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Una huelga que desencadena una oportunidad

En el Museo de Bellas Artes de Bilbao han organizado una verdadera exposición hiperrealista mostrando sus contratos cual obras de arte del precarismo, el nuevo ismo derivado del neoliberalismo

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Tras más de un mes de huelga en el Museo de Bellas Artes de Bilbao parece que no hay vías de solución del conflicto. Frente a la incapacidad e inmovilismo institucional, las trabajadoras responden con movilizaciones llenas de creatividad ética y estética. La mecha ya está prendiendo en el Museo Guggenheim. ¿Será el momento de que se desencadene una oportunidad de transformación en común?

Las trabajadoras subcontratadas que atienden al público en el Museo de Bellas Artes de Bilbao llevan más de un mes en huelga reclamando unas condiciones laborales justas. Las 'cuidators' ­ como acertadamente ha denominado el artista Dario Urzay a estas minusvaloradas trabajadoras del sistema del arte­, sólo reclaman algo, que aunque cada vez más, parece un excéntrico lujo, no es más que un simple derecho: una condiciones contractuales laborales menos precarias. Pero al grito de ¡STOP PRECARIEDAD! realmente reclaman algo que va mucho más allá. Reclaman respeto y dignidad. Por eso, su huelga, debería ser nuestra huelga. Porque la dignidad nos la están queriendo arrebatar a todas.

Si no hay solución, dimisión

En todo este tiempo no ha habido avances significativos. A la acostumbrada soberbia y manipulación en la negociación de las empresas subcontratantes ­en este caso Manpower Group Solutions­, que no consideran a las personas empleadas más que meros recursos instrumentales intercambiables; se suma la vergonzante incapacidad e inmovilismo que están demostrando, tanto la dirección de la institución museística, como su patronato público, compuesto por el Ayuntamiento de Bilbao, la Diputación de Bizkaia y el Gobierno Vasco. Resulta lamentable que Javier Viar, el aún director de la pinacoteca y principal gestor responsable en esta situación, lo más locuaz que se le ocurra decir sea: “Se me escapa la razón por la que existe este conflicto”... Sea cual sea el motivo por el que tras un mes con el museo que dirige cerrado ­sin ofrecer el servicio público que tiene como misión­, aún no se ha enterado, ni ha sabido mediar y aportar soluciones, quizá sea ya el momento de pedir responsabilidades y solicitar su dimisión o su cese.

Una huelga ética y estética

Mientras tanto, las huelguistas han sabido representar el conflicto y buscar afectos hacia su causa, para socializarla, para compartirla, para extenderla. Para hacerla, como es, de todas. A la vez que han ido recogiendo miles de firmas que muestran el respaldo ciudadano a sus reclamaciones, han desarrollado numerosas movilizaciones. Han tirado de creatividad, demostrando que la cultura, el arte, lo performativo, sobre todo son vehículos de cuestionamiento, de transformación, de expresión de malestares, de desborde. Son sobre todo esto, mucho más que los bienes de consumo y reclamos turísticos de la sociedad del espectáculo, que se nos están intentando vender.

Han organizado una verdadera exposición hiperrealista mostrando sus contratos cual obras de arte del precarismo, el nuevo ismo derivado del neoliberalismo. Han contraprogramado la fatua Noche Blanca bilbaína con una fúnebre Noche Negra en la que enterraban a la precariedad. Han desvelado el gran circo que algunos tienen montado con esto de la cultura. O ahora, el próximo jueves, si el clima no lo impide (o si improbablemente se ha alcanzado antes un acuerdo), piensan montar una playa frente al museo, para lanzar al aire la pregunta de si los responsables de encontrar una solución ¿están ya de vacaciones? Una protesta lúdica y refrescante, que bien podría retrotraernos a esa consigna 'sesentayochista' de 'Bajo los adoquines está la playa'. Una consigna que era un llamamiento a imaginar y a transformar la realidad desde la transformación de la subjetividad. Algo que, frente a la crisis desvalorizadora que vivimos, es más necesario que nunca.

Capitalismo Cultural 'Lowcost'

Y la huelga en el Museo de Bellas Artes parece que está haciendo encender la mecha de tantas otras posibles. Por ahora parece que ya está calando entre las trabajadoras igualmente precarizadas del vecino y multitudinario Museo Guggenheim, emblema del Capitalismo Cultural, grandilocuente en formas y dimensiones y 'lowcost' en derechos laborales (resulta irónicamente dramático que el precio de una entrada, que pagan más de un millón de visitantes al año, sea bastante superior al sueldo que reciben guías y educadoras por una hora de trabajo). Dos museos que presiden el eje de la reconversión urbana y económica de Bilbao desde la ría, junto a la explanada de lo que fueron los Astilleros Euskalduna, escenario también de luchas obreras hace más de 30 años.

Se abre así una oportunidad para federar esfuerzos y rememorar luchas, que con sus matices y temporalidades, son en realidad la misma lucha. Una lucha frente a la opresión del capital que opera a su antojo, con la connivencia de las instituciones públicas que deberían velar por lo común. Una lucha que ya sólo podemos mantener desde la desposesión y la precariedad a la que estamos sometidas; y por tanto, desde la solidaridad y el apoyo mutuo, que fracturen de una vez el estado de las cosas fundamentado en mantenernos separadas.

Si se hiere a una, se nos hiere a todas

Esta mañana pensaba sobre esto mientras visitaba en la Alhóndiga la exposición del artista británico Jeremy Deller, 'El ideal infinitamente variable de lo popular'. Una de las piezas, 'The Battle of Orgreave (An injury to one is an injury to all)', muestra la reconstrucción propuesta por el artista, de la batalla entre policías y mineros que sucedió durante la huelga de la minería entre el 84 y el 85. Una huelga que derivó en una desproporcionada guerra interior, con Margaret Thatcher como mariscal de campo. En el vídeo­documental, una de las personas responsables de la organización les dice a los extras que van a participar (muchos de ellos mineros que vivieron la batalla original): “Recordad, es una representación, no una nueva batalla”...

Aquella batalla la perdieron, la perdimos. Pero quizá haya llegado ya el momento... Porque es cierto, como dice el título del vídeo, si se hiere a una, se nos hiere a todas. Y son demasiadas las heridas.

Quizá ha llegado ya el momento de que se desencadene la posibilidad.

¿Está pasando? ¡¡Está pasando!!

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