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Teruel vuelve a rebelarse por el tren: 20 años de promesas y una conexión Zaragoza-Valencia que sigue sin llegar

Candela Canales

2 de julio de 2026 22:32 h

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Más de 20 años después de que se anunciara el Corredor Cantábrico-Mediterráneo como una infraestructura estratégica para conectar el norte y el este peninsular, Teruel vuelve a levantar la voz para reclamar que el proyecto deje de ser una promesa sobre el papel. La manifestación celebrada este martes en la capital turolense ha reabierto un conflicto enquistado durante décadas, en el que plataformas ciudadanas, asociaciones vecinales y Teruel Existe denuncian que la provincia continúa sufriendo un agravio ferroviario mientras las administraciones incumplen los compromisos adquiridos.

La principal reivindicación no es únicamente la reapertura de la línea Zaragoza-Teruel-Valencia, cerrada desde hace más de diecisiete meses por las obras de modernización, sino la construcción del verdadero Corredor Cantábrico-Mediterráneo, una infraestructura de doble vía electrificada y altas prestaciones para viajeros y mercancías que consideran imprescindible para garantizar el futuro económico de la provincia.

La movilización a la que acudieron unas 3.000 personas —en torno al 8% de la población de la ciudad— estaba convocada por la Plataforma en Defensa del Ferrocarril de Teruel, la Federación de Asociaciones Vecinales y Culturales y el Movimiento Ciudadano Teruel Existe. Los organizadores elevaron la asistencia hasta las 5.000 personas, mientras la Federación de Asociaciones la situó en torno a 3.000, una cifra que representa aproximadamente el 10% de la población de la capital turolense.

El presidente de la Federación de Asociaciones Vecinales y Culturales de Teruel, Pepe Polo, sostiene que el hartazgo de la ciudadanía responde a una larga cadena de incumplimientos institucionales. “Estamos hasta las pelotas de todos los incumplimientos y de todas las promesas que se nos han ido haciendo durante estos últimos veinte años”, resume.

Polo recuerda que el corredor fue anunciado en 2004 y que pocos años después se llegó incluso a presentar públicamente un proyecto que contemplaba un trayecto entre Zaragoza y Teruel de apenas 55 minutos, enlazado con la alta velocidad. Sin embargo, denuncia que los estudios informativos llegaron a caducar hasta en dos ocasiones pese a haber sido aprobados tanto por el Gobierno de Aragón como por la Generalitat Valenciana.

Según explica, la provincia también sufrió un importante revés cuando el corredor dejó de figurar entre las prioridades europeas para recibir financiación, una decisión que logró revertirse gracias a las movilizaciones ciudadanas impulsadas en 2017. Sin embargo, considera que los avances posteriores no se han traducido en obras reales. “Lo que están haciendo no es el corredor”, insiste. A su juicio, la electrificación que actualmente ejecuta ADIF forma parte de antiguos planes de electrificación ferroviaria previstos desde los años setenta y ochenta y no supone la construcción de una infraestructura moderna capaz de reducir tiempos de viaje ni aumentar la competitividad del transporte de mercancías.

Una de las principales críticas se centra precisamente en esa diferencia entre electrificar una línea y construir un nuevo corredor ferroviario. Polo sostiene que las actuaciones previstas mantienen intacto el trazado actual, con curvas y desniveles que limitan la velocidad de circulación. “Una curva permite una velocidad determinada y el tren seguirá pasando a esa velocidad, sea eléctrico o diésel”, explica. Por ello considera imposible cumplir los tiempos de viaje que durante años se prometieron para conectar Zaragoza y Teruel.

También denuncia contradicciones en la planificación de las obras. Según afirma, entre Zaragoza y Cariñena ya se han instalado postes de electrificación en un tramo por el que, según la planificación del futuro corredor, debería discurrir una segunda vía. “Habrá que volver a mover toda esa electrificación cuando llegue el corredor. Es un insulto a la inteligencia”, critica.

El temor a perder el tráfico ferroviario

Más allá de las obras actuales, la preocupación de las plataformas se centra en el futuro del tráfico de mercancías. Polo sostiene que existe una pugna entre distintos intereses logísticos para que el corredor ferroviario termine discurriendo por Lleida y Tarragona, dejando fuera a Teruel y Sagunto. A su juicio, el prolongado cierre de la línea Zaragoza-Teruel-Valencia favorece precisamente ese desplazamiento progresivo del tráfico ferroviario hacia otros itinerarios: “Si durante meses o años las mercancías circulan por otro corredor, luego será muy difícil recuperarlas”, advierte.

La plataforma también teme que esa situación termine frustrando proyectos logísticos previstos para la provincia. Polo recuerda que en 2018 el Puerto de Valencia planteó trasladar actividad logística vinculada al movimiento de contenedores a La Puebla de Valverde, una iniciativa que podía generar más de un centenar de empleos. Ahora, asegura, existe el riesgo de que esas inversiones acaben instalándose en Zaragoza.

El portavoz del Movimiento Ciudadano Teruel Existe, Manolo Gimeno, defendió en la movilización también que la protesta no reclama nuevas infraestructuras, sino el cumplimiento de acuerdos ya aprobados por las administraciones. “Lo que exigimos es lo que se ha publicado en el BOE. No pedimos nada más que lo que se nos ha dicho. Lo que está sucediendo con el ferrocarril es un engaño insoportable”, afirmó durante la concentración.

Gimeno recordó además que el corredor permitiría unir mediante una línea directa Zaragoza y Valencia, tercera y cuarta ciudad de España, evitando recorridos mucho más largos como los actuales, que en algunos casos obligan a pasar por Madrid. Por su parte, el portavoz de Teruel Existe en las Cortes de Aragón, Tomás Guitarte, reclamó acelerar las obras y poner todos los recursos necesarios para que la línea vuelva a abrir cuanto antes. Considera que mantener cerrada una infraestructura ferroviaria durante más de dos años supone un grave perjuicio porque tanto los viajeros como las empresas terminan buscando rutas alternativas. “No lo podemos consentir”, afirmó.

Acusan a las administraciones de décadas de incumplimientos

Al final de la marcha, se leyó un manifiesto para denunciar el “abandono institucional” que viven con este asunto. Las entidades convocantes denunciaron la falta de transparencia de ADIF y del Ministerio de Transportes respecto a la planificación de las obras, criticaron los sucesivos retrasos en la reapertura de la línea Zaragoza-Teruel-Valencia y recordaron que el Corredor Cantábrico-Mediterráneo anunciado en 2004 continúa sin superar la fase de estudios mientras otros tramos del mismo eje ferroviario sí avanzan con inversiones millonarias.

Por ello exigieron la finalización inmediata de las obras actuales, la licitación sin más demoras de la electrificación entre Teruel y Sagunto, la puesta en funcionamiento de las infraestructuras logísticas ya construidas en la provincia y el inicio definitivo del Corredor Cantábrico-Mediterráneo con las mismas características técnicas previstas para el tramo Bilbao-Pamplona-Zaragoza.

Para los convocantes, el conflicto ferroviario trasciende el transporte. Lo consideran una cuestión de igualdad territorial y de oportunidades para una provincia que lleva más de dos décadas esperando una infraestructura que, aseguran, nunca dejó de figurar en los discursos políticos, pero que sigue sin convertirse en realidad.