Memoria Histórica

La eterna espera del ADN de Paca Saraiba: muere a los 99 años en Cádiz sin saber si encontraron a su padre fusilado en 1937

Paca tenía nueve años cuando la guerra le cambió la vida para siempre. Nació y creció en San Pablo de Buceite, una pedanía de Jimena de la Frontera (Cádiz), donde su infancia quedó marcada por una huida desesperada, una familia rota y la ausencia de un padre al que nunca volvió a ver. Francisca Saraiba Acedo ha muerto a los 99 años sin haber podido cerrar la herida que la acompañó durante casi nueve décadas: saber dónde estaba enterrado José Saraiba Saraiba, su padre.

Su historia es la de muchas familias que todavía buscan respuestas sobre la represión franquista. Paca fue una de las últimas supervivientes que conservaba en primera persona el recuerdo de aquellos días de 1936 y 1937, cuando el miedo obligó a miles de personas del Campo de Gibraltar a abandonar sus casas ante el avance de las tropas sublevadas.

“Paca salió con su familia cuando tenía nueve años. Se fueron con lo puesto, como muchas otras personas, camino de Málaga”, explica a elDiario.es Andalucía el periodista e investigador Juan León Moriche, integrante del Foro por la Memoria Histórica del Campo de Gibraltar. “Ella recordaba perfectamente aquel camino, cómo llegaron hasta San Pedro de Alcántara y cómo después tuvieron que regresar”.

La caída de buena parte del Campo de Gibraltar en septiembre de 1936 provocó uno de los primeros grandes desplazamientos de población vinculados a la Guerra Civil en Andalucía. Jimena de la Frontera resistió algo más que otros municipios de la comarca, al encontrarse en una zona de sierra, pero finalmente las tropas sublevadas entraron en la localidad. Muchas familias que habían huido regresaron después a sus pueblos pensando que podrían recuperar una vida normal. Para muchas de ellas comenzó entonces una nueva pesadilla.

Entre quienes volvieron estaba la familia de Paca. Su padre, José Saraiba, era zapatero y ejercía también como guardia municipal en San Pablo. Fue detenido y fusilado en 1937 junto a otros vecinos de Jimena. Su mujer, Josefa Acedo, estaba embarazada y tenía varios hijos a su cargo.

“La historia de Paca es la de una mujer que sobrevivió desde niña a una situación durísima”, señala Moriche. “Su madre se quedó viuda, embarazada y con varios hijos pequeños. Fue una superviviente en unas condiciones de absoluta precariedad, como tantas otras mujeres de aquella época”.

La búsqueda de José Saraiba comenzó muchas décadas después de aquel asesinato. Como otras familias de represaliados, los descendientes querían recuperar no solo unos restos, sino también una parte de una historia que durante años permaneció silenciada. El Foro por la Memoria Histórica del Campo de Gibraltar inició en 2019 una investigación previa a los trabajos arqueológicos en el cementerio de Jimena, con la recopilación de testimonios de familiares.

En ese proceso entrevistaron a Paca. Su relato quedó recogido, junto al de otras familias, en el libro Jimena de la Frontera, 1936-1945. Testimonios. Hablan las personas que buscan a sus familiares asesinados, elaborado por Juan Miguel León Moriche y Jesús Román Román.

“Cuando la entrevistamos en 2020 ella tenía muy presente todo lo que había ocurrido. No era un recuerdo lejano, era algo que había formado parte de toda su vida”, cuenta Moriche. “Siempre estuvo vinculada a los actos de memoria que organizábamos en Jimena. Para ella no era una cuestión del pasado, era una búsqueda que seguía abierta”.

Los trabajos de exhumación realizados en el cementerio municipal durante los veranos de 2020 y 2021 permitieron localizar restos de 19 personas. Treinta familias aportaron muestras de ADN con la esperanza de que las comparaciones genéticas permitieran identificar a sus familiares desaparecidos. Entre ellas estaba Paca, que lo hizo en 2020.

Pero la respuesta nunca llegó. Los análisis quedaron pendientes y las familias continúan esperando los resultados que puedan confirmar si alguno de esos restos pertenece a sus seres queridos.

“Es muy frustrante porque las familias han hecho todo lo que tenían que hacer. Han aportado sus muestras, han dado sus testimonios y siguen esperando”, lamenta Moriche. “El problema es que el proceso está bloqueado. La Universidad de Granada es la que tiene que realizar los análisis comparativos y no se está avanzando”.

Paca, pese a su avanzada edad y sus problemas de movilidad, siguió participando en los homenajes. En octubre de 2022 acudió al cementerio de San Pablo, donde fueron depositados los restos recuperados durante las exhumaciones, aunque todavía sin identificar. Llegó en silla de ruedas, pero quiso levantarse para fotografiarse junto a otros familiares de víctimas.

Aquel día volvió a recordar a su padre. Lo hacía como había hecho durante toda su vida: sin olvidar su nombre y reclamando que su historia no quedara enterrada junto a él.

“Ella pensaba en su padre todos los días”, explica Moriche. “No era una persona que buscara venganza, buscaba algo mucho más sencillo: saber dónde estaba su padre y poder cerrar una historia familiar que llevaba demasiado tiempo abierta”.

Paca deja cinco hijos, que han recibido de ella el testigo de continuar una búsqueda que empezó cuando era una niña y que nunca abandonó. Su muerte supone la desaparición de una voz directa de aquella generación que sufrió la represión, pero también deja un legado: el de quienes mantuvieron viva la memoria cuando durante décadas no hubo respuestas.

Casi 90 años después del asesinato de José Saraiba, la pregunta continúa sin resolver. Paca se marchó sin conocer la verdad completa, pero sus hijos y las familias que siguen esperando mantienen pendiente una deuda con quienes fueron asesinados y enterrados en silencio.

La historia de Paca no termina con su muerte. Continúa en una muestra de ADN, en una fosa todavía sin identificar y en la memoria de una familia que sigue esperando recuperar el nombre y los restos de un hombre que desapareció en 1937.