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El alto precio de ser “moneda de cambio”: el campo andaluz ante el acuerdo con Mercosur
Tras casi tres décadas de complejas negociaciones, la reciente firma del acuerdo comercial entre la Unión Europea y los países del Mercosur (Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay) nos deja una sensación de profunda indefensión. Como federación que representa a más de 340.000 agricultores y ganaderos en Andalucía, socios de base de nuestras más de 600 empresas cooperativas agroalimentarias, no podemos sino lamentar que este tratado, el más grande del mundo, se haya cerrado de espaldas a los intereses de nuestro sector productor.
La realidad es cruda: los agricultores y ganaderos volvemos a ser la “moneda de cambio” de la política comercial de Bruselas. Mientras la Comisión Europea celebra el acceso a materiales “raros” para la transición ecológica y ventajas para la industria automovilística, se sacrifica la soberanía alimentaria de nuestro continente, cada vez más menospreciada, cada vez más esquilmada.
Nuestra preocupación no nace de un rechazo a la entrada de productos de otros orígenes, pues las cooperativas andaluzas somos eminentemente exportadoras y estamos a favor del comercio global, pero donde todos podamos competir en igualdad de condiciones en los mercados. Y es aquí donde está el quid de la cuestión. Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía rechaza este acuerdo por la competencia desleal que oficializa.
Se ha puesto una “alfombra roja” a alimentos procedentes de Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay producidos con sustancias y métodos que llevan años prohibidos en la Unión Europea.
Es inaceptable que se obligue a nuestros productores a cumplir una estricta normativa ambiental, social y laboral mientras se permite la entrada masiva de productos como carne de vacuno, arroz, miel, zumo de naranja, azúcar o ajos que no juegan con las mismas reglas.
Además, el acuerdo no es equitativo en sus términos. Mientras que la UE liberaliza sectores del Mercosur de forma inmediata o en plazos relativamente cortos, el aceite de oliva español tendrá que esperar un periodo agónico y de transición de 15 años para ver eliminados sus aranceles en el bloque suramericano.
Más grave aún es el caso de la aceituna de mesa: las dos principales partidas que exportamos al bloque de Mercosur han quedado fuera de la liberalización, por lo que seguirán pagando aranceles, mientras que la UE sí reducirá las tasas para las aceitunas que vengan de allí en apenas 7 años. Lo mismo sucede con el vino español a granel, que queda excluido de las ventajas comerciales.
Es cierto que se han establecido cuotas y cláusulas de salvaguardia para productos sensibles. Sin embargo, la experiencia nos dicta que estos mecanismos suelen ser muy lentos de activar y que las cuotas fallan en una Unión Europea sin un control de fronteras común y sin controles en origen. Por ello, el sector lleva décadas exigiendo que la Comisión supervise de forma constante y proactiva estas importaciones para evitar que hundan los precios de las producciones andaluzas y españolas.
Nuevo varapalo al sector
Desde Cooperativas Agro-alimentarias de Andalucía reafirmamos que este acuerdo, en los términos conocidos, supone un nuevo varapalo para un sector que ya lucha contra las inclemencias meteorológicas, los altos costes de producción, la falta de mano de obra en el campo o la falta de relevo generacional.
No pedimos protección frente a la competencia, pedimos justicia y reciprocidad. Si Europa quiere liderar la sostenibilidad en el mundo, no puede hacerlo importando aquello que prohíbe producir en su propia casa a sus agricultores y ganaderos.
Es una lástima que la UE vuelva a dar la espalda al sector y hacer oídos sordos a las movilizaciones que se han mantenido tanto en Europa como en España, como rechazo a dicho acuerdo. Pero no nos daremos por vencidos.
De hecho, los agricultores, ganaderos e industrias agroalimentarias andaluzas estamos llamados a manifestarnos ante las subdelegaciones de Gobierno de todas las capitales de provincia de Andalucía el próximo 29 de enero.
El campo andaluz necesita oxígeno, por lo que, en este momento, la proliferación de cesiones a terceros países, la reducción del presupuesto de la nueva PAC y el endurecimiento de sus condiciones resultan totalmente inasumibles y llevan a la ruina a miles de explotaciones andaluzas.
Y hay que subrayar que esto no es un problema sólo del campo. Pues, sin agricultores ni ganaderos en Andalucía, a todos los consumidores nos saldrá muy caro.