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Rehabitar la ternura

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Llevamos tiempo escuchándolo: vienen tiempos oscuros. La tensión aumenta, las defensas se activan y la negatividad quema todos los puentes. Tampoco ayuda la sobreestimulación informativa actual; entre titulares sobre la llegada del Papa y la desesperanza que genera la política institucional, encontrar un hilo del que tirar resulta desalentador.

Es que fíjate lo que me dijo una amiga. Cómo puede ser que en la propia “V Conferencia Ministerial de Política Exterior Feminista” se excluya a mujeres racializadas, refugiadas, migrantes y apátridas. De ello da fe la Asociación de Mujeres de Guatemala, cuya solicitud de participación fue denegada, al igual que la de otras entidades de mujeres migrantes y refugiadas afincadas en España. Eso sí, se hacen la foto con alguna mujer que no sea blanca y así cumplir con la cuota de la “diversidad” del espacio.

Otro trago amargo más por parte de un cinismo institucional, que dice querer hablar de paz y democracia obviando a las mujeres que vienen de la mitad sur del planeta. ¿De qué paz, democracia y feminismo están hablando, pero sobre todo para quién?

Sin embargo, creo que hay que mirar lo que se está haciendo bien. El Espacio PEFIAC ya organizó en 2024 el I Encuentro internacional ‘Voces diversas. Interseccionalidad: elemento esencial y articulador de la política exterior feminista’, aun siendo ignoradas y excluidas por parte de la embajadora en Misión Especial para Política Exterior Feminista del Gobierno de España.

Te comento esto porque lo que han hecho estas mujeres me parece un gesto de amor y ternura grande y generoso: dar un paso al frente por coherencia es una gran muestra de amor a la comunidad y al mundo.

Pero en esto es cuando más necesario se hace desconectar el piloto automático y recordar que, ante un mundo hostil, necesitamos la ternura. Como bien dijo Youssef Ouled, nos deshumanizan porque nos niegan la ternura. Mientras se enaltece la dureza y la frialdad, más necesaria se vuelve, tanto pa’ dentro como pa’ fuera.

Nos han desahuciado de nuestra propia casa, nos han quitado la capacidad de hablar de sentimientos y de desarrollarlos, como si no fuera importante o algo fácilmente relegable. A tiempos oscuros y complejos, que ya lo eran para muchas desde hace mucho, reconocer la ternura para habitarla es la clave para vivir, y no seguir sobreviviendo

Sin embargo, esto puede que lo sientas muy empalagoso. Hay para quien la ternura debe ser algo de la intimidad y privado, casi oculto por pudor. Pero, ¿qué pudor? ¿Cómo hemos llegado a pensar que no cabe en el espacio público cualquier muestra de ternura?

A veces, la verdad se encuentra a simple vista, y ese desdén a lo emocional y querer ubicarlo en lo privado, resulta ir de la mano a la asociación de que es algo “de chicas”. ¿Energía femenina lo llaman ahora en redes sociales?

Aunque hay gratas excepciones, y es que un amigo me dijo que su mayor demonio era no perder la ternura que le quede, ¿acaso sabemos ya lo que es? Si acudimos al diccionario nos dice que es lo contrario a la dureza, lo cual me recuerda mucho a esa mirada sobre las mujeres negras, fuertes y resilientes que pueden con todo, duras como rocas.

Por ello hay que rescatar el hecho de que hay algo muy tierno y bello en reconocer la ternura en otro, en lo otro, en donde no se espera esa ternura, y, sobre todo, no se la reconoce porque no se expresa en un abrazo, si no en ese fufu que se está haciendo mientras ves en el sofá una película, en esas flores para celebrar que ya eres doctorada, en la comida post TFG, una comida popular para recaudar fondos para una causa ajena, o en una siesta en el sofá de esa casa que no es tuya en el papel pero sabes dónde se guarda el pan.

No me gusta, te lo prometo, pero en este mundo tan acelerado, burocrático y violento a veces siento que la capacidad de amar ha sido totalmente drenada.

¿Qué amor esperamos recibir si no nos permitimos ser tiernas con nosotras mismas? Aprendí esto de Rosalia y Amina, porque la ternura como expresión afectiva tiene mucho de compasión y responsabilidad mutua.

Nos han desahuciado de nuestra propia casa, nos han quitado la capacidad de hablar de sentimientos y de desarrollarlos, como si no fuera importante o algo fácilmente relegable. A tiempos oscuros y complejos, que ya lo eran para muchas desde hace mucho, reconocer la ternura para habitarla es la clave para vivir, y no seguir sobreviviendo.