de vacaciones y relax. Las mismas olas que trajeron su diminuto cuerpo servirán mañana para diversión de otros niños no conscientes de lo ocurrido. Bienvenidas sean 65 millones de turistas en el estado español, pero que no haya “invasión” de refugiados, según palabras del ministro del Interior.

Las migraciones no pararán hasta que la justicia y la igualdad sean universales. Dejemos el ombliguismo y la pena. ¿Acaso no se pobló América de europeos, cuando aquí había pobreza o guerras?

Las élites europeas demuestran que no han aprendido nada de la Historia, de la época colonial (que no huele nada bien) ni de las eras imperiales. De las muchas crisis del petróleo, o de la imposición del patrón oro. De la creación del euro, o los mandatos del BCE. De las dos primeras guerras mundiales para repartición de las colonias, o de la creación del fascismo, que no fue una aventura de un loco con bigote, sino algo muy estudiado y organizado. Deberían volver a clase de nuevo para recuperar la asignatura.

Las migraciones no pararán hasta que la justicia y la igualdad sean universales. Dejemos el ombliguismo y la pena. ¿Acaso no se pobló América de europeos, cuando aquí había pobreza o guerras? ¿Ya no recordamos a nuestras abuelas cuando se fueron a Alemania? Tan sólo tres generaciones han bastado para repetir un cuento dramático.

La UE practica la rapiña fuera y dentro de Europa y la negociación sobre el TTIP no augura sino otro super-gobierno a la sombra. Que le pregunten a la ciudadanía griega, puesta de rodillas para abonar una deuda ilegítima, odiosa o ilegal, sacando el dinero de las arcas de lo público, y deteriorando servicios básicos como sanidad, educación o vivienda. Y si someten a Grecia, nos someterán a nosotras. A quienes se les llena la boca con la palabra terrorismo, les preguntamos ¿qué mayor terror que no tener nada, ni siquiera un país? Y a quienes consideran un éxito que la migración venga a Europa o a la piel de toro ¿qué hemos hecho bien, excepto ser herederos de un imperio donde no se ponía el sol?

Podemos colocar en Iruñea una bandera en la fachada del Ayuntamiento, o exhibir camisetas, podemos recibir a unos cientos de personas refugiadas o podemos dedicar una parte de algún presupuesto municipal o foral a este fin. No está mal. Pero debemos también preguntarnos por qué ha ocurrido semejante tragedia y a quién hemos votado en su momento. Que la pérdida de todos los Aylan sirva para algo más que llorar o sacudir nuestra conciencia.

* Firman este artículo: Laura Berro, Armando Cuenca, Ana Lizoain, (concejalas y concejal de Aranzadi) y Manuel Millera.

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