La cena de los... adinerados
Sucedió el pasado jueves 17 de septiembre, en Sevilla, y más concretamente en la emblemática plaza Virgen de los Reyes, donde, pese a que las propias ordenanzas municipales lo prohíben expresamente, se celebró un evento de carácter privado: la cena conmemorativa por el 20º aniversario de la revista Escaparate. Previo desembolso, que sepamos, de al menos 36.000 € de dinero público, Moreno Bonilla y José Luis Sanz, presidente de la Junta de Andalucía y alcalde de Sevilla, respectivamente, tuvieron la ocasión de enfundarse sus mejores galas para codearse con miembros de la aristocracia así como con acaudalados representantes del empresariado patrio. Un absoluto despropósito.
El gobierno municipal seguramente aduzca como razón para saltarse su propia normativa que la mencionada cena brinda a Sevilla “una publicidad impagable” (argumento empleado por los dos últimos alcaldes de la ciudad para justificar eventos privados que se financiaron desde el erario público). No obstante, basta con hacer un somero repaso a la prensa para comprender que el fiestorro celebrado a los pies de la Giralda no ha tenido una publicidad precisamente positiva, sino que ha terminado por convertirse en la metáfora perfecta para definir la escasa catadura moral y las pocas luces que caracterizan a la derecha andaluza.
¿Hay alguien que, en su sano juicio, pueda justificar lo sucedido? Es más, me pregunto: ¿hay alguien que antes de este esperpento conociera siquiera la existencia de la mencionada revista Escaparate? Su fundador y director, un tal Mario Niebla del Toro, ya se ha beneficiado previamente de fondos públicos a través de su empresa, la cual tiene un nombre más que llamativo: Sevilla por la gracia de dios SL. Resulta sorprendente, por ejemplo, que el Ayuntamiento de Sevilla le haya abonado al menos 7.000 euros por “la recepción de personas famosas durante la Semana Santa” o que la Junta de Andalucía le haya pagado hasta 28.000 euros en varios ejercicios presupuestarios, figurando dichas partidas en documentos públicos como gastos de representación. Las paguitas de la derecha.
Como decíamos antes, el evento celebrado en Sevilla ha sido un absoluto y completo despropósito, incluso antes de su celebración. Ya en el primer vídeo promocional, sin ningún tipo de rubor ni sensibilidad, los organizadores anunciaban la susodicha cena mostrando a una persona sin hogar durmiendo sobre el mobiliario urbano del centro de la ciudad. Y, para tal vez dar la sensación de que no era un evento cerrado a los vecinos y vecinas de la ciudad, los organizadores tuvieron a bien sortear varias entradas para que los afortunados y afortunadas pudieran admirar, tras una necesaria valla, como la caterva de prebostes allí reunidos se ponían finos gracias a los dineros de la ciudadanía sevillana y andaluza.
El dolor y el sufrimiento no son patrimonio exclusivo de Sevilla. En Cádiz, tan solo en el primer mes y medio de 2026, fallecieron hasta cinco personas sin hogar que, noche tras noche, se veían obligadas a pernoctar en la calle
Lo terrible, no obstante, no es la imagen que Ayuntamiento y Junta proyectan de la ciudad. Lo terrible es que esta ridícula conmemoración tiene lugar en una ciudad con el dudoso honor de aglutinar a los barrios más pobres de todo el Estado español. Lo terrible es que el dinero público de los andaluces se despilfarra en semejante patochada cuando, hace apenas un mes, se descubría el cuerpo sin vida de Marta, una mujer de 70 años que, sin más recursos ni opciones, fallecía en el barrio de Triana, en un trastero de seis metros cuadrados en el que se veía obligada a vivir.
Pero el dolor y el sufrimiento no son patrimonio exclusivo de Sevilla. En Cádiz, tan solo en el primer mes y medio de 2026, fallecieron hasta cinco personas sin hogar que, noche tras noche, se veían obligadas a pernoctar en la calle. La respuesta del gobierno municipal ha sido endurecer los protocolos de los servicios de limpieza municipales para expulsar del entorno urbano a quiénes se encuentran en esta terrible situación de desamparo con medidas tan humanas como retirarles y tirar a la basura sus escasas pertenencias. La delegación de APDHA Cádiz impulsa actualmente una campaña que exige la implementación de hasta 11 medidas concretas para erradicar el sinhogarismo de la ciudad de Cádiz.
Y en Granada pasa un tanto de lo mismo. Allí la plataforma 'La calle mata', que desde hace años trabaja para mejorar las condiciones de vida de las personas sin hogar, denuncia como el Ayuntamiento, cuya actuación se basa en una improvisación permanente, recorta los recursos destinados a este colectivo tan vulnerable mientras invierte sus fondos en promocionar la candidatura de la ciudad como capital cultural europea. Incluso el Defensor del Pueblo Andaluz emitió una resolución a comienzos del presente año instando al Ayuntamiento de Granada a cumplir con sus obligaciones y aprobar un Plan Estratégico para la Erradicación del Sinhogarismo, habida cuenta de que el último existente lleva ya casi cuatro años caducado.
Son esos mismos políticos que se empeñan en convencernos de que la pobreza, la precariedad y los desahucios son poco más que simples fenómenos meteorológicos y que, al igual que llueve porque tiene que llover, poco o nada se puede hacer para evitar que cada vez nos cueste más llegar a fin de mes o para impedir que el banco o un fondo buitre nos quite nuestra vivienda
La sinvergonzonería y el cinismo tampoco son patrimonio exclusivo de la clase política andaluza. El mejor ejemplo lo encontramos en Madrid, cuyo gobierno autonómico es capaz de gastar hasta seis millones de euros en la compra de un ático de lujo, que todas sabemos que iba a ser disfrutado por la mismísima Isabel Díaz Ayuso, al tiempo que pone una inmensa alfombra roja a esos fondos buitre que hace apenas unos días desahuciaban a Maricarmen de la que durante décadas había sido su casa.
Creo que hay una realidad objetiva que nadie puede negar: durante las últimas décadas en el Estado español se ha consolidado una clase política que no tiene como principal interés representar al conjunto de ciudadanos y ciudadanas que les ha votado, pues su aspiración más íntima es codearse e incluso llegar a formar parte de esa élite económica y social que, por ejemplo, se dio cita en la cena de gala de la revista Escaparate. Solo así se explica que todos los presidentes y buena parte de los ministros de los diferentes gobiernos de nuestra Democracia, de diferente color y signo político, acaben sus trayectorias profesionales en los consejos de administración de grandes empresas. No hay prueba más palmaria de sus verdaderos intereses.
Son esos mismos políticos que se empeñan en convencernos de que la pobreza, la precariedad y los desahucios son poco más que simples fenómenos meteorológicos y que, al igual que llueve porque tiene que llover, poco o nada se puede hacer para evitar que cada vez nos cueste más llegar a fin de mes o para impedir que el banco o un fondo buitre nos quite nuestra vivienda. Tal vez ha llegado el momento en el que comprendamos que no es lluvia lo que cae sobre nuestras cabezas, sino que, por el contrario, hay alguien que está miccionando directamente sobre nuestras cabezas, sobre nuestras esperanzas y sobre nuestros derechos.