Vox anticipa el 'no' a la investidura y marca el camino a Moreno: “Sí a la prioridad nacional, no al fanatismo climático”

Daniel Cela

Sevilla —
30 de junio de 2026 13:44 h

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La segunda sesión del debate de investidura de Juanma Moreno ha retratado el aislamiento del candidato del PP y presidente de la Junta en funciones en el Parlamento andaluz, aún lejos de la reelección. Sus rivales políticos -todavía Vox se encuentra entre ellos, pero menos- le han hecho ver que la distancia que le separa de la mayoría absoluta necesaria para ser investido esta tarde es, simbólicamente, mucho más larga y empedrada que los dos votos afirmativos que le faltan. “Usted se tiene que entender con Vox, aunque no quiera y aunque no le guste”, le espetó el portavoz de la ultraderecha, Manuel Gavira, en cuanto subió a la tribuna.

Moreno entró el lunes en el debate de investidura preparado para el desplante que le hizo Gavira al terminar un discurso de hora y media en el que desgranó su programa de gobierno y reivindicó su estilo de hacer política, centrándose en lo que le une al partido de Santiago Abascal, y orillando lo que le separa: se ha quedado corto, no ha mencionado la “prioridad nacional” ni ha hablado del “problema de la inmigración”, aún no hay acuerdo entre el PP y Vox y el martes votaremos que no, le vino a decir su futuro socio.

Para lo que no estaba preparado el presidente andaluz era para escuchar cómo el portavoz nacional de la ultraderecha anunciaba, desde Madrid, que dijese lo que dijese (y en ese instante aún le quedaba más de la mitad del discurso por decir), el voto de sus 15 diputados sería no. Y que volvería a ser no el jueves -cuando le basta con la abstención de cuatro parlamentarios- y que seguirá siendo no en adelante, hasta que el referente del PP más moderado se doblegue a las exigencias de Vox, como hicieron antes que él María Guardiola en Extremadura, Jorge Azcón en Aragón y Alfonso Fernández-Mañueco en Castilla y León.

Aunque se vanaglorien de “decir lo mismo en toda España”, no es lo mismo escuchar a un dirigente de Vox en Andalucía y en Madrid. En la capital de España prima el “yo” de Vox y el sometimiento del PP; en Sevilla se usa ya el “nosotros”, y se habla de “trabajar juntos” y centrados en el “enemigo” común: la izquierda en general y Pedro Sánchez en particular.

Con todo, en la segunda sesión plenaria volvió a ocurrir lo mismo que el primer día: arrancó el debate a las diez de la mañana y la primera votación de la investidura de Moreno está fijada para las seis de la tarde -necesita mayoría absoluta-, pero a las 13.30 horas subió a la tribuna Gavira -“Aquí está el elefante”, bromeó- y terminó con el debate por anticipado. “Nuestro voto va a ser que no”, sentenció, “los andaluces le han dicho, señor Moreno, que usted se tiene que entender con Vox, aunque no quiera y aunque no le guste”.

El portavoz de Vox fue tajante, pero también escenificó el acercamiento al PP, centrando sus esfuerzos en atizar al Gobierno de Pedro Sánchez, el mejor pegamento que une a las derechas. El partido de Abascal votará que no, pero ha dejado a Moreno las balizas para no perderse en el camino para llegar a un acuerdo. Y es un camino pedregoso para el referente del PP moderado: “Nuestro voto será un sí a la prioridad nacional, trabajamos en un acuerdo que nos permita priorizar a los de casa”, subrayó.

Y luego añadió otros imponderables de la ultraderecha que arañan “los principios” que Moreno se prometió, el día antes, no traicionar: “Nuestro voto será un fin al fanatismo climático, a la desregulación y al lastre de la burocracia, y a terminar con las políticas de puertas abiertas que la inmigración masiva amenaza nuestra prosperidad. Será un bastión del sentido común y frente a la mafia que representa Pedro Sánchez”, sentenció. “Cuando llegue el momento, votaremos que sí, pero no a Moreno, sino al acuerdo de gobierno”.

Gavira le recordó una y otra vez a Juanma Moreno que se estrenó como presidente andaluz, en 2019, porque Vox así lo quiso. Le recordó que ya firmaron con él un acuerdo de investidura y tres acuerdos presupuestarios, pero que entonces “no cumplió, por eso hoy necesitamos un compromiso de cumplimiento con calendario”.

En la réplica, Moreno pidió “un esfuerzo de aproximación” de ambas formaciones. “Es una realidad que Vox es distinto al PP y que el PP es distinto a Vox. Tenemos visiones diferentes”, dijo, para lamentar el rechazo de todos los grupos a su investidura, y se mostró confiado en desatascar el pacto con la ultraderecha el jueves, cuando le baste la mayoría simple para ser reelegido.

El candidato popular agradeció al partido de Abascal, insistementemente, “su esfuerzo de entendimiento y por modular algunos de sus planteamientos”. Y, por fin, empezó a hablar de inmigración. No se le oyó citar la “prioridad nacional”, pero sí metió en el mismo relato la inmigración y la inseguridad y la delincuencia.

Moreno pasó de cuestionar la política migratoria del Gobierno de Sánchez y el “reparto injusto” de menores extranjeros no acompañados entre comunidades -la razón que esgrimió Vox para salirse de sus gobiernos de coalición con el PP- a hablar, muy duramente, su “preocupación por la seguridad y las mafias ligadas al narcotráfico”.

Gavira, en su última intervención, volvió a tirarle de la oreja al presidente, pero dejó enfilado el acuerdo. “Ustedes han dicho: Vox no es nuestro socio preferente, es el único partido que se ha ofrecido. Y esto no suma, esto no ayuda. Usted y yo nos hemos dicho cosas muy feas y duras la pasada legislatura, y tenemos que guardarlas en un cajón en beneficio de los andaluces, y esa es nuestra actitud”, avisó.

Maíllo a Moreno: “La prioridad nacional es racista. Usted tiene que decidir”

En la hora y media larga que duró el discurso de investidura, el lunes, Juanma Moreno dejó dos huecos ostensibles que se convirtieron en noticia: no habló de la negociación con Vox, que arrancó hace una semana, y no mencionó la inmigración. Su primer rival en el segundo turno del debate, el líder federal de Izquierda Unida y portavoz de la coalición Por Andalucía, Antonio Maíllo, se lo reprochó nada más subir a la tribuna: “Tiene tanto valor político lo que no ha dicho como lo que ha dicho”, dijo.

“La prioridad nacional es una idea supremacista, clasista, racista y, sobre todo, xenófoba. En definitiva, es una idea fascista. Y usted tiene que decidir”, le espetó al candidato a la reelección. Y sentenció: “Necesita ser investido presidente con los votos de Vox, pero no es más que una pieza de peón en el tablero, como los presidentes de Extremadura, Aragón y Castilla y León. Quiere ser diferente, pero le han dicho que cumpla con la hoja de ruta”.

Maíllo regresó a la tribunal tras abandonar su escaño, en 2022, para regresar a la docencia. En su primer discurso atizó al presidente y le auguró que “se le había acabado el papel de moderado, porque tendrá que asumir la agenda de Santiago Abascal y del señor Feijóo”. El dirigente izquierdista enumeró las guerras culturales de la ultraderecha, desde el negacionismo climático y contra la violencia de género, hasta el discurso antiinmigrante, y expuso al barón del PP frente a sus “contradicciones”.

En un momento, incluso, llegó a preguntarle directamente: “¿Me considera un enfermo mental? Pues usted está negociando con un partido que considera a los gays enfermos mentales”, le ha espetado, mientras el dirigente popular negaba con la cabeza, visiblemente molesto.

En la réplica, Moreno puso las cartas sobre la mesa: de la inmigración dijo que es una competencia estatal, y que la postura de su partido “no ha cambiado”. “Queremos una inmigración ordenada, regulada e integrada en nuestra sociedad” y que venga a trabajar “en sectores que necesiten mano de obra”. Pero ya empezó a introducir matices para converger con la postura ultra de Vox, cuestionando que la mayoría de menores extranjeros no acompañados que llegan a España sean realmente menores.

“La falta de políticas migratorias de [Pedro] Sánchez trata a los inmigrantes como mercancías. Y trasladan a supuestos menores que no son menores. Demuestra falta de sensibilidad y mucha arrogancia de un Gobierno supuestamente de izquierdas que utiliza la inmigración como un instrumento político”, señaló.

Pero Moreno se demoró más para hablar del “elefante en la habitación”: “Sí, estamos negociando con el grupo Vox. Es más, nos gustaría llegar a un acuerdo cuanto antes, aquí no hay ni trampa ni cartón”, dijo, para subrayar que le urgen formar Gobierno y empezar a diseñar los Presupuestos Andaluces del año que viene en tiempo y forma. El candidato popular ha bautizado a las tres formaciones de izquierdas como “el bloque del bloqueo”, y les ha afeado que “no quieran negociar con el que ganó las elecciones, pero tampoco quieren que negociemos con el único grupo con el queu podemos negociar: ni comen ni dejan comer”.

El presidente andaluz en funciones blandió el fantasma de la repetición electoral, que tocarían el 25 de octubre, y aplazarían la formación del nuevo Gobierno a las próximas Navidades. “¿Los andaluces quieren medio año de vacío?”, le preguntó a Maíllo.

García a Moreno: “¿Vamos a tener un vicepresidente no irá al 28F”

En el turno de Adelante Andalucía, su portavoz José Ignacio García se ha esmerado en “desmontar al personaje Juanma”. “Para usted Vox es un enorme favor, porque le hace parecer el personaje moderado que no es”, le ha dicho, tras recordarle que “nunca” ha tenido problemas para. ponerse de acuerdo con Vox.

“Se sube aquí a decirnos que va a tener que hacer cosas malas, y que si va a tener que pactar con la extrema derecha, es nuestra culpa”, le ha afeado. “No le hizo falta Vox para dejar tiradas a más de 2.000 mujeres con cáncer de mama, para aprobar cuatro universidades privadas, para que nuestros jóvenes tengan que pagar cursos de FP privados por 5.000 euros, para que las ciudades fueran invivibles por la gentrificación y el precio de la vivienda. Lo hizo usted solito”, ha insistido.

El dirigente andalucista se ha referido también a la prioridad nacional como un trampantojo que “impide hablar de los problemas de sanidad, educación y vivienda”. “Si usted es tan humanista como el Papa, suba aquí y diga que la prioridad nacional es un invento racista”, ha subrayado.

El líder de Adelante Andalucía, que ha pasado de tener dos diputados a contar con ocho, se ha preguntado, retóricamente, si “vamos a tener a un vicepresidente de la Junta que niegue la violencia machista; que no vaya al 28F; que diga ‘Andalucía es una patria islamista de un tal Blas Infante’...”. “¿Qué va a pasar el 4 de diciembre? Tendremos un vicepresidente que diga que la bandera de Andalucía es un trapo; que diga que los niños y niñas trans son enfermos... ¡Y que niegue el cambio climático! ¿Cómo va a ir al Comité de las Regiones Europeas, que usted es tan importante allí, que se van a cachondear de usted…”, le ha espetado.

Moreno ya respondió a Maíllo cuando le reprochó que asumiera el negacionismo de Vox ante el cambio climático y el pacto verde europeo. “Yo, Juanma Moreno Bonilla, creo que hay cambio climático, es más, considero que el responsable es la actividad humana”, había dicho.

El barón del PP ha cambiado el registro que solía usar con el portavoz de Adelante Andalucía, que la pasada legislatura tenía dos diputados y ésta cuenta con ocho. En el PP creen que el crecimiento sorpresivo del partido andalucista, que concentra gran parte del aumento de participación en las elecciones, les arrebató la mayoría absoluta.

Pero Moreno hoy lo ha negado de plano: “Usted no me quita votos a mí en ningún espectro social”, ha dicho, para atribuir su éxito electoral a la “erosión” de otras formaciones de izquierdas, sobre todo del PSOE, “que está en vías de desaparición”.

El dirigente popular ha sido más duro esta vez con García, al que le ha situado en el ángulo de la “izquierda radical”. “¿Usted es independentista o no? ¿Usted quiere la independencia de Andalucía?”, le ha interpelado, para luego acusarle de haber “sabido disimular una izquierda radical, anticapitalista y ultranacionalista con la sonrisa cuando a mí me ha acusado de opacar la realidad”.

“El andalucismo que usted representa es chiquito, no por el número de votos, si no porque su andalucismo es la blanquiverde con una estrella roja”, ha señalado. Y en la dúplica, también le ha atizado por no presentarse, a las claras, como una fuerza anticapitalista. “Ustedes se llamaban Anticapis, ¿no? Anticapitalistas es una propuesta política del siglo XIX, ya no son tan modernos”, señaló.