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Queremos periódicos y políticos que nos digan la verdad (I)

Que España es “una nación de naciones” es una evidencia constitucional; que sólo hay una nación estado que es España y que en su seno conviven Cataluña, Euskadi y Galicia como nacionalidades históricas sin estado es parte de la misma evidencia

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El País titulaba el 3 de noviembre “Sánchez descoloca a sus afines con sus nuevas opiniones”. En su página 17 y acompañada de una foto de la presidenta de la Junta de Andalucía, “la militante más afín a Pedro Sánchez”, como todo el mundo sabe, uno lee la “supuesta” información ansioso por saber qué “afines” de Sánchez han quedado descolocados tras las afirmaciones de Pedro Sánchez en Salvados del domingo 30 de octubre y no encuentra en la “información” firmada por Anabel Díez, ningún nombre de ningún afín. Afirmaciones tan contundentes como que “ la mayoría de sus seguidores, con responsabilidades de partido en provincias y autonomías, no comparten sus aproximaciones a Podemos ni la definición de España como nación de naciones”.  “ La actitud de Sánchez tras su dimisión ha sumido en el desconcierto a importantes miembros de ese sector crítico”. Ni un nombre para sostener la credibilidad de los entrecomillados de esta “supuesta” información.

A medida que avanza su pieza periodística nos adentramos en el terreno del “quizás”, en el terreno de la mera probabilidad,  para colocar en boca de la fuente socialista anónima, clandestina y seguidora de Sánchez,  unas frases  propias de los felipistas más rancios  con sus espantajos inmovilistas que a modo de líneas rojas han usado en los comités federales y  en los medios para justificar la operación de acoso y derribo del Secretario General elegido en primarias y refrendado en un congreso.

Que España es “una nación de naciones” es una evidencia constitucional; que sólo hay una nación estado que es España y que en su seno conviven Cataluña, Euskadi y Galicia como nacionalidades históricas sin estado es parte de la misma evidencia. No reconocer esta realidad plurinacional es no entender lo evidente.  Es éste uno de los grandes problemas a abordar; ya hemos visto que tras el desastre del Estatut, de su cepillado, el no reconocimiento de esta realidad nos ha llevado a que casi la mitad de la ciudadanía catalana quiera la secesión y a que casi el 70% pida un referéndum. Vemos que Junts Pel Sí gobiernan en Cataluña y que  PNV, EHB y Podemos suman en Euskadi 67 de los 75 escaños del parlamento vasco y … esto es verdad… Son los hechos ante los cuales no se puede seguir sin hacer nada. Se podrá abordar la cuestión previa reforma constitucional, previo acuerdo para la consulta entre las partes, como se hizo en Escocia,  o como en Canadá con una ley de claridad previamente acordada, pero habrá que hacerlo,  de una manera o de otra. Habrá que hacerlo porque es el único mecanismo que tenemos para darle salida a un problema que se ha creado por la conjunción de los errores de unos y otros y, también,  por el deseo de una parte significativa de la sociedad catalana que lo reclama. Hacerlo no es rendirse a los independentistas como sostiene la periodista que afirma Sánchez y descoloca a sus seguidores, sino manifestar el deseo de acordar una salida política democrática, legal y legitimada, a una situación a la que no deberíamos haber llegado. Se hace necesario reformar la constitución, aunque no lo quiera el PP ni algunos dirigentes del PSOE de Andalucía y Extremadura o Castilla LM…. De hecho, la mejor manera de hacerles el juego a los independentistas es seguir judicializando todos sus actos, alentando y dando motivos de victimización para que éstos sigan incrementando sus apoyos con la torpeza del constitucionalismo inmovilista y recentralizador del PP del que hacen seguidismo estos sectores socialistas que, se han “cepillado” a Pedro Sánchez con la inestimable colaboración de Prisa y los poderes financieros.

La otra cuestión, la referida a Podemos, es más sencilla de abordar. Pasa por reconocer la nueva realidad del fin del bipartidismo y la alternancia,  que, por otra parte,  también es producto de errores históricos del socialismo español y de la socialdemocracia europea en general. Errores múltiples y compartidos que arrancan en la negativa a reconocer la crisis de Zapatero, en el 15M, “en el cueste lo que me cueste, cueste lo que nos cueste” de mayo del 2010, en la mayoría absoluta del PP que le siguió,  en la corrupción sistémica y orgánica de los partidos de gobierno en CCAAs y gobierno central, con un PP liderando la misma y un entramado empresarial a su servicio como está  poniendo de manifiesto la actualidad de tribunales de los medios…

Podemos le ha ganado al PSOE en las generales en las tres naciones sin estado que forman parte del proyecto en común que es España

Pero desde una óptica de interés del partido lo que importa es reconocer que el nuevo mapa electoral ha dado lugar a que el PSOE haya perdido 6 millones de votos desde  2010 hasta la fecha y que a su izquierda, amén de otras fuerzas en Cataluña, Euskadi y Galicia,  haya una fuerza que aglutina más de 5 millones que le puede y le debe, lógicamente,  tratar de tú a tú.  Una fuerza que le ha ganado al PSOE en las generales en las tres naciones sin estado que forman parte del proyecto en común que es España.  No verlo, no reconocerlo, y obrar en consecuencia es decidir que no se quiere cambiar de políticas sino que se prefiere pelear por el status actual y  que gobierne el PP; es una renuncia a recuperar esa gran parte de esos 5 millones de votos  que provienen de socialistas cabreados o de los hijos y los nietos de muchos socialistas que se han sentido traicionados en sus deseos, ilusiones y principios (Borrell dixit).

El populismo de Podemos, y los garrafales errores de sectarismo e infantilismo de sus dirigentes,  no deben ser utilizados como elemento de demonización y obstáculo insalvable para el mutuo reconocimiento;   más cuando desde una comunidad autónoma como Andalucía o como Extremadura,  históricamente y de manera histriónica ( Guerra, Rodríguez Ibarra…) se practica de una manera que produce vergüenza ajena por los líderes socialistas que en la historia han sido; a veces, incluso alimentando la catalanofobia o la euskofobia por arrancar un puñado de votos del saco electoral del  neofranquista patriotismo español del todo por la unidad de la patria. Eso es el pasado, eso es lo rancio, eso no tiene futuro ni debe tener futuro en el proyecto de España federal de un partido que pretende liderar el proceso de cambio constitucional para lograrlo. Seguir en esas claves es letal para el PSOE y así se ve en el alejamiento de los jóvenes urbanos de la proyecto socialista en toda España.

Si se apuesta por un proyecto en común de España federal hay que girar a la izquierda también en esto. Para eso, lo primero que se debe hacer es analizar la nueva realidad y buscar, como mínimo,  no la unidad de la izquierda [(no soy un ingenuo) , eso a estas alturas sería excesivo], sino el reconocimiento mutuo de su pluralidad y un acuerdo de mínimos de actuación; esta es la izquierda  que hay en el siglo XXI, diversa y plural. Reconocerla y reconocerse es el previo como lo dicen Zubero, Uriarte y otros ( A2Ezkerra).  No caricaturizar, como se ha hecho,  un gobierno alternativo como gobierno Frankenstein,  cuando como alternativa se nos plantea la continuidad de un gobierno Drácula que vampiriza las rentas del trabajo y las traspasa al capital financiero especulador y corrupto dejando un paisaje de precariedad, pobreza y desigualdad como no se ha conocido. Un gobierno draculín que practica la amnistía fiscal con los poderosos, que no exige el pago del Impuesto de Sociedades a las empresas (pagan, cuando pagan,  el 7 % de sus beneficios cuando el nominal está en el 30%) que permite el pelotazo eléctrico continuo…etc.

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