Desde el Betis, la vivienda y la dependencia, hasta la desconfianza en los políticos: hablan los votantes del 17M
María del Prado y Vanesa, madre e hija, debaten sobre política a las puertas del colegio electoral Jorge Juan y Antonio de Ulloa, en el corazón de uno de los barrios obreros de Sevilla. Hace apenas unos minutos fotografiaban entusiasmadas a Adrián, que este domingo vota por primera vez en las elecciones autonómicas de Andalucía. Las observa con una media sonrisa, porque está acostumbrado al toma y daca, que en casa se habla de todo, abiertamente, con honestidad, y hoy no es un día como otro cualquiera. “Estoy nervioso”, confiesa el estudiante, “esto decide lo que pasará, para bien o para mal, y no me quiero arrepentir”. Una estampa única que refleja las dificultades que afronta cada una de las tres generaciones: la cantidad irrisoria de una pensión, el desempleo en personas mayores de 50 años y la falta de una plaza en la Formación Profesional pública. Cuestiones que están a pie de urna.
Oriundos del Cerro, la familia lucha contra las facturas y se apoya mutuamente para dar las mejores oportunidades a sus descendientes. El paro preocupa a la mayor del clan, porque reflexiona que con ello gira toda la rueda, mientras que madre e hijo le rebaten que hay que focalizarse en la sanidad y la educación. “Somos tres culturas distintas, tres visiones distintas”, explica Vanesa, “y aquí tienes la situación de tres personas, una con una pensión de mierda, un estudiante que tiene que pagar 3.000 euros por una plaza en la privada para ser informático porque no hay recursos suficientes para la pública y yo, que con 50 años no encuentro trabajo”. “Nos hemos puesto guapas y hemos venido a votar, pero ahora volveremos a casa y volveremos a recogernos el pelo y a ver la tele”, pendientes de su futuro.
A primera hora se acerca la familia de Carmen. Su marido Javier empuja la silla de ruedas en las que descansa su suegro Manuel mientras que María, su suegra, está atenta a cualquier obstáculo en la calle. “Siempre venimos a votar, pero hay partidos que están vendiendo muchas motos y la gente joven se lo está comprando”, avisa el esposo que, con una camisa blanquiazul, confiesa que votará a Adelante Andalucía en estas elecciones con tal de desmarcarse de la lógica nacional y “luchar” por la autonomía. “Vas al médico de la privada y, después de facturar y mandarte al quirófano, te derivan de nuevo a la pública porque es muy complicado, ¡y no lo dicen antes!”, comenta sobre lo ocurrido a un amigo cercano. Pero la mayor preocupación del hogar en este momento es el sistema de dependencia.
“Que haya algún cambio”
María lleva ocho años cuidando a Manuel, que apenas logra responder a las preguntas. “Mi madre lo tiene que hacer todo sola y, aunque tengamos aprobada la ayuda, no es suficiente. Es más, a mi padre le sale a pagar. Son 300 euros al mes para que una mujer venga a casa, pero no se cumple. A ver si agilizan los procesos, los trámites, algo, que haya algún cambio”, replica la hija, crítica con el funcionamiento de una administración que dejó sin atención a las 7.000 personas que murieron en 2025, pese a que los cambios de simplificación administrativa de la Junta intentan rebajar las listas de espera. Volverán a su casa, donde están los más pequeños esperando, mientras que los únicos comercios que permanecen abiertos son tres cafeterías sin apenas gente.
Rocío y Francisco tienen el día planeado: primero, a votar, y luego, a ver el partido de fútbol. Hay tarde maratoniana para los andaluces, que tienen los nervios a flor de piel con los encuentros del Barcelona - Real Betis y el Sevilla - Real Madrid. La camiseta de Francisco deja claro que tiene el corazón dividido, a tres franjas están el escudo bético, malagueño y el de la Roja, pero eso no le quita el sueño. Lo que haya a partir de mañana sí: “Me tuve que parar viniendo hacia aquí por los dolores que tengo en la espalda... Llevo desde los 16 años trabajando en la construcción y, mientras, la gente disfruta de las ayudas y no quiere trabajar. Me indigna profundamente que me quiten 400 euros de la nómina todos los meses y luego paga el agua, la luz, todo, pero... Entre quien entre, van a robar igual”. La intención del voto del vecino ha cambiado en estos años, tal y como señalan las encuestas, pasando del área progresista a la conservadora, “porque tengo nómina y sé lo que supone que la vida esté más cara”.
A su lado, Rocío, que tiene una lesión en la mano y trabaja como limpiadora, asiente con la cabeza y señala dos de sus principales preocupaciones, la inseguridad y la sanidad. “A mi hija le han dado cita para hacerse una cirugía en 2028, repito, en 2028”, una fecha que va a la par de lo que muestran los datos de las listas quirúrgicas en las que hay 200.000 personas aguardando por un quirófano en la comunidad. La pareja mira hacia una de las paredes del patio de la escuela pública poblada de árboles que dan una agradable sombra y señalan el grafiti que, colorido y bien grande, que refleja la palabra “respeto”. Resaltan la importancia de que este valor prevalezca antes de que el reloj les indique que tienen que seguir su camino en este domingo que, más allá de las elecciones, deja tareas pendientes en el hogar.
“Voto en blanco, pero quiero que conste”
Los que permanecerán fieles al PSOE son Manuel y Sagrario, que llevan viviendo en la localidad más de 50 años. “Yo no me voy a cambiar la camisa a estas alturas”, dice resuelto el electricista jubilado. A pesar de su motivación, nombran la falta de seguridad en el barrio como una de sus principales preocupaciones y señalan la ocupación de pisos como un mal a remediar. “Es complicado... Antes se vivía muy bien aquí, pero con la llegada de una serie de personas parece imposible”, comenta la pareja.
En cada una de las conversaciones mantenidas a las puertas del colegio electoral salen los temas más acuciantes, la sanidad, la dependencia, la vivienda, así como la seguridad, que la ultraderecha tomó como filón pero permea todos los espectros políticos. Con todas las encuestas apuntando al PP de Juanma Moreno como el ganador, la cuestión es si gobernará solo o no, y si las izquierdas darán la sorpresa en el último momento.
Quien comienza una nueva vida en Sevilla es Sebastián. Tiene 30 años, colombiano y son las primeras elecciones en las que participa después de estar seis años en Andalucía y conseguir la residencia gracias al procedimiento de arraigo. El objetivo es dejar su puesto como repartidor de pizzas y dedicarse a la peluquería gracias a un curso de formación que comenzará en unas semanas. “Vengo a votar en blanco, ya que no tengo muy claro a quién apoyar, pero quiero que conste”, sostiene. “Falta más empleo, mucho empleo, sobre todo para la gente joven”, comenta en un momento en el que la tasa para los menores de 25 años está en el 32,39% por encima de la media estatal, “y a los más pequeños les diría que se enfoquen en estudiar, en trabajar, en no perder el tiempo por ahí en cosas malas”.
“Hablamos poco de política”
La calle Amor, donde está el colegio, se encuentra en la zona de Amate, en donde la renta media bruta es de unos 40.135 euros al año, un 17,5% más que 2019. A su alrededor, se encuentran varias de las zonas más empobrecidas de la capital sevillana, como Los Pájaros, con 21.575 euros de media o el Cerro del Águila, que está sobre los 28.000 euros. Un poco más lejos está Palmete, con rentas sobre los 25.000 euros y el costado de Nervión, en el que hay hogares donde no alcanzan los 19.000 euros brutos al año. La clase obrera que ha construido y levantado estos barrios dista del ambiente que se respira en Los Remedios, cuyos residentes alcanzan los 70.000 euros de media y, por plaza de Cuba, los 90.000 euros de renta media bruta.
A la entrada del Real Círculo de Labradores se agolpan las famillias. Hay bastante movimiento antes del mediodía y las mesas de las terrazas de los restaurantes circundantes tienen puesta la placa de Reservado. Un ciclista en maillot sale tras votar y pedalea calle abajo. A escasos metros está Ana con Marco y Javier, dos de sus cinco hijos. No saben qué opción votará cada uno, comentan sorprendidos a estas alturas del partido, aunque coinciden en unos valores más conservadores. A plena luz del día, explican las motivaciones que les ha llevado a depositar la papeleta: “Lo peor es la vivienda”, resaltan los jóvenes. El mayor, que planea casarse pronto, vive con sus progenitores ante la falta de opciones en el mercado inmobiliario, aunque tenga un sueldo como profesor en un centro de formación laboral para personas con discapacidad. Mientras, el más pequeño continúa en la residencia de estudiantes con la intención de ser también docente y expresa su preocupación por la escalada de precios. “Están ahorrando”, sonríe su madre.
Acerca de las charlas sobre la actualidad política, Ana resalta que encuentra serias dificultades para expresar su opinión en el ambiente laboral con los compañeros recién llegados en el centro de formación de profesorado. “Con la gente de mi edad, aunque tengamos una posición distinta, hablamos con tranquilidad, pero de los 40 años para abajo están muy polarizados. Se enfadan, por lo que prefiero no hablar para no ser señalada”, admite. Entrando en materia, añade que ella en esta ocasión no ha votado a un partido, sino a una persona, y señala las diferencias entre una camada y otra de políticos. “El perfil ha cambiado. Antes era gente más comprometida, que miraban más por el ciudadano, en cambio, ahora prometen y luego se descontrola... Eso desmotiva”, reflexiona.
Prioridad
Las dos caras de la misma moneda. Pedro y Javier no se conocen, pero coinciden prácticamente en sus ideales políticos a la hora de responder a este medio. Dos generaciones unidas por su ideología. El primero lleva camisa a rayas y se apoya en un bastón mientras que el segundo viste uniforme, ya que en unos minutos entrará a trabajar. Los dos principales motivos que les ha llevado a las urnas este domingo son: la economía y la migración.
En realidad, Pedro no lo expresa de esa manera, pero el discurso de Vox ha calado en su forma de percibir el mundo: “Considero que la inmigración es necesaria, siempre que sea legal, quiero decir, pero la prioridad principal son los españoles, somos nosotros, que ya estamos hartos de las políticas que están hundiendo España”. El joven asiente a su lado y también señala al Gobierno central como el causante de esa deriva, pese a que el país y la autonomía se encuentren en pleno crecimiento económico aún con la escalada internacional de conflictos y el encarecimiento de la energía.
Para la siguiente pregunta tienen dudas, ¿gobierno en solitario de Juanma Moreno o alianza con Vox? “Prefiero lo que voten la mayoría de los españoles, incluso si es el PSOE”, comenta Javier, que al final se moja, “yo no estoy de acuerdo con los pactos, pero si es necesario, no queda más remedio: no puedo evitar que salga Vox y, por ejemplo, se alíe con Pacma”. Siendo un escenario harto improbable, podría reflejar la visión de las nuevas generaciones sobre la falta de interés en un sistema democrático más plural, diverso, en el que hay que discutir cada medida en vez de imponer la absoluta. A ello, Pedro añade: “Que vote el que vote la mayoría y, si se llegan a pacto, que siempre sea constructivo”.