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8 de marzo: Día Internacional de las Mujeres

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Es de todas y todos sabido que la historia la cuentan siempre los vencedores y que las mujeres hemos sido las vencidas en todas las batallas, no solo en las bélicas. Aunque el sufrimiento, el agravio y denigración de estas últimas supongan en sí mismo objeto de denuncia, es a esas batallas del día a día a través de la historia a las que queremos hacer referencia.

Por ello, es urgente contar la historia de nuevo, contarla tal y como ha transcurrido, dando a las mujeres la verdadera dimensión que merecen, sacándolas del silencio que las niega en los libros de historia y dándoles el protagonismo real que han tenido. Porque como decimos las feministas, lo que no se nombra, no existe.

Los saberes hegemónicos, desde el discurso religioso hasta el científico, han conceptualizado a las mujeres como seres dependientes, sin capacidad para interpretar o significar el mundo, destinadas a vivir confinadas en el hogar, dedicadas al cuidado de la prole y despreocupadas de cualquier inquietud cultural o política entre otras. Seres de segunda categoría sometidos al mandato de padres, novios y/o maridos.


A pesar de este interés por reducirlas a la pasividad, lo cierto es que las mujeres desafiando las prescripciones de género patriarcales, desarrollaron sus actividades en diversos frentes, muchas veces a la sombra, detrás de una figura masculina o bajo seudónimo, accediendo al mundo del conocimiento y legando importantes obras de cultura, elaborando saberes femeninos basados en su propia experiencia de vida y recurriendo a otros saberes que les permitieron dar sentido a sus vidas y a su posición en el mundo. Muchas de ellas no llegaron a conocer la importancia de su legado ni a vivir su reconocimiento, pero contribuyeron a que generaciones futuras tuviéramos referentes y modelos que seguir.

Hoy, las mujeres hablan por sí mismas y están en escena, sin embargo no se las ve. Aunque sean pocas, las mujeres presiden instituciones, congresos, departamentos sociales, son empresarias, pero no se las ve. Pintan, escriben, componen, dirigen orquestas, crean arte, participan en actividades y campeonatos deportivos y no se las ve.

Se silencian sus nombres o se les aparta del canon que es lo mismo que no ser. Porque si no se las nombra no son nada. La visibilidad de las mujeres está permitida siempre y cuando responda a los cánones que los hombres han creado que al fin y al cabo es lo mismo que pedir permiso para estar y para ser.

Es necesario pronunciar esos nombres y escribirlos para hacerlas visibles, para darles la vida que no tuvieron. Desde los libros de historia, los medios de comunicación, los ayuntamientos, calles y plazas tenemos que seguir reivindicando a todas esas mujeres de generaciones pasadas, y presentes y por supuesto tendremos que cuidar las futuras, para
que de una vez por todas ocupen y ocupemos los espacios que nos merecemos.

En steilas llevamos años trabajando la visibilización de las mujeres y animando al profesorado a que dedique un tiempo a enfatizar ese saber de las mujeres en la historia, la literatura, el arte o el deporte. Otro gran espacio masculinizado donde las mujeres apenas tienen presencia, ni como profesionales, ni como espectadoras, y el poco ganado a duras penas se reconoce. No hay más que reparar en mujeres deportistas olímpicas, medallistas en muchos casos cuyos nombres apenas han tenido espacio en medios de comunicación especializados.

Cualquier día del año es bueno para reflexionar sobre el espacio que ocupan hombres y mujeres en cualquier actividad laboral o de ocio, echemos un vistazo a los informativos, a la prensa escrita, a los frontones, a los campos de deportes o a los patios escolares y nos daremos cuenta de la desigual distribución de dichos espacios. Pero ahora que se acerca el 8 de marzo y ocuparemos por un día los medios de comunicación, vamos a aprovechar para, de una vez por todas, tomar y exigir medidas para que la igualdad entre hombres y mujeres sea real.

Para ello hay que hablar de las mujeres y nombrarlas, reconocer sus trabajos y sus logros, en definitiva formar parte de la memoria colectiva. Sacarlas a la luz es algo que de alguna manera se les debe a ellas y a nuestras jóvenes, para que no crezcan careciendo de referentes.

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