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Un Zapatero poco borgeano

El expresidente José Luis Rodríguez Zapatero a su llegada a la Audiencia Nacional, el 17 de junio pasado.

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En su reciente entrevista en televisión española, José Luis Rodríguez Zapatero evocó a Jorge Luis Borges para mostrar su resiliencia frente al proceso judicial que afronta. “Todo lo que nos ocurre”, dijo, parafraseando al escritor argentino, “hasta las humillaciones, desdichas, contratiempos, son materia prima que sirve para dar forma a nuestra tarea.

La cita me sorprendió y me devolvió a un artículo que escribí hace casi cinco años a propósito de un pequeño libro que el dirigente leonés dedicó al autor de El Aleph. Aquel artículo dejaba entrever una abierta simpatía por el Zapatero expresidente. Por el que apoyó a los gobiernos de coalición del PSOE con Unidas Podemos, primero, y con Sumar, luego. Por el que defendió a gobiernos progresistas de América Latina, desafiantes con los Estados Unidos, Y por supuesto, al lector apasionado de Borges, un autor al que también admiro desde muy joven.

Que mi simpatía se ciña sobre todo al Zapatero expresidente no es algo gratuito. Para muchos de mi generación el Zapatero presidente tuvo más claroscuros. Los de un líder progresista que abrió debates democratizadores cruciales, sobre todo cuando necesitaba a Izquierda Unida y a la Esquerra Republicana de Joan Tardà. Pero también los de un dirigente que no terminó de ir a fondo con muchos de ellos. El que introdujo el debate sobre el republicanismo filosófico, pero sin atreverse a cuestionar la monarquía. El que se mostró abierto a un cierto federalismo plurinacional, pero acabó reculando y dejando solo a Pasqual Maragall cuando se debatió el Estatut de Catalunya. El que propició conquistas importantes en materia de derechos, pero tras el crack financiero de 2008, consintió recortes y se avino a reformar la Constitución para priorizar el pago de la deuda a los grandes acreedores`por encima de otros derechos ciudadanos.

Lo cierto es que ese Zapatero moderadamente progresista, pero “de régimen” al fin y al cabo, transmutó en algo distinto cuando Pedro Sánchez aceptó gobernar con el apoyo de fuerzas de izquierdas republicanas, independentistas, y también con el PNV y Junts. En ese contexto, dio apoyo a políticas progresistas en general. Se plantó ante la extrema derecha en América Latina, alentó una mayor apertura a China y fue un interlocutor destacado entre quienes defendemos una reforma plurinacional del Estado.

En estas actuaciones, el expresidente dio muestras inequívocas de coraje, una virtud que según el propio Borges define a un ser humano y justifica su vida.

Desde esta perspectiva, no cabe duda de que el proceso judicial en su contra, pleno de irregularidades e incluso de injerencias de los Estados Unidos de Trump, tiene mucho de castigo por su actividad política reciente. El problema es que también se nutre de impulsos que el Zapatero hombre de régimen no quiso o no consiguió refrenar.

Solo desde ahí puede entenderse que considerara “un regalo de cortesía” unas joyas que, según su portavoz autorizado, provendrían del mismo rey saudí que “regaló” 100 millones de dólares a Juan Carlos I tras la adjudicación del contrato del AVE Medina-La Meca. Y solo así, también, se explica que desempeñara ciertas actuaciones como lobbista que, aunque no fueran ilegales, no se esperan de un referente de la izquierda.

Esto no quiere decir que solo los Pepe Mujica estén autorizados a intervenir en política de gran escala con fines progresistas. Sin embargo, hay un punto en el que los malos entornos y una falta de autocontención en relación con los negocios acaban siendo incompatibles con una mínima austeridad republicana.

En mi artículo de hace unos años, establecía un cierto paralelismo entre Zapatero y Borges, por un lado, y Felipe González y Vargas Llosa, por otro. Mi punto era que González y Vargas Llosa eran dos personajes inteligentes que acabaron deslumbrados por el dinero, los consejos de administración de grandes empresas y los títulos de marqués. Zapatero y Borges, en cambio, compartían una sobriedad que, en el caso del leonés, estaba emparentada con el hecho de ser el nieto de un republicano fusilado.

Produce rabia escuchar críticas a Zapatero de boca de quienes defienden a los tantas veces indecentes y sin embargo impunes González, Aznar o Rajoy. Sin embargo, no está claro que el hombre de régimen que naturalizó ciertos comportamientos y relaciones haya estado a la altura de su referente literario. Pues si contra algo advirtió Borges, fue contra las trampas vulgares de la vanidad y la ostentación, sobre todo cuando el dinero se cruza de por medio.

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