El debate de solidaridad con Ceuta en el Parlamento andaluz degenera en un estallido de insultos: “Puteros”, “nazis”, “traidores”
El debate de solidaridad con Ceuta en el Parlamento andaluz ha degenerado en un estallido de insultos y expresiones malsonantes entre PP y Vox, socios del Gobierno de Juanma Moreno, y la bancada de las izquierdas. No han pasado ni 48 horas desde que se inició la primera sesión de control de la legislatura, tras las elecciones del 17 de mayo, y el ambiente político es irrespirable.
En parte, porque el horizonte no son los próximos cuatro años de legislatura, que mencionó reiteradamente Moreno el día antes, tratando de desincentivar a sus ya de por sí desmoralizados adversarios del PSOE. El horizonte son las próximas elecciones generales. Sus señorías están en precampaña, en plena guerra dialéctica, y la primera línea de confrontación es la crisis de Estado que vive Ceuta, probablemente la peor que ha encarado el Ejecutivo de Pedro Sánchez en ocho años.
“¡Aquí no cabe la moderación!”, ha anunciado la diputada de Vox María Eiberle, al abrir el debate sobre la situación de Ceuta. Una frase que sirve tanto de presentación como de epitafio de la recién estrenada legislatura en Andalucía.
El arranque del curso político, bajo el primer Gobierno de coalición PP-Vox, recuerda mucho a aquella legislatura del año 2019, cuando se estrenó el primer Ejecutivo de Moreno -poniendo fin a 37 años de socialismo en el poder- y la ultraderecha irrumpió en la primera institución española. Ambos factores, inéditos, convirtieron las primeras sesiones del Parlamento en tormentas políticas, con cruces de insultos y palabras gruesas entre la bancada de la izquierda destronada y la llegada de los diputados ultra. “¡Fascistas!”; ¡Planchabragas!“, se decían entonces, a micrófono abierto.
Algo parecido ha ocurrido este jueves en la Cámara andaluza que, tras evaporarse la mayoría absoluta de Juanma Moreno, ha sufrido un abrupto retorno al pasado: de aquel espacio zen bajo el efecto narcotizante de una política hipotensa [58 diputados del PP]al volcán en erupción que acostumbramos a ver en el Congreso.
Los insultos cruzados han vuelto a poblar el diario de sesiones, incluso en boca de un vicepresidente de la Junta, flamante consejero de Turismo y Justicia, Manuel Gavira, que aún no se ha ajustado el traje institucional y sigue ejerciendo como portavoz del grupo ultra, pero desde el sillón verde del Gobierno. “Los puteros son ustedes”, le ha soltado el vicepresidente Gavira a la bancada socialista en su primera intervención desde la tribuna, cuando el PSOE ha denunciado que las unidades de valoración a víctimas de la violencia de género han recaído en manos de Vox, “un partido negacionista”.
“Puteros”, “sinvergüenzas”, “nazis”, “idiotas”, “racistas”, “machistas”, “hipócritas”. La segunda sesión del Pleno empezó por la mañana, temprano, con las primeras preguntas de la oposición a Gavira. Ahí fue cuando los socialistas se refirieron a Vox como un partido de “machistas y racistas”, y el vicepresidente de la Junta les llamó “puteros”.
El PSOE protestó, exigió que se retirase el exabrupto del diario de sesiones, la presidenta de la Cámara, la popular Ana Mestre, consintió a cambio de borrar también los duros calificativos que los socialistas habían dedicado a su socio de Gobierno. Más adelante volvió a ocurrir: Mestre silenció el micrófono del diputado socialista Mario Jiménez, cuando tildó de “sinvergüenzas” a sus señorías del PP por intentar hacer ingobernable Ceuta y reventar la situación“, pero lo dejó pasar cuando el portavoz popular, Toni Martín, le respondió en su turno con el mismo calificativo.
El PSOE de María Jesús Montero, el más vilipendiado por una mayoría parlamentaria abiertamente conservadora (PP y Vox suman 68 diputados de 109), elevó un escrito de queja a la presidenta de la Cámara acusando su “imparcialidad”. “Vox no ha pedido que se retire del diario de sesiones el calificativo de machistas y racistas, no se dan por aludidos, quien lo ha hecho en su nombre es la presidenta del Parlamento”, mascullaron los socialistas. Ni unos ni otros consintieron borrar sus insultos del diario de sesiones, lo hizo Mestre “de oficio” y en clave salomónica.
En ese ambiente belicista -con Moreno y Montero fuera de la Cámara, acompañando la visita de Pedro Sánchez al proyecto de hidrógeno verde en Huelva- se llegó al debate sobre la crisis migratoria de Ceuta, una proposición no de ley impulsada por Vox. Se preveía un duelo convulso, porque la semana previa PSOE, Adelante Andalucía y Por Andalucía habían vetado una iniciativa similar del PP, aduciendo que era un subterfugio para atizar al Gobierno.
Las proposiciones no de ley son meros posicionamientos políticos del Parlamento, a veces sobre asuntos que competen al Ejecutivo central, y donde afloran las contradicciones de los grupos que van a rebufo. Aquí, PP y Vox buscaban retratar las contradicciones de las izquierdas, obligándoles a votar un texto que brindaba apoyo público a Ceuta, a la par que exigía dimisiones de ministros y tiraba por tierra la política inmigratoria del Gobierno.
La iniciativa de Vox que se ha debatido -cercenada por los grupos de izquierdas- conjugaba esas dos facetas: reafirmación de la soberanía española de Ceuta y Melilla, rechazo a las pretensiones de Marruecos sobre el territorio español y la condena a las declaraciones de ministros marroquíes... Se apeó la crítica al Gobierno de España por su tibieza en el conflicto con el reino alauita y la petición de cese del ministro de Interior, Fernando Grande Marlaska. Aun así, el tono bronco del debate no invita a la izquierda a votar a favor. Estos suelen ser debates trampa: votar sí es alinearse con la derecha, votar no es rechazar en bloque toda la iniciativa, incluida las partes de más consenso, por ejemplo, reafirmar la soberanía española de Ceuta.
Pero aquí importa más el debate que el resultado. La discusión la abrió la diputada de Vox María Eiberle, que planteó el debate como un pulso entre españoles buenos y malos. Ahí es donde sentenció la muerte de la “moderación” -entiéndase, la vía andaluza de Moreno-. “O con Marruecos o con España; o con las mafias y las ONG que trabajan para ellas o con los españoles; o con los invasores o con los españoles. La izquierda andaluza pertenece a la mafia del traidor Sánchez”, dijo.
El discurdo de Eiberle, leído, tocó techo cuando denunció que “ponerle camas nuevas a los inmigrantes en Ceuta” era una “traición” a España. El primero en recoger el testigo fue el coordinador federal de IU y portavoz de Por Andalucía, Antonio Maíllo, que comparó el hostigamiento de Vox con “los nazis”. “Usted lleva un crucifijo colgado del cuello pero se ha olvidado de la compasión cristiana que representa”, le dijo Maíllo, afeándole que no hubiera mencionado a los 141 inmigrantes que murieron en el mar intentando cruzar la frontera.
Así es la imagen que ofreció el Parlamento de Andalucía, “extensión de Ceuta”, en palabras del presidente Juanma Moreno. “¡Aquí no cabe la moderación!”, ha proclamado su socio de Gobierno, instándole a ponerse cómodo en el nuevo “frente común contra el traidor Pedro Sánchez”. Ya se lo había anticipado Gavira tres meses antes de convertirse en su vicepresidente primero: “¡Vamos a polarizar mucho! Quieren llenar España y Andalucía de moros”.
Con todavía miles de extranjeros hacinados en Ceuta -unos 3.000 menores- Andalucía y el resto de comunidades gobernadas por el PP se han negado a acoger provisionalmente a esos niños para descongestionar la ciudad autónoma, cargando toda la responsabilidad sobre el Ejecutivo central. Tampoco el presidente ceutí, Juan Jesús Vivas, ha echado mano del convenio bilateral que tiene firmado con Moreno desde 2024 para casos de contingencia migratoria como ésta. Las izquierdas andaluzas les acusan de “boicotear” las soluciones que ofrece el Gobierno para intentar aliviar la crisis.
En paralelo, el Parlamento Europeo estaba aprobando, a esa hora, una iniciativa impulsada por los populares y la ultraderecha (rechazada por socialdemócratas, liberales e izquierdas) para denunciar “la instrumentalización de los migrantes irregulares es una herramienta de guerra híbrida”, defender que la “soberanía e integridad territorial de Ceuta y Melilla deben respetarse”, para “alertar por el efecto llamada de la regularización a gran escala en España, que envía el mensaje equivocado”, y para exigir a España que “debe aplicar el Pacto sobre Migración y Asilo y cooperar con Marruecos para la readmisión de migrantes”.