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La furia nihilista

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Los saqueos de Barcelona del pasado sábado se han convocado vía TikTok y grupos de WhatsApp y Telegram con una eficiencia inquietante. Durante toda la semana pasada, expertos en rondar por la oscuridad de internet ya avisaban de lo que se estaba cociendo. Incluso se dieron datos concretos sobre en qué institutos se estaba reclutando a los chavales. Pese a las alertas, acabó sucediendo: cientos de adolescentes salieron a destruir y saquear.

Los menores salieron a reventar todo con una difusa coartada de “la educación”, como una parodia de los argumentos de los estudiantes franceses, cuando los problemas que tiene la educación aquí no son exactamente los de Francia. Era una mera justificación para salir a quemarlo todo y a robar objetos de consumo. Pero esta coartada la tomaron de los convocantes de los disturbios, de identidad desconocida, de huellas imposibles de seguir por la opacidad con la que operan las plataformas. Todo apunta a una operación de guerra híbrida desde el exterior. Exactamente igual que sucedió en Marruecos los días previos a la entrada masiva de inmigrantes en Ceuta. Todos tenemos en mente a un par de potencias —y sobre todo a una en concreto— que se la tienen jurada a España.

Lo que está claro es que pretenden confundir las movilizaciones democráticas de la izquierda con disturbios y crear un clima violento que enturbie las elecciones generales. Instalar la imagen de “los rojos y los moros” incendiando Europa. Déjà vu a red Gladio. En Zaragoza la semana pasada, durante el paso del agitador Vito Quiles, sus escoltas ultras y la policía provocaron una violencia desaforada contra los manifestantes, cinco detenidos, cabezas abiertas y la policía acudiendo al hospital a sancionar a los que habían ido a curarse. No estaba relacionado con las convocatorias siniestras, pero el objetivo era el mismo. En Bilbao sí se han confundido las convocatorias fantasma con las antifascistas y el resultado ha sido un reguero de coches ardiendo. La red oscura que promociona los disturbios nihilistas usaba a Quiles como reclamo. La sincronización de quién sea con la ultraderecha española es pasmosa. Es probable que la autoría real de la operación —que todavía no ha terminado, por lo que se dice— se nos escamotee por cuestiones de diplomacia o seguridad nacional, o Realpolitik. El CNI y el Gobierno sabrán más que nosotros. O eso espero.

Sin embargo lo más aterrador es lo fácil que es manipular a la gente. Unas cuentas de TikTok y unos carteles cutres hechos por IA han logrado reclutar a cientos de adolescentes, de tomar su rabia y lanzarlos a destruir todo. Ni siquiera hace falta saber contra quién: “el gobierno, los profesores”, no se sabe. No hacen falta valores elevados, puedes robar móviles y ordenadores. Ni siquiera hace falta una razón real, ni siquiera son angustias socialesexistentes, pues esos menores aún ni han trabajado ni han tenido que buscar vivienda. No saben lo que vale un peine. Su rabia es la propia de la adolescencia mezclada con un nihilismo anti-todo que ha sido sembrado durante estos años por las redes sociales, pongamos desde 2020.

2020. En el confinamiento, la ultraderecha digital se atrajo a muchísimos jóvenes que odiaban al Gobierno que los tenía en arresto domiciliario. Para ellos el Gobierno no les estaba protegiendo a ellos y a sus familias (sobre todo a sus abuelos), no: les estaba encerrando. Ahí nació el Pedro Sánchez, hijo de puta. Desde entonces, los ultras han operado en el fértil terreno de la ignorancia y el individualismo. Han sembrado la discordia y el odio a la sociedad. Los impuestos son un robo, los viejos me roban con sus pensiones, hay que invertir en cryptos, hay que odiar a las mujeres porque no follan conmigo y un largo etcétera de odios que han ido dirigiendo contra la sociedad misma. El único amor que les han inculcado es hacia el dinero. La lobotomización a base de crecer mirando reels de cinco segundos ha hecho el resto.

Una de las cosas que provocan más estupor al oír a esos chavales es la queja de que el salario mínimo es una mierda, que quién puede vivir con 1.500 euros. Me pregunto qué se creen que cobramos los demás. Para qué recordar que antes del gobierno de PSOE/UP, el salario mínimo era 735,90 euros. Aún no saben lo que vale un peine y les han hecho creer que serán todos ricos haciendo inversiones. Si no me creen, cualquier profesor de secundaria que conozcan podrá confirmarles todo lo que estoy diciendo.

Desprogramar a los chavales y a buena parte de los adultos no es fácil. Lamentablemente la cultura democrática nunca se ha llegado a consolidar. Muy pronto fuimos educados en la antipolítica. Los medios tradicionales también se comportaron con nosotros como trileros para que no pensáramos en los verdaderos causantes de los males. ¿Dónde está la bolita? Vamos, hagan juego. No pienses en los millonarios y poderosos que no pagan los impuestos que necesita el Estado del bienestar, no, tú piensa en los políticos. Qué malos son los políticos, si es que todos son iguales. No hablemos de los empresarios y constructores y sus pelotazos que se llevan millones de dinero público. Hablemos solo de lo que arramblan “los políticos”, de sus coches oficiales. Los medios digitales no han hecho sino profundizar en ello.

Si la política es vicio, depravación y el objeto de las iras de la población, entonces todo lo público, las instituciones y todo lo que está concebido desde hace años para proteger a la gente, es, por tanto, el enemigo. Por tanto, el parlamento. Por tanto, la democracia. Hay que entender que por eso Vox se mueve ahí como pez en el agua. Por eso hay tanto niño —y tanto adulto disfuncional— que es fan de Abascal o de Alvise. No prometen solucionar los problemas, solo prometen que otros sufrirán. “¡Eso, que se jodan!”. Han secado la pradera a base de nihilismo y cualquiera que llegue con una cerilla puede incendiar el país, sea un actor nacional o extranjero.

Hay quien piensa que esto se acabará cuando vean que un gobierno de ultraderecha los perjudica con sus políticas. No lo creo. Siempre podrán seguir dirigiendo los odios hacia otra parte. Además, para cuando estos chavales dejen el paraguas familiar y tengan la edad de darse cuenta de lo que les han robado, el destrozo del Estado como lo conocemos será irreparable.