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Santi Fernández Patón, escritor: “El individualismo salvaje de hoy tiene su origen en el confinamiento”

Alejandro Luque

8 de junio de 2026 21:58 h

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Verano de 2020, en una rotonda fronteriza de Hendaya. El protagonista de Última escala, la nueva novela de Santi Fernández Patón, ve cómo su pareja, Miriam, desaparece tras subir a un autobús. Es el punto de partida de una historia que va a profundizar en la crisis personal de este personaje para acabar adquiriendo un alcance universal. “Lo que vertebra todas mis novelas es cómo lo personal se implica en lo social y, en esta novela en concreto, quizá es más evidente”, asevera el autor, “en el sentido de que el telón de fondo de esta ruptura y la reconstrucción del personaje tiene lugar al mismo tiempo que una sociedad se tenía que reinventar después de una pandemia que trastocó un montón de pilares”.

El autor, columnista en elDiario.es Andalucía, presenta el libro este martes en Sevilla a las 20:00, con Isaac Rosa, en Librería La Fuga, y el miércoles en Málaga con Guillermo Busutil en la librería Suburbia, a las 19:00. Ante la casualidad de que también novelas recientes como Feliz final del propio Isaac Rosa o El detalle de Jesús Carrasco hablen de rupturas sentimentales, Fernández Patón cree que “estamos viviendo en un mundo acelerado, en un mundo que se empieza a descomponer en muchos aspectos, y enfrentarse a una ruptura personal como es un desamor me servía para catalizar todo ese viaje, tanto personal como social, hacia la construcción de una nueva subjetividad, que es, al fin y al cabo, de lo que trata la novela”.

Por otro lado, el hecho de que la separación se produzca en un punto fronterizo como Hendaya no es, en palabras del autor, nada casual. “Desde el primer párrafo el protagonista lo reconoce. Hendaya tiene una particularidad, para quien no haya estado allí en la que tú entras por el lado del País Vasco español y, cuando llegas al otro lado, estás en el País Vasco francés. Entonces él dice algo así como que entramos en la rotonda por el lado de la pareja y salimos de ella por el de la ruptura”.

Marcados profundamente

“Todo surge de una anécdota personal”, prosigue. “Mi pareja hace la vendimia en Francia en muchas ocasiones, igual que la pareja del protagonista, y yo la acompañaba hasta esa rotonda. Allí se subía a un autobús y yo me quedaba unos días más solo. Empecé a pensar qué habría ocurrido si, al subir a ese autobús, mi pareja me hubiera dicho: ‘En realidad me subo a este autobús y no vuelvo. Quería haberte dejado, pero como estábamos en confinamiento no pude’. Empecé a tirar de ese hilo y de ahí fue surgiendo la historia. A partir de ahí empecé a desarrollar la historia del protagonista, al mismo tiempo que recuperaba fragmentos escritos de obras que habían fracasado, y en los que quería hablar de otros asuntos. No sabía cómo engarzar todo eso hasta que descubrí que precisamente todo lo que habíamos vivido con el Covid podía servir. Porque esa es otra cuestión: creo que hubo muchas novelas e historias increíblemente oportunistas sobre el Covid y se hizo literatura muy mala, una literatura que todavía no tenía una mirada reposada ni una perspectiva suficiente”.

Para Fernández Patón, “este es el momento de empezar a analizar cómo nos afectó aquello. Ahora, con más calma, y cuando los lectores pueden estar más receptivos y entender que ya no se trata de oportunismo literario, sino de algo realmente necesario: ver qué supuso la pandemia”. Por otro lado, está convencido de que “me perjudicó escribir una novela con ese telón de fondo, porque algunas editoriales importantes se negaron directamente a leerla. Entendían que era un tema feo, del que no se quería hablar, o que podía tener una mirada oportunista. Ahora me está pasando lo contrario. Los primeros comentarios que estoy recibiendo son muy positivos”.

“Creo que cosas que estamos viviendo hoy —la presencia de las fake news, la polarización, la apelación a la libertad entendida como individualismo salvaje— tienen su germen en muchos episodios ocurridos durante esos meses de confinamiento y los posteriores. Fue un episodio que marcó profundamente a esta sociedad y que parece que queremos rehuir. Mi mirada, o eso he intentado, resulta atractiva porque está hablando de otras cosas que nos atañen universalmente: el desamor, las recomposiciones familiares, las recomposiciones laborales”.

Humor en la tragedia

El escritor señala asimismo que la novela “tiene también partes de humor, porque hubo humor en medio de la tragedia. Tiene muchos elementos que hacen que la pandemia sea simplemente ese telón de fondo que nos ayuda a comprender los elementos individuales del narrador. No hay una presencia invasora o totalizadora de la pandemia que pudiera echar para atrás al lector”.

En cuanto al modo en que esta nueva obra dialoga con novelas anteriores, como Grietas o Todo queda en casa, comenta que “creo que hay algunos temas que se vienen repitiendo en mis novelas de una u otra manera, más enmascarados o de forma más evidente. Uno de ellos son las segundas oportunidades, los errores y la indagación personal. Son novelas muy introspectivas en las que me enfrento siempre a un reto como narrador, pero también como lector. Quiero novelas dinámicas, novelas que atrapen, y quiero que la indagación no se confunda con el solipsismo. Que la historia esté presente y le sirva al lector para entrar de una manera y salir de otra, sin tener la sensación de haberse metido en marismas demasiado solipsistas. Creo que eso es lo que mejor las define y está presente en todas ellas: recomponerse al mismo tiempo que el contexto social está muy presente. Y cuando digo social no me refiero exclusivamente al contexto político, sino también al económico”.

A este respecto, apunta que “en mis novelas está siempre muy presente el dinero: en qué trabajan los personajes, cómo se ganan la vida y cómo eso define su manera de ver el mundo, de amar, de relacionarse con los otros y de enfrentarse al día a día. Me parece algo fundamental. Y en esta novela, en concreto, lo hago también desde el humor. No quiero desvelar demasiado, pero tiene mucho humor. Creo que esa es otra constante en mis novelas, igual que otra lo son las familias que sufren pérdidas traumáticas. Eso también viene de mi propia biografía. Mi madre murió a los 39 años; yo tenía 11. Es un hecho que me ha marcado y que siempre, de alguna manera, está presente en mis novelas. Hay una pérdida traumática que acaba definiendo también la subjetividad y la personalidad de cada personaje. Y te adelanto algo más: en la próxima novela en la que estoy trabajando quizá haya incluso algún cameo de algún personaje de esta”.

El centro del mundo

Para terminar, Fernández Patón cree que pertenecer a la clase media literaria –“e incluso a la clase baja”, matiza con humor– es un hándicap que se suma al hecho de ser andaluz viviendo en el norte de España, es decir, un periférico. “Yo me crie en Madrid, aunque mi familia no es madrileña y no tengo familia allí. Llevo en Andalucía más tiempo que en cualquier otra parte del mundo, y ahora con este interludio en Gijón, al que me fui hace años por cuestiones laborales y familiares. Y añado que clase baja, al menos en lo que se refiere a ventas. Además, me reivindico como escritor de provincias”.

“Mis novelas suelen transcurrir en Málaga; casi todas lo han hecho”, subraya por último. “Hay episodios breves en Madrid y, en la actualidad, en Gijón, pero yo hablo de Málaga como hablan los escritores de Madrid: mencionan barrios, calles y bares sin dar explicaciones, como si todos tuviéramos que conocerlos por el simple hecho de ser Madrid. Pues yo hago lo mismo. Hablo de Málaga como si fuera el centro del mundo”.